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Bebés robados: el terrorismo de estado como negocio

Las asociaciones de familiares presentan una nueva campaña para evitar que los 300.000 niños robados en España caigan en el olvido

Estás embarazada y vas a parir.

Despiertas y tu bebé no es tu bebé, te dicen, porque ha nacido muerto y ya no es un bebé. Pero no te dejan verlo.

Entonces sabes que eso le ha pasado a más madres, a más hermanos y a más hermanas. Pasa el tiempo y descubres que tu bebé no está muerto. Que tu bebé sí es tu bebé. Solo falta encontrarlo.

Eso es lo que le ocurrió a la madre de Ángel Casero. También a la de Soledad Luque. Ambos presiden respectivamente las asociaciones Adelante Bebés Robados y Todos Los Niños Robados Son También Mis Niños, que presentan ahora la campaña Bebés Robados: Justicia y Verdad.

Su objetivo es denunciar la complicidad de las autoridades españolas, a las que las asociaciones acusan de pasividad, y continuar sensibilizando a la opinión pública con testimonios de personas afectadas.

Los hermanos invisibles

" Es como si mi madre no hubiera dado a luz. Tampoco existe constancia de ningún bebé muerto", dice Casero. Junto a otras familias en toda España, reivindica que se conozca la verdad sobre los aproximadamente 300.000 niños, según estimaciones, que fueron separados de sus madres al nacer entre las décadas de los 40 y 90.

Soledad Luque busca a su hermano mellizo Francisco.

Su caso sirve para ilustrar este delito. Cuando Soledad y Francisco nacieron, el médico le dijo a los padres que el niño había nacido bajo de peso. Tenía que quedarse unos días en la incubadora. Veinticinco días más tarde, y tras solo poder verlo tras los cristales, les dijeron que el bebé había fallecido, aunque solo dos días les habían dicho que el niño estaba bien y podían llevarlo a casa.

Mis padres nunca vieron el cuerpo ni pudieron enterrar nada

"A mi padre no le dejaron ver el cadáver ese día", dice Luque. "Al día siguiente pide verlo y le dicen que han incinerado el cadáver. Pide ver las cenizas y se lo niegan. Mis padres nunca vieron el cuerpo ni pudieron enterrar nada”.

Al cabo de los años, a la extrañeza inicial se suman las primeras denuncias en prensa. Y tras eso, la búsqueda de documentación. "Vimos contradicciones, como un documento de enterramiento cuando en teoría no se había enterrado nada, o diferentes fechas de muerte. Pusimos una denuncia y fue archivada por ausencia de indicio de delito", cuenta Luque.

El gen rojo

Pero, ¿qué estaba pasando? ¿Quién y por qué robaba bebés?

Para entenderlo tenemos que remangarnos y meter la mano en el pozo de la historia. Tenemos que hablar del primer catedrático de Psiquiatría de la universidad española, Antonio Vallejo-Nájera.

¿Quién y por qué robaba bebés?

El jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares de la dictadura franquista, estudió en la Alemania nazi y tenía una teoría que ha causado casi tanto sonrojo como dolor: el gen rojo.

Según Vallejo-Nájera, el marxismo era una enfermedad que se transmitía de manera genética. Solo arrebatando sus hijos a estas personas y educándoles en los principios del nacionalcatolicismo podía protegerse a la sociedad de esta amenaza con cuerpo de bebé.

A las presas republicanas se les robó a sus hijos. Con los años, lo que empezó como represión política e ideológica se convertiría en un negocio que implicaba a médicos, religiosas y altas instituciones del estado.

Un bebé vale 200.000 pesetas

"Las familias adoptivas pagaban 200.000 pesetas por un bebé", cuenta Casero, que remarca el papel principal que las personas afines al Opus Dei jugaban en el caso.

Quienes sufrían el robo eran familias socialmente vulnerables, numerosas y madres solteras.

Huesos de adulto

Gozando de la más completa impunidad, la trama no se esforzaba demasiado en disimular. En ocasiones enseñaban el cadáver de un bebé más grande de lo normal. Nunca a la madre, eso sí, con la excusa de que podría crearle secuelas. Algunas familias denunciaron, incluso, que les había sido enseñado el mismo bebé muerto.

“En algunas exhumaciones se han encontrado huesos de adulto, restos que no pertenecen genéticamente a los padres o directamente fosas vacías", cuenta Luque. “A ti te decían que tu hijo se había muerto y lo último que pensabas es que un médico o una monja te iban a engañar”, dice Casero, que recuerda que hay casos incluso hasta 1996.

Te dicen que tu bebé está muerto y lo último que piensas es que un médico te va a engañar

Luque recuerda amargamente cómo casi de las 2.000 denuncias interpuestas ya hay archivadas 1.400, con argumentos como la ausencia de pruebas. "En algunos casos incluso piden a la madre que denunciar tiene que llevar una prueba de ADN del niño, ¡cuando precisamente es a quien estás buscando!".

La genética revolucionaria de las Abuelas

Con los familiares sumidos en la desesperanza, apareció Argentina. Primero, con la querella de 2010 contra los crímenes del franquismo. A ella se unieron personas que buscaban a algunos de los bebés españoles. Uno de los ginecólogos ya ha sido imputado.

Después, trazando los terribles paralelismos entre los niños robados por el franquismo y los 500 bebés secuestrados por la dictadura argentina. Las Abuelas de Plaza de Mayo han conseguido recuperar a 116 de ellos.

Las Abuelas se preguntaron si su sangre servía para demostrar que eran sus nietos

“Las Abuelas se encontraban con que no podían demostrar nada cuando creían recuperar un niño. Entonces preguntaron a diversos genetistas si la sangre de ellas mismas podía servir para demostrar que eran sus nietos”, cuenta Martha Bello, de la Red Argentino-Europea por el Derecho a la Identidad.

Ahora esta asociación, con el apoyo de Abuelas de Plaza de Mayo, respalda la campaña de los bebés robados en España.

Si están muertos, ¿dónde están?

La única luz de justicia, de momento, ha venido desde fuera. Los familiares de bebés españoles denuncian la larga sombra de la dictadura y la inacción de los gobiernos democráticos.

“Los gobiernos quieren dar una imagen de que no ha habido niños robados. Dicen que como llevan tiempo muertos, no se pueden hacer las pruebas pertinentes  ”, puntualiza Casero.

Añade que algunos individuos franquistas se acercan a los actos de su asociación a gritar ‘¡vuestros hijos están muertos!’. "Pues si mi hermano está muerto, que me digan dónde está”, responde él.

Con vida se los llevaron y con vida los queremos

Para Luque, "es una cuestión de estado. No son delitos aislados, hay una continuidad en el tiempo y el espacio y eso es terrorismo de estado”.

La duda como esperanza

Hoy, el objetivo de su lucha puede resumirse en dos palabras: humanidad y duda.

Los familiares persiguen que este delito sea considerado como de lesa humanidad. Si se tipificara así, no podría alegarse que los casos han prescrito y tendrían que ser investigados.

Su otro arma es sembrar la duda. En palabras de Luque, "no se puede decir que cualquier niño adoptado es robado, eso es una aberración, pero cualquier adoptado tiene derecho a saber su origen biológico. A los padres receptores les pedimos que ayuden a sus hijos y le digan la verdad".

Después de saber la verdad, serían los propios hijos quienes deciden si quieren reencontrarse con las familias de origen.

Ese es su derecho.

Esta duda mata mentiras

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