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Amazon quiere acabar con los chinos y los paquis de tu barrio

A los supermercados de siempre podrían quedarles pocos años de vida: Amazon se ha propuesto hacerse con ellos

Las tiendas de discos se parecen cada vez más a museos, plataformas como Asos capitanean la conquista del negocio de la ropa online, las librerías se baten en retirada mientras poco a poco se convierten en otra cosa, los centros “gentrificados” de las ciudades encuentran una mina de oro en los nuevos supermercados y cooperativas ecológicos, periódicos y revistas ultiman su mudanza del kiosko al teléfono… Las transformaciones que en los últimos años ha experimentado el comercio tradicional son incontables, y entre ellas se cuentan no sólo las aportaciones de los negocios digitales, sino también los cambios que implican al comercio físico.

Entre los últimos vestigios del comercio tradicional se encuentran los supermercados de barrio, toda una institución a la que apenas podrían quedarle unos años de vida. O como el escritor Marcus Wohlsen explica en el último número de Wired: “La mayor parte de los objetos que deseamos en el corto plazo —helados, libros, paraguas, bombillas— pronto estarán disponibles para su entrega al momento. Esto será posible en parte gracias a mejores dispositivos ( apps de reconocimiento de voz para pedir objetos, sensores en frigoríficos que adivinan lo que necesitamos antes incluso que nosotros mismos) y a mejores análisis de datos”.

Bezos entra en escena

Jeff Bezos

Pero la pieza clave que podría decidir el futuro de todo esto tiene un nombre: Jeff Bezos. Cuando el ejecutivo fundó Amazon, su propósito pasaba por mover las cosas “a la velocidad de Internet”, y eso es algo que primero consiguió en el negocio librero y después a mayor escala como supermercado no especializado. Sin embargo, hay una parte del pastel que aún se le escapa: los productos de consumo rápido y el negocio de los supermercados en todo el mundo. Esa parte del pastel, por cierto, está valorada en 3.000 billones —con B— de dólares en todo el mundo.

El proceso viene gestándose desde hace tiempo; la diferencia es que ahora Bezos ha decidido apretar ese acelerador. Bajo el nombre de AmazonFresh, el gigante de Bezos inició su servicio de comida a domicilio en el año 2007. En 2013 avanzó notablemente su ampliación en Estados Unidos, y en abril de este año se filtraba una carta de Bezos a sus accionistas en donde dejaba claro cuál iba a ser ahora su obsesión: las necesidades más inmediatas.

Pero claro, para Bezos, la incorporación de Amazon al mundo de los supermercados tradicionales no iba a consistir sólo en poner en circulación una tropa de camiones con productos frescos: antes había que acondicionar la idea a las últimas tecnologías. ¿La solución? AmazonDash, un hardware presentado este mismo año cuyo fin es comprar productos de primera necesidad “al dictado o tomando fotos de los mismos”. Es el mismo proceso que empleó para dominar el negocio de los libros online: primero inventó el Kindle; después gobernó el mercado.

La principal transformación que Amazon está espoleando ahora es la misma que la que ya se da en otros ámbitos, como por ejemplo la información: “Nosotros no vamos a la tienda; la tienda viene a nosotros”. Y por cierto, ¿recuerdan los drones de Amazon? Wired predice: “Los camiones de Amazon incluso podrían hacer volar pequeños drones de entregas, así como productos que nunca habías pedido pero que los algoritmos anticipatorios de Amazon —concepto que la compañía patentó en diciembre— intuyen que querrás comprar”.

Mientras nuevos pequeños gigantes como Airbnb y Uber tratan de fundar atractivos conceptos como la “ economía colaborativa”, en paralelo a esa reivindicación política tan distintiva de nuestros tiempos como es la recuperación de la confianza, ahora Amazon también quiere ser tu vecino. Habrá quien piense que el escenario aquí planteado es completamente distópico, pero probablemente Bezos opine que el supermercado tradicional hace mucho que desapareció, y que los nuevos ultramarinos dirigidos por grandes cadenas y administradas por migrantes ya son un signo de la ciudad globalizada.

Eso sí, hay un superhéroe con el que Bezos no podrá nunca:

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