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Barcelona pone cerco a las asociaciones cannábicas

El Ayuntamiento de la ciudad reacciona con nuevas medidas de control ante la proliferación de espacios donde se permite la compra y consumo de marihuana “medicinal”

El Ayuntamiento de Barcelona quiere poner coto a la proliferación de los llamados “Clubes de Fumadores de Marihuana” o asociaciones cannábicas, espacios donde se permite la compra y consumo de marihuana, en principio con fines terapéuticos. De los 40 clubes de este tipo que había en toda Cataluña hace apenas dos años, se ha pasado a más de 200 sólo contando los que se concentran en el núcleo urbano de Barcelona. Un crecimiento tal vez excesivo.

El gobierno local interpreta que el "modelo californiano" que habían adoptado, según el cual únicamente se debe consumir cannabis con fines terapéuticos en estos espacios, ha sido abusado. Al fin y al cabo, no hay tantos casos de enfermedades donde el consumo de marihuana esté permitida como atenuante del dolor, ya sea eventual o crónico. O si las hay, no puede ser que hayan crecido tan exageradamente los casos a tratar en un periodo bianual como para que haya surgido tal oferta de espacios para fumar.

Así pues, las autoridades han decidido apretar un poco la normativa y ejercer un control más exhaustivo de estas asociaciones, prometiendo precintar aquellas que no cumplan la premisa de limitar el ingreso a únicamente “los enfermos que la necesitan (la hierba)”. A los locales que puedan acreditar su utilidad como clubes de cannabis “de consumo terapéutico” se les va a exigir que cumplan un determinado aforo, que limiten sus horarios y, por supuesto, que cuenten con una salida de humos para evitar convertir el espacio en... un yellow submarine.

Los propietarios de dichos espacios contemplan las medidas con resignación y cautela. Hemos salido a la calle para hablar con uno de los afectados, y esto es lo que nos cuenta. “Estoy de acuerdo que apliquen medidas horarias, de aforo y de saneamiento del ambiente, pero no con el que cierren espacios. Sería mucho más sensato seguir el modelo de Amsterdam y legalizar la marihuana de una vez por todas en vez de ejercer control sobre los clubes, porque entonces los consumidores volverán a salir a la calle y las mafias que controlan el tráfico de marihuana saldrán ganando”. Nuestro interlocutor añade: “Un club es un espacio más cómodo, que se puede regularizar, y además es un centro social donde se facilita un punto de reunión y se realizan actividades no sólo lúdicas, sino también informativas y culturales”.

Cuando parecía que el proceso hacia la normalización del consumo de cannabis iba viento en popa, con la legalización de su cultivo y venta en los estados norteamericanos de Washington y Colorado, movimientos en ese mismo sentido en países como Uruguay o iniciativas como la recientemente propuesta en un distrito de Berlín, el Ayuntamiento de Barcelona dice... ¡basta! Es nuestro pequeño mundo al revés.

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