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El extraordinario trabajo de la primera mujer 'fixer' de Gaza

Ameera Harouda se encarga cada día de guiar a los periodistas extranjeros por los 360 kilómetros que componen la Franja de Gaza

Ameera Harouda siempre había querido ser piloto de aviones. Volar y sentir la libertad que da surcar el cielo, poder tocarlo con la punta de los dedos. Pero nunca tuvo la oportunidad. Porque Ameera vive en un lugar sin aeropuertos, en un sitio cercado por todas partes, en la mayor prisión del mundo. Esta mujer es una de los 1,8 millones de habitantes que sobreviven en la Franja de Gaza y una de las pocas mujeres 'fixers' que trabaja en esa zona.

El trabajo de Ameera consiste en ayudar a los periodistas, directores de cine o equipos de reporteros a realizar su trabajo. Ella consigue que los periodistas sean aceptados por la gente, les lleva a lugares prohibidos para los extranjeros y les muestra lo que está oculto. Para ello, tira de contactos con una única intención: que la gente de fuera de la Franja de Gaza conozca la realidad de una zona en constante ebullición.

Ameera se conoce los 360 kilómetros cuadrados que componen la Franja de Gaza como la palma de su mano. Y no hay nadie a quien no pueda alcanzar."Si me enfrento a cualquier problema en cualquier lugar, siempre encuentro a alguien que me ayude, respete y en el que puedo confiar", explica Ameera a Aljazeera.

Fotografía: Edme van Rijn

Tal como cuenta en una charla para TED, el día a día de Ameera consiste en pasar por la zona fronteriza por las mañanas para recoger a los periodistas. Una vez que los recoge, planea todo lo necesario para que la estancia del equipo sea productiva y, sobre todo, segura. “Si les pasa algo, o si el periodista decide cubrir una noticia que el gobierno no quiere que cubran, pueden pasar muchas cosas desagradables”, explica.

Ameera contaba a la BBC que cuando escucha los bombardeos o los ataques, intenta no pensar en el peligro. “Simplemente voy allí porque quiero ver lo que pasa y contárselo al mundo”.

Sin embargo, esta necesidad choca a menudo con su trabajo, ya que “si eres un 'fixer' en Gaza tienes que ser responsable de todo el equipo porque tú eres el local, tú conoces los lugares, por qué zonas puedes moverte y las calles que debes tomar”. En esas situaciones, si Ameera siente que es una zona muy peligrosa para el equipo, se lo explica previamente y así ellos pueden tomar una decisión sobre si ir o no.

Ameera Harouda es una de las pocas mujeres 'fixer' de la Franja de Gaza. Ella consigue que los periodistas sean aceptados por la gente, les lleva a lugares prohibidos para los extranjeros y les muestra lo que está oculto 

En los más de diez años que lleva trabajando como 'fixer', Ameera ha podido hacer muchos contactos. “Mi trabajo me da la oportunidad de tener acceso a personas e historias a las que otros no tienen acceso y en algunos casos siento que tengo más peso por ser mujer”, explica Ameera en su charla TED .

Uno de estos casos se refiere a la investigación sobre elabuso de drogas en el país. Cuando se construyó el túnel de Gaza, muchas personas los utilizaron para pasar drogas de contrabando, lo que provocó que muchos jóvenes acabaran enganchados. Esto hizo que muchos periodistas hombres quisieran retratar esta realidad. Pero había un problema: “En la sociedad tradicional palestina está prohibido que hombres ajenos a la familia entren en las casas. Por lo tanto, no hubo periodistas hombres que tuvieran una visión general del asunto. Pero yo sí que pude”.

Situaciones como estas o el hecho de ser la primera 'fixer' en trabajar en un mundo de hombres, hizo que los primeros años de trabajo no fueran fáciles para Ameera. Varios de sus compañeros se dedicaron a boicotearla y a menospreciar su trabajo. “Si me acercaba a alguien con la intención de entrevistarlo, ellos le decían que mejor que no quedara conmigo, que iba a escribir algo malo contra él”, explica a Aljazeera.

“Otros decían que no tenía moral ni respeto por mis tradiciones, que cómo me atrevía a salir hasta tarde con extraños y extranjeros. Ya sabes, Gaza es un sitio pequeño y la gente habla y habla”, resume la fixer.

Ameera fue la primera fixer en trabajar en un mundo de hombres, por lo que tuvo que hacer frente a muchas críticas y boicots por parte de sus compañeros

El trabajo de Ameera no es lo que podría definirse como fácil. Y en ocasiones esta mujer ha pasado mucho miedo.

Una de esas veces en las que Ameera temió por su vida fue durante el secuestro del periodista británico Alan Johnston. “Una revista estadounidense me pidió que organizara una reunión con los secuestradores en Gaza, y lo hice”, explica. Ella y el reportero responsable del artículo fueron recogidos en una furgoneta negra con ventanas negras, les colocaron unas máscaras durante todo el trayecto y los abandonaron en mitad de un campo. “Se llevaron nuestros móviles e hicimos la entrevista con el secuestrador allí. Tuve mucho miedo, es un día que nunca olvidaré”, resume Ameera.

La 'fixer' sufre también por su marido e hijos. Todos los días antes de salir de casa, Ameera hace una foto de sus hijos por si no les vuelve a ver. “Ser mediadora y periodista es algo muy peligroso en Gaza, pero cuando oigo las explosiones me dirijo la primera al sitio, porque las historias se tienen que contar”.

Fotografía de: Edmee van Rijn

Para Ameera, su trabajo es muy importante porque permite dar a conocer no solo la Gaza de las bombas, las fronteras y la miseria, sino la otra Gaza.

La Gaza de las historias positivas, de la vida.

“Hay personas que tienen un sueño y personas increíbles llenas de energía. Tenemos música maravillosa y una gran escuela de música. Tenemos bailarines que practican parkour entre los escombros. Y Gaza es el único lugar del mundo árabe donde los musulmanes y los cristianos viven en estrecha comunión”.

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