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Este es el trabajo en el que te pagan por tener sexo

Las autoridades australianas han creado un nuevo empleo: los perseguidores de prostíbulos. Estos hombres se dedican a desenmascar los burdeles clandestinos que esconden muchos salones de masajes del país. Para poder construir una causa contra ellos, antes tienen que probarlos

Josh, nombre ficticio, tiene 60 años, es divorciado y le pagan por practicar sexo con prostitutas.

Has leído bien. Él es uno de los 'perseguidores de burdeles', investigadores privados que ha contratado el gobierno australiano para desenmascarar a los prostíbulos clandestinos que no paran de brotar en el país. “Estoy seguro de que muchas personas sentirían envidia de mi manera de ganar algo de dinero”, explicaba Josh al sitio de noticias news.com.au.

¿Por qué son necesarios estos investigadores del sexo de pago?

La policía australiana tiene muy limtado el acceso a los locales sin una orden judicial, por lo que es muy difícil desmantelar los burdeles clandestinos de una zona conocida como New South Wales.

El número de burdeles sin licencia que operan en NSW se ha disparado desde la despenalización de la industria del sexo en la década de 1990, convirtiéndose en un serio dolor de cabeza para los ayuntamientos y el gobierno local.  

La mayoría de estos locales se presentan como centros de masaje terapéutico, lo que hace que la obtención de pruebas del trabajo sexual sea muy complicada. La única opción posible es infiltrarse desde dentro.

Y ahí es donde reside el valor del trabajo de Josh y de otros “destructores de burdeles”.

Josh acude a los locales. Se comporta como un cliente más. Como tal, solicita favores sexuales de las mujeres que participan. Luego debe redactar informes de unas tres páginas de extensión en los que proporciona a las autoridades detalles muy gráficos sobre los servicios que ofrecen los locales.

En estos informes se incluyen fechas, horas, personas, lugares... y se responde a las preguntas quién, qué, cuándo, dónde y en qué cantidad. “Es un documento que se utilizará en los juicios contra estos locales, por lo que tiene que ser muy detallado y muy preciso. No es algo que se pueda resolver en un par de minutos”, explicaba Josh.

Tras múltiples experiencias, Josh ha llegado a una conclusión: la mayoría de salones de masajes esconden burdeles encubiertos.

“Durante mi experiencia como perseguidor de burdeles solo ha habido tres locales en los que he entrado y no me han ofrecido servicios sexuales en algún momento del tratamiento”.

Josh y el resto de destructores de burdeles pertenecen a la empresa de investigación privada Lyonswood. El director gerente de la empresa, Lachlan Jarvis, explica cómo es el perfil de estos investigadores sexuales. “Preferimos gente soltera y, obviamente, dispuesta a llegar a tener sexo con prostitutas”, declaraba a news.com.au. Lyonswood cree que este trabajo es una manera más de luchar contra el tráfico sexual.

"Estos lugares están operando de manera ilegal y mueven bastante dinero. Eso era lo que más me preocupaba cuando fui a declarar al juzgado por primera vez, ya que quizás el crimen organizado tenía algo que ver. Nadie lo sabe”, explicaba Josh.

Sin embargo, Josh se muestra contento con su trabajo y considera que es muy afortunado por tener un horario bastante flexible. “ No es el típico trabajo de nueve a cinco y de lunes a viernes. No hay limitaciones de horario y nunca me he sentido amenazado o preocupado por mi seguridad, asgura,

Parece que alguien ha encontrado el trabajo ¿perfecto?

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