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V de Anarquía: este es el plan para hackear la Diada

Llámalos trolls o simplemente ciudadanos catalanes con ganas de expresarse

Lo más previsible para el próximo 11 de septiembre es una contundente manifestación a favor del referéndum de autodeterminación. Eso sí: también se esperan elementos desagradables en la festiva marea ciudadana: el reciente derrocamiento simbólico del expresidentes Jordi Pujol a raíz de sus pecados fiscales será, seguramente, el principal motivo de descontento. Pero hay más.

Resulta que un grupo de ciudadanos quiere convertir la enorme V (de victoria, de votar) en una A anarquista. Lo que viene siendo un troleo del mosaico aéreo. Y hasta la fecha, suma 470.000 inscritos, más que el número de participantes de la Via Catalana, la cadena humana por la independencia con la que el 11 de septiembre del año pasado muchos catalanes expresaron su voluntad de poder decidir el destino político de Cataluña.

"Hacer el círculo quizá es fliparnos demasiado. Una raya, sólo una raya". Así se presenta la convocatoria de la iniciativa Via Llibertària en Facebook, con la que se espera concentrar a 10.000 ciudadanos a lo largo de la calle Bruc y así mandar un mensaje a la Assamblea Nacional de Cataluña (organizadora de la V de la Diada) y a la opinión pública en general: "Hartas de dirigismo, protestas virtuales instituicionales y farfolla patriótica colindante con la caspa, nos sumamos a la via libertaria. Nuestra idea de independencia va más allá de la creación de un nuevo estado que nos encadene. No queremos cambiar de amos, lo que queremos es no tenerlos".

Desde la Via Llibertària, que también tiene cuenta de Twitter, ya están preparando sus propias consignas, por ejemplo: "A mí ningú m’enganya, Convergència és Espanya", "La Moreneta també és de la ETA" o "Pilar Rahola fes-te espanyola".

El plan es llevar camisetas blancas para no confundirse con los colores que integrarán la V ("al fin y al cabo somos una raya") y que en la fotografía aérea que se verá al día siguiente en muchos medios de comunicación mundiales se detecte, entre el rojo y el amarillo, un color intruso, cierto matiz crítico a la jornada reivindicativa. Sin duda muchos participantes en la Diada detestarán la iniciativa, pero la desobediencia, el noble arte de molestar los discursos mayoritarios (aunque sean históricos), también es política.

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