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Podíamos. O cómo conquistar el Estado con memes y lágrimas

Se publica la biografía de Antonio Gramsci, el filósofo político que presta base teórica a Podemos, el tercer partido del Congreso

1. DESAYUNO CON MARXISTA AL FONDO

Lunes de enero. 9:10 de la mañana. Mientras estas líneas se redactan, Íñigo Errejón está en Los Desayunos de La 1 de RTVE. En el plató, contesta a preguntas en torno a lo mismo: ¿con quién y cómo va a negociar su partido?

Podemos se ha convertido en un partido central, decisivo. Y sus líderes son 100% conocidos. Para calibrar el ascenso mediático, basta con hacer una españolísima actividad en sus dos variantes: tomar un café en un bar por la mañana o tomar una cerveza en un bar por la tarde. La posibilidad de que en el televisor del local aparezca una voz del partido es muy alta.

Cuando salgan en pantalla, ningún parroquiano preguntará '¿quién es ese?'... que era el interrogante que se hacía el showman Jordi González cuando trató de presentar a Pablo Iglesias en un debate de La Noria en 2011. El clip, este, ha quedado para 'la otra hemeroteca' de la política ibérica.

Pues bien, el culpable de este crecimiento la tiene un sardo de hace casi un siglo, Antonio Gramsci. Y la editorial Capitán Swing edita ahora la biografía de este influyente pensador marxista.

2. GRAMSCI, EL ANTIHÉROE

La bio de Gramsci es la de un antihéroe revolucionario. Nacido en Cerdeña en 1891, la prisión del padre por falsificar documentos públicos hizo que toda la familia se hundiese en la miseria. Para sumarle patetismo a la escena, en su infancia Antonio Gramsci sufrió una caída que le deformaría la columna hasta el punto de no hacerle superar nunca el metro y medio de altura.

El magnífico estudiante que era se fue abriendo paso entre el frío y la desnutrición. Se politizó y, tras abrir periódicos como L'Ordine Nuovo o participar en los consejos de las fábricas de Turín, fundó en 1921 el Partido Comunista de Italia, del que fue diputado.

En 1927, la Italia fascista de Mussolini le encarceló bajo la acusación de incitación al odio de clase. Ya nunca saldría de prisión.

A Gramsci le obsesionaba la idea de dejar algo escrito "para la eternidad". Y lo consiguió con su obra más divulgada, los Cuadernos de la cárcel, un análisis heterodoxo del marxismo escrito desde prisión en sus libretas entre tuberculosis, arteriosclerosis, gota y una hemorragia cerebral que cortó su vida a los 46 años.

3. HEGEMONÍA CULTURAL, LA PALANCA DE PODEMOS

El principal concepto desarrollado por Gramsci es el de hegemonía cultural. El italiano lo definía como el poder adicional del que goza el grupo dominante para hacer coincidir sus intereses con el interés general. Así, el poder neutraliza a la oposición mediante el convencimiento, sin tener que usar la coacción, siempre más dañina para la imagen de quien la ejerce.

Aunque consentimiento y coacción no siempre tienen ejemplos puros, pondremos alguno. Con respecto a la coacción, al imperio de la ley, no hace falta extendernos demasiado.

Ejemplos ibéricos de creación de consenso son las décadas de relato acrítico de la Transición española (1975-1981), el rol del terrorismo como enemigo de la democracia e incluso los aglutinantes éxitos de la selección española de fútbol. Tres grandes desafíos ante los que Podemos no se ha escondido y cuyo espacio político ha tratado de ocupar y revertir.

Juan Carlos Monedero lleva miles de ejemplares vendidos de su La Transición contada a nuestros padres. Pablo Iglesias levantó un revuelo considerable cuando afirmó que "el terrorismo tiene explicaciones políticas". Este último, en fin, ha llegado hasta las páginas del Marca con su camiseta de la selección española republicana.

Siguiendo a Gramsci, de la hegemonía se desprende la ideología que impregna una sociedad. Pero ojo: se trata de un espacio abierto con rendijas por las que colarse.

Por ellas ha entrado haciendo palanca Podemos, un partido que (a diferencia de Izquierda Unida, y esto explica parte del descalabro de la coalición) apareció para escalar posiciones en vertical, para conquistar espacios ajenos.

Para ganar. ¿O hay que recordar que hablamos de un partido que, antes incluso de su constitución como tal, tenía ya un mensaje grabado de su líder como futuro jefe del Estado?

El concepto 'crisis de régimen' sostenido por Podemos no es sino la adaptación ibérica a un diagnóstico gramsciano de dominación sin hegemonía: "PP y PSOE ya no sirven, ya no nos representan". El bombardeo mediático de casos de corrupción actúa como ejemplo, ya que tiene el valor transgresor de romper la unidad de las élites y llevarse por delante la idea de que la ley es igual para todos.

Algunas voces han llamado 'frikis' a los líderes de Podemos. Un halago para los Iglesias, Monedero o Errejón, que al tiempo que se hacían asiduos de tertulias asistían al resquebrajamiento de una estructura mediática poco acostumbrada a hablar de desahucios mañaneros, cuentas millonarias en Suiza o barracones en escuelas públicas.

Imagen vía Love will tear us Aznar

Los frikis, los raros, los monstruos, se habían colado en la política. Y lo que era aún peor para el statu quo, a la gente le gustaban. Gente normal hablando normal a gente normal. Porque, como le hemos leído a Errejón, "no hay que ser un héroe para intervenir en política".

4. MEMES, PALOMITAS Y STAR WARS

¿Y por qué ahora este revival de Gramsci? ¿Por qué tantas décadas escondida esta herramienta de la izquierda? Si algún lector se está haciendo estas preguntas, quizá no es aventurado contestar con una palabra que seguro que conocemos ya mejor que a nuestros familiares: internet.

Para Gramsci, la clave no estaba en la infraestructura capitalista, la base material donde tienen lugar las relaciones de producción en las que el explotador extrae la plusvalía del trabajador. La clave está en su espacio ideológico, la superestructura. Un espacio omnipresente en nuestras vidas a través de películas, series y tertulias de televisión, fotos de Instagram, memes de Facebook o chistes de Twitter.

Podemos ve ese espacio como un gigantesco lienzo en blanco. Veamos algunos ejemplos.

Errejón, Rita Maestre, Tania Sánchez y Pablo Padilla no dejaron pasar la oportunidad de hacernos partícipes de su paso por el cine, palomitas incluidas, para ver la antiimperialista 'Star Wars':

Con "Ni roja ni azul. Ponte morao", el clásico Matrix de los Wachowski entraba en campaña de la mano de Padilla:

El secretario de política de la formación invocaba el ayuken de Ryu contra el bipartidismo el 20D.

La formación también ha ofrecido su versión de la nochevieja convirtiendo las tradicionales 12 uvas en 12 derechos políticos a garantizar.

La cultura popular como herramienta de transformación de la ideología mayoritaria. De una hegemonía que trata de camuflarse de normalidad cuando no es sino el resultado de intensas luchas políticas.

5. LÁGRIMAS EN SAN JERÓNIMO

El último balance de Podemos tiene números desde el 20D: 69 diputados y un 20% de votos. El tercer partido nacional en menos de dos años de vida.

No ha sido fácil.  Por el camino ha habido que dejar de ser los pepitos grillo del sistema, ha habido que dejar de fruncir el ceño y comenzar a sonreír más.

Basta repasar la hemeroteca visual de Pablo Iglesias para comprobarlo. Su propia imagen ha viajado desde el meme egocéntrico a unas humanísimas lágrimas ante el Congreso el día de su toma de posesión como diputado.

Y la banda sonora de ese momento eran gritos de 'Sí se puede'. De nuevo, sí, el posibilismo de Gramsci.

Precisamente, la toma de posesión de los nuevos diputados del Congreso ha dejado las dos primeras imágenes políticas de la legislatura con protagonismo de Carolina Bescansa y Alberto Rodríguez, dos parlamentarios de Podemos.

Que en el Congreso haya bebés, excajeras de supermercado, rastas y puños cerrados no gusta a todo el mundo. El secretario de Estado para la Cultura, José María Lassalle, del PP, no ha dudado en dejar escrito que "España ha retrocedido varias décadas" en lo que calificó como 'jardín de infancia' y 'plató televisivo'.

El título de tan reaccionario artículo, 'Gramsci en San Jerónimo', lo dice todo.

6. ¿SÍ SE PUEDE?

En términos de lucha por la hegemonía gramsciana, la legislatura promete.

Si algunos medios sacaron a relucir varios tuits viejos de Guillermo Zapata el día en que el nuevo ayuntamiento de izquierdas de Madrid se constituía, ahora la primera reacción de nivel ha sido de Celia Villalobos, diputada del PP durante 9 legislaturas, que ha advertido a Alberto Rodríguez de que no le pegue piojos (sic).

El "Maquiavelo rojo" perfeccionado por Podemos tiene también críticos desde la izquierda, que alerta de las líneas rojas que, irremediablemente, han de cruzarse en el camino al poder. Es este un territorio minado, un juego en el que las cartas están marcadas y que solo puede ganarse con acreedores puntuales y traicioneros. Ayer mismo Errejón no descartaba llegar a entendimientos concretos sobre ley electoral con Ciudadanos.

Pero Podemos sabe que también la pureza de la izquierda puede convertirse en un erial autorreferencial y paralizante. Es algo que saben bien en Izquierda Unida, desde cuyos sectores se ha acusado a Podemos de ser una mera "maquinaria electoral".

El peaje pagado es el de un partido centrado para ganar peso en mitad del espectro político. Hace ya tiempo que su gramsciana trayectoria ha sido incluso adaptadas a textos de empoderamiento empresarial pretendidamente irónicos como este... ¿Otra batalla ganada?

'Estudiad, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Agitaos, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organizaos, porque necesitaremos toda vuestra fuerza' (Antonio Gramsci, 1919)

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