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Arte a tamaño gato, o cuando miniatura es sinónimo de ferocidad

Newcastle: la primera fundación artística en una casa de muñecas

Un gato no es un león en miniatura, sino un ser completamente feroz, independiente y brutal. Al gato no le hace falta medirse con otros felinos grandes para hacernos saber lo muy afiladas que están sus uñas, o cuánto daño puede llegar a hacernos con sus dientes veloces. Como el gato joven, el comisario de arte y voraz lector Javier Castro Flórez ha sacado sus pequeñas pero mortales garras para dar una patada a las desigualdades e injusticias que existen no ya sólo en el mundo del arte, sino también en nuestra vida. Con cariño y dedicación, Castro Flórez ha puesto una solución a su sueño lejano de crear una fundación propia, y aunque reconoce no tener ni un duro, el resultado de sus esfuerzos ha sido muy satisfactorio, y tiene nombre: la Fundación Newcastle.

Newcastle, sí, como el modelo de esa casa de muñecas que todos hemos deseado alguna vez pero que nuestros padres jamás nos compraron por miedo a que quedara olvidada en el desván. La casa de muñecas de Javier Castro Flórez no quedará olvidada, porque ya está dando mucho que hablar en la prensa cultural especializada y en algunos círculos vinculados con el mundo del arte independiente. La leyenda avanza lenta pero segura, y después de la inauguración del pasado viernes podemos decir que ya es completamente cierta. En España hay un nuevo y curioso museo, y este se sitúa dentro de la casa del propio comisario: lo tiene en su salón, rodeado de sus estanterías llenas de libros y custodiado por Misha, su enorme gata calicó.  

Si alguien quiere ir a ver las exposiciones del interior de Newcastle sólo tiene que llamar al teléfono del Castro Flórez y concertar cita previa. Él invitará a los interesados a su casa, en el corazón de Murcia, y allí podrán admirar las dos plantas de la casa de muñecas, en cuyas paredes diminutas cuelgan obras de verdad. No se trata de arte de juguete, sino de una verdadera sala de exposiciones que demuestra que a veces con poco se puede conseguir mucho, y que pretende posicionarse ante las políticas derrochadoras y corruptas de museos o galerías más célebres: "Creo que vino más gente a la inauguración de Newcastle que a algunas exposiciones que he organizado trabajando como galerista a lo largo de mi vida", nos cuenta Castro Fórez.  

Y es que en ocasiones, cuando lo diminuto, lo íntimo y lo personal triunfan, el éxito es mucho más grande y satisfactorio. A día de hoy, son casi un centenar de personas las que han podido visitar las mini instalaciones Newcastle. Además, recientemente se ha abierto una sede de la fundación en un pequeño pueblo de Valladolid, después de que un seguidor del proyecto se hiciera con una casa idéntica para darle la misma utilidad aunque a varios kilómetros de distancia. Dice Castro Flórez que ya son muchos los que le han ofrecido abrir sedes en Madrid o en Barcelona, pero él ha preferido dejar aquí el proyecto, antes de que se vaya de las manos.

Exposiciones, conferencias, lecturas, pequeñas fiestas: el futuro de Newcastle es tan luminoso como los ojos de un gato. Quizá a algunos les parezca una locura, o quizá piensen que todo esto se quedará en lo anecdótico. Sin embargo, lo cierto es que proyectos así son necesarios y forman parte de una resistencia que no tiene que ver solo con la creación y con la cultura, sino con nuestra manera de posicionarnos frente al mundo: con ferocidad, con independencia, con belleza bruta.

 

Imágenes de Javier Lorente

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