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La 'Bóveda del fin del mundo' se inunda por el deshielo del Ártico

¿La metáfora más cruel de los efectos del cambio climático?

Fotografía de Heiko Junge/AFP/Getty Images

En la superficie terrestre más septentrional del planeta, en el último espacio de tierra antes de llegar al Polo Norte, existe una valiosa ‘caja fuerte’ de la biodiversidad.

El lugar tiene resonancias apocalípticas. Su nombre oficial es el de Banco Mundial de Semillas de Svalbard, aunque es quizás más conocido como la ' Bóveda del fin del mundo' (en inglés Doomsday Vault).

En el corazón profundo de una montaña helada en una remota isla noruega reposan tres cámaras estancas en las que se busca preservar la mayoría de los principales cultivos alimentarios de la humanidad a través de sus semillas. La idea es que esas semillas —cerca de un millón de muestras enviadas por 61 bancos de germoplasma de todo el mundo— puedan asegurar nuestro abastecimiento de comida futuro en caso de una gran catástrofe mundial.

Las semillas se guardan en cajas de aluminio cerradas herméticamente que a su vez se almacenan en cajas de plástico apiladas en estanterías metálicas. Fotografía de Jens Buttner/dpa/Alamy

El búnker del Global Seed Vault, situado en la isla de Spitsbergen, fue construido a prueba de terremotos, ataques nucleares, actividad volcánica, tsunamis y otras catástrofes naturales. Sin embargo, sus operarios se acaban de encontrar con un enemigo inesperado: el deshielo del permafrost.

El ascenso de las temperaturas en el Ártico ha hecho que la capa de terreno permanentemente congelada en la que descansa la cripta se derrita, inundando el túnel de entrada al complejo.

“Mucha agua se filtró en la primera parte del túnel, y luego se congeló formando hielo, así que era como un glaciar cuando entrabas”, explica Hege Njaa Aschim, del Nordic Genetic Resource Centre, a The Guardian.

Por suerte, el agua no ha llegado hasta las cámaras estancas y las semillas siguen almacenas sin daños a la temperatura requerida para su buena conservación. La inundación, sin embargo, pone en duda la teórica capacidad de la cripta de roca y hormigón para prestar protección contra cualquier tipo de desastre.

El incidente es especialmente significativo por una doble razón. Primero, porque el diseño del Global Seed Vault concebía el permafrost como un mecanismo de seguridad auxiliar. Las semillas se deben mantener a una temperatura estable de -18ºC (0 grados Farenheit) y, en caso de fallo eléctrico, se esperaba que el permafrost que lo rodea actuaría como refrigerante natural. Segundo, porque el problema del calentamiento global ya había sido tenido en cuenta.

La ubicación del depósito a 130 metros sobre el nivel del mar debería asegurar, en teoría, que el suelo esté siempre seco, incluso si aumenta el nivel del mar por derretimiento de los hielos polares. “La bóveda de semillas está protegida por el permafrost en un futuro previsible; está ubicada por encima de los peores escenarios de un posible calentamiento”, aseguraba hace dos años Ola Westengen, coordinador del Nordic Genetic Resource Centre, la organización responsable de la instalación.

Bueno, parece que podrían haber fallado en sus cálculos.

“El Ártico y especialmente Svalbard se están calentando más rápido que el resto del mundo”, explica Ketil Isaksen, del Instituto Meteorológico de Noruega, al diario Dagbladet. “El clima está cambiando dramáticamente y todos estamos sorprendidos con la rapidez con la que se está produciendo el proceso”.

“Se suponía que la instalación debería funcionar sin ayuda humana, pero ahora estamos supervisando la bóveda las 24 horas del día”, explica Aschim a The Guardian. “Debemos minimizar todos los riesgos y asegurarnos de que el banco de semillas puede cuidar de sí mismo”.

John Mcconnico/AP

La duda está ahora en ver si las temperaturas inusualmente altas se repiten el próximo invierno. Mientras, los mánagers de la instalación toman las precauciones que están en su mano —desde impermeabilizar las paredes del túnel de acceso a cavar zanjas en la falda de la montaña para canalizar el agua del deshielo— para evitar que el incidente se repita y pueda afectar a las semillas.

“Tenemos que encontrar soluciones”, sentencia Aschim. “Es una gran responsabilidad y nos lo estamos tomando en serio. Hacemos esto para el mundo”.

Lo cierto es que lo sucedido parece una mala burla del eventual destino que nos aguarda: una construcción teóricamente inexpugnable, uno de los lugares más seguros de la Tierra, creado para salvaguardar la biodiversidad de los cultivos en caso de una catástrofe, amenazado por culpa del calentamiento global. Maldita ironía.

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