PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Hipsters soviéticos y gatos voladores: un viaje a la contracultura rusa

H

 

Entrevistamos al activista y analista cultural ruso Artemiy Troitsky

Ignacio Pato

01 Abril 2015 06:00

*En la imagen, fotograma de la película Stilyagi

Artemiy Troitsky ha hecho de todo y todo incómodo para los gobernantes de su país. Durante los 80 contribuyó como agitador cultural a que en la URSS entrasen algunos rayos de luz, especialmente en forma de rock. Después ha ejercido como promotor artístico, crítico o periodista musical, de cuya materia ha impartido clase en la Universidad de Moscú.

El ruso, que actualmente reside en Estonia, será uno de los participantes en el ciclo Contracultura Soviet que tiene lugar este mes en La Casa Encendida de Madrid. Hablamos con él de contracultura y actualidad política rusa.

Troitsky cree en el poder político de la cultura. Así lo vivió el en los años 80, cuando el rock de Aquarium, Kino, Aleksandr Bashlachev o Serguei Kuriokhin, junto a las ganas de ver a los grandes grupos norteamericanos, se hace más y más popular.

“El papel que jugó el rock underground en los 80 fue único: por un lado, estaba totalmente fuera de la cultura y modo de vida oficial. Por otro, ¡era realmente algo de masas!”. En efecto, millones de jóvenes lo escuchaban y seguían, pavimentando según Troitsky el final del régimen soviético de una manera emocional más antes que política.

Sobre este rock occidentalizante ha quedado, con el paso del tiempo, un poso de romanticismo en el que se ha podido ver una doble disidencia: contra el socialismo y contra el capitalismo.


"Nuestro objetivo era era el ultra-aburrido, hipócrita y opresivo establishment soviético"



Troitsky redirige el análisis. “El principal objetivo de la contracultura soviética era el ultra-aburrido, hipócrita y opresivo establishment. El consumismo capitalista nos era desconocido a los disidentes, y para muchos era una fruta prohibida. No había un sentimiento de nueva izquierda en la URSS”.

Al contrario que muchos de sus colegas, Troitsky no se dejó nublar por el consumismo. “Siempre me opuse al arte y pop comerciales”, zanja.



El fin de la URSS tuvo banda sonora de rock, ejemplificado en aquel Monsters of Rock de septiembre de 1991 en el que Metallica, AC/DC y Pantera descargaron en Moscú. Pero hasta ahí hay una riquísima historia de contracultura propia.


El fin de la URSS tuvo banda sonora de rock



De las vanguardias multidisciplinares de principio de siglo con Kandinsky, Malevich, Stravinsky, Eisenstein, Vertov, Rodchenko, Mayakovsky o Meyerhold se pasó a un deshielo en el que florecieron hippies o los stilyagi —algo así como los hipsters rusos de los 50— y posteriormente las películas de Tarkovsky, las novelas de Aksiónov y poemas de Voznesenski.

A finales de los 70, esta ola es barrida de nuevo por la opresión y la emigración.



Troitsky pinta, tras la caída del rock y de la URSS, un panorama desolador. “Todo era capitalismo salvaje. Hay alguna cosa interesante, pero generalmente la escena está dominada por raves, drogas y bandas criminales. Es la típica década perdida. Toda cultura se hace consumista y profundamente provincial y reaccionaria”.

Pero, ¿de qué salud goza la contracultura rusa en la actualidad?

“En la presente década resurge la protesta cultural. En las artes performativas con Piotr Pavlensky, Voina o Pussy Riot o en música con Sergei Oblomov o Noize MC. A medida que Rusia se hace más y más totalitaria, todos los movimientos culturales de oposición, incluso los menos políticos, están en el punto de mira del oficialismo ultra-conservador”. El veredicto es claro: “la censura y las prohibiciones vuelven, muchos tienen que irse o abandonar lo que hacen. La situación recuerda mucho a los años 30 del pasado siglo, el período más duro del estalinismo”.


"La represión actual recuerda mucho a los años 30 del pasado siglo, al período más duro del estalinismo"



Troitsky compara el presente con un periodo en el que “con Stalin es destruida la cultura revolucionaria, la mayoría de los autores o se suicidan, o les matan o mueren en el gulag o tienen que emigrar. Todo el arte progresista fue reemplazado por el realismo socialista”.

Centrada en Moscú en las las 3 emes (“money, medios de comunicación y mito”), la contracultura rusa tiene un favorito para Troitsky. “El héroe del activismo actual es Piotr Pavlensky. Todas sus acciones, como cuando se clavó los testículos al suelo de la Plaza Roja, son fantásticas. Vale más que todos los artistas rusos juntos”.

¿Y Pussy Riot? "Lo que han hecho ha sido muy valiente y me gustan mucho. Eso sí, ahora mismo son mucho más populares fuera de Rusia que en su país”.



Pavlensky recogió el testigo de activismo espectacular del grupo Voina (“guerra” en ruso), que en los últimos años ha realizado acciones como lanzar gatos al mostrador de un McDonald’s...




... o pintar un pene de 65 metros en un puente levadizo frente a las oficinas del Servicio de Seguridad Federal ruso —el sucesor del KGB— en San Petersburgo.



Testículos clavados en la Plaza Roja, gatos voladores y penes de 65 metros contra Putin



Toda acción en la Rusia actual se desarrolla bajo la atenta vigilancia de un régimen cada vez más aislado. “Unos están abiertamente contra Putin, otros le apoyan firmemente y por último están los que guardan silencio. Los últimos son la gran mayoría. El mayor desafío ahora mismo es convencer a esa mayoría silenciosa de alzar su voz contra el regreso del totalitarismo en Rusia”, advierte Troitsky.

No parece fácil en un país en el que los opositores al presidente acaban en la cárcel o en el cementerio. “No sé si fue Putin quien ordenó asesinar a Boris Nemtsov, pero aparentemente lo hicieron algunos de sus más fieles seguidores. El Kremlin no hizo nada para evitarlo”.

“La gran amenaza para el régimen es el descontento de las élites con el creciente aislamiento internacional de Rusia y las dificultades financieras. Putin tiene un único objetivo: permanecer en el poder aunque todo vaya mal. Está perdiendo pie en ambos campos, especialmente en política exterior, y esto trata de compensarlo desesperadamente con su consolidación dentro del país. Por eso crece la represión, la censura y el terror”, zanja Troitsky.


"Putin tiene un único objetivo: permanecer en el poder aunque todo vaya mal"



Es el momento de sacar la bola de cristal. Con un perfil cada vez más descompensado entre la política interior y la exterior y el mundial de 2018 en el horizonte, ¿qué va a pasar en Rusia?

Putin será derrocado pronto. Y será reemplazado por alguien más liberal y fácil de aceptar, pero de su propio equipo. Entonces habrá 2 caminos: o reformas que acaben con los errores del putinismo en materia de corrupción, dependencia del gas y el petróleo, agresiones externas y ese complejo de imperialista soviético… o dejar las cosas como hasta ahora. En el primer escenario, el país lo pasará mal pero puede acabar siendo un país europeo civilizado más; en el segundo caso, Rusia se convertirá un estado exportador tipo Irán. En ambos casos es muy probable que Rusia se despiece en estados más pequeños".


Putin será derrocado pronto, pero el futuro no está tan claro para Rusia



¿Habrá final feliz para Rusia? “Todavía creo que puede haber un final feliz para el país, pero siendo honestos, cada vez me parece más utópico esto. Se han malgastado demasiadas oportunidades y demasiado tiempo. Demasiada gente ha tenido que irse de Rusia. Se bebe demasiado vodka”.


Testículos clavados en la Plaza Roja, gatos voladores y penes de 65 metros contra Putin




share