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Mueren en masa 7.400 hectáreas de árboles en Australia

Las prolongadas sequías y las altas temperaturas acentuadas por El Niño acabaron en apenas meses unos con los valiosos manglares

Murieron de sed. A gran parte de los bosques de manglares únicos y excepcionales que bordean la costa norte de Australia los ha ahogado el calor. Se trata de un evento impactante y sin precedentes en el que se ha confirmado que cerca de 7.400 hectáreas de manglares se perdieron en apenas meses a principios de 2016.

Estos bosques que se extienden a lo largo de más de 1.000 kilómetros del Golfo de Carpentaria se adaptan de manera excepcional a los ecosistemas costeros extremos e inconstantes. Pero no aguantaron eventos drásticos que alertan una vez más de que el cambio climático es real y devastador.

Como se encuentran en lugares lejanos de los núcleos poblados, se ha tardado entre cuatro o cinco meses en detectarse que los árboles que forman los manglares estaban secos y esqueléticos. Operadores turísticos y ciudadanos que iban llegando se encontraban estos bosques sin vida y lo fueron reportando a las autoridades. Aunque desde entonces se conocía el problema, no ha sido hasta ahora cuando se ha podido determinar la dimensión y la gravedad de la destrucción gracias a las imágenes aéreas tomadas.

Una investigación de la Universidad James Cook tomó fotografías desde helicópteros y comparó las imágenes satélites de la inmensa área desde 1972. Lo que se encontraron fue insólito. El deterioro de los manglares no se había producido en décadas, como en el pasado, sino que el murieron en masa y simultáneamente en meses.

Detrás de la destrucción, está una sequía prolongada y altas temperaturas acentuadas por el fenómeno El Niño que hicieron descender 20 centímetros el nivel del agua del mar.

"Esencialmente, murieron de sed. La caída del nivel del mar causó una pérdida altamente significativa de las aguas de las mareas", expresó Norman Cook, principal autor del estudio.

Los manglares poseen un valor ecológico incalculable ya que se encargan de proteger las praderas marinas y los corales filtrando el agua. Son uno de los alimentos de los peces, tortugas y otros animales marinos, que ahora pueden perecer de hambre. También constituyen un foco que absorbe el carbono de la atmósfera. Su declive nos pone en peligro a todos y ya han avisado que gran parte no se podrá recuperar.

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