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El país donde el SIDA ha dejado de ser un problema

El número de casos diagnosticados es tan reducido que el síndrome ha dejado de considerarse una fatalidad

El 5 de junio de 1981 se describieron los primeros casos de sida en Los Ángeles. La década de los 80 y 90 fue especialmente dura para aquellos que se contagiaban porque el diagnóstico parecía traducirse en una sentencia de muerte segura y, además, las personas seropositivas convivían con los prejuicios de una sociedad que los estigmatizaba. El combate, durante todos estos años, ha servido para cambiar la situación, especialmente en los países desarrollados, donde los tratamientos han frenado el avance del virus. Y a pesar de que todavía queda mucho por hacer, la lucha deja mensajes de esperanza y ejemplos de que la enfermedad puede ser vencida. Hoy Australia celebra que se ha derrotado la epidemia del sida en el país.

El número de casos diagnosticados en Australia es tan reducido que el síndrome ha dejado de considerarse una fatalidad. "En estos días nosotros ni siquiera lo monitorizamos, es algo transitorio para la mayoría de las personas. Las personas que tienen sida se ponen en tratamiento y, después, ya no tienen sida nunca más", declara Andrew Grulich, jefe del programa de prevención en el Instituto de Kirby.

A principios de los años 90, alrededor de 1.000 australianos morían cada año a causa del SIDA. Hoy el número de casos diagnosticados es tan reducido que el síndrome ha dejado de considerarse una fatalidad

Para el profesor Grulich, los resultados tan efectivos no tienen nada que ver con ninguna clase de milagro, sino que pasan por hacer del sida un asunto de la sanidad pública e invertir los fondos que sean necesarios. Esta es para él la clave del éxito.

A principios de los años 90, alrededor de 1.000 australianos morían cada año a causa del SIDA. El número de casos comenzaron a caer con la llegada del primer fármaco antirretroviral que paraba el avance del virus antes de que llegara a generar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, cuando el sistema inmune ya está realmente dañado.

"Siempre pensé que iba a ser mi sentencia de muerte", dice Lloyd Grosse, una persona de 51 años a la que le dieron 3 años de vida y ya lleva 30 años con el VIH desde que fue diagnosticado. "Las salas estaban llenas de personas muriendo y había problemas incluso con las personas que se encargaban de entregarles la comida. Empujaban las bandejas con palos de escoba hacia las habitaciones para no entrar dentro", afirma.

Las salas estaban llenas de personas muriendo y había problemas incluso con las entregas de comida. Se empujaban las bandejas con palos de escoba hacia las habitaciones para no entrar dentro

Grosse recuerda que eran años en los que costaba mantener el trabajo y las amistades a flote, por eso decidió involucrarse y trabajar en una organización contra el sida. " Se me dio una lista de 300 personas que habían quedado desamparadas y socialmente aisladas", remarca.

A pesar de que el sida está siendo vencido, su fin no significa el fin del VIH. "Uno de los problemas que seguimos teniendo en Australia es que las personas no se hacen los test y acuden a consulta cuando ya se encuentran en la fase avanzada, con el sistema inmune seriamente dañado", dice la doctora Lewin, que también señala su preocupación pr el hecho de que la mayoría de los nuevos casos afectan a jóvenes, a generaciones que no vivieron los horrores del sida durante los años 80 y 90.

Es esencial concienciar a la gente sobre la necesidad de usar preservativos cuando tienen relaciones sexuales, insiste la doctora. El virus existe. Lo que marca la diferencia es la detección y diagnóstico temprano. La vida depende de ello.

[Vía ABC News]

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