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Sombras, pecado y olor a fresa: la mujer que amaba a los adolescentes

Alissa Nutting publica 'Las lecciones peligrosas' en español, una novela en la que las obsesiones sexuales, la pederastia y los dilemas morales son protagonistas

—Imágenes de interior: Moritz Jekat

Me depilé las piernas, las axilas y el pubis y después me puse crema. Todas las lociones que usé olían a fresa. Quería que mi cuerpo pareciera una apetitosa fruta al alcance de la mano. Quien habla aquí es Celeste. Una atractiva mujer de 26 años obsesionada con el sexo y con la belleza. Estas palabras son las que pronuncia rememorando su noche antes de comenzar como profesora en una escuela de secundaria. 

Celeste sólo piensa una cosa: conquistar el corazón de sus alumnos, y después follárselos.

A pesar de estas obsesiones, durante las primeras páginas de esta estremecedora novela, uno piensa que su protagonista sólo está sólo un poquito loca. Lo que la narradora Alissa Nutting nos presenta en Las lecciones peligrosas (Anagrama) es la emocionante y aburrida historia de una chica que se conforma con poco, que siempre ansía más, y que es una verdadera egoísta.

Celeste sin embargo es el síntoma de una sociedad estúpida, en la que ser mujer libidinosa te convierte en directamente en una puta, y en la que la justicia puede hacer que los culpables siempre salgan airosos.

¿Pero quién es Alissa Nutting y por qué nos ha metido violentamente por la garganta la historia de Celeste?

Nutting es una joven narradora estadounidense que con una prosa realmente punzante y ágil ha conseguido convertir su primera novela en un bestseller mundial. Bajo el título original de Tampa, este texto ha conmocionado a millones de lectores, entre cuyas páginas han asistido a un espectáculo de amoralidad, lujuria, literatura y amor.

Al final, lo que la autora logra es que el lector se sienta violentado. Que se ponga cachondo. Que no sepa, como su protagonista, dónde está el límite entre lo decente y lo indecente, entre el miedo y el placer, entre la realidad y la ficción.

Porque leer a Nutting es un orgasmo prolongado.

Pocas novelas consiguen crear una sensación de este calibre. Más allá de la mítica Lolita de Vladimir Nabokov —con la que Las lecciones peligrosas se han comparado hasta la saciedad—, existe una lista de libros prohibidos, que provocan un temblor eléctrico y preciso en la columna vertebral de sus lectores. Ahí están El lector, de Bernard Schlink, o Ceniza en los ojos, de Jean Forton, o incluso Corre Alicia, corre, de Lisa Dierbeck.

Tras esta lista de nombres se esconden cuerpos diminutos que por cosas del destino y también de la perversión adulta, acaban rozando sus inocentes genitales y sus adolescentes corazones con los de otro humano mayor, oscuro y culpable. Mediaslunas imberbes que son pubis calientes. Durísimos penes erectos acariciados por primera vez por la lengua de una mujer experimentada.

Ahí reside la magia. Ahí reside el dolor contradictorio de estas ficciones.

Lo que además encontramos en Las lecciones peligrosas es una historia sobre la vanidad. Sobre un mundo en el que lo que más importa son las apariencias. Celeste está casada con un hombre guapísimo, simplemente porque desde la universidad todos a su alrededor insistieron en que eran la pareja perfecta. A pesar de su juventud ella se somete a diario a tratamientos, porque no quiere que su cuerpo tenga ni una arruga, ni una tara, ni un indicio de fealdad.

La obsesión por el cuerpo acaba dañando la mente. Y a pesar de ser ella una inteligente profesora de literatura obsesionada con Romeo y Julieta y con El señor de las moscas, su cerebro perverso acaba por jugar en su contra.

Vendrá la violencia, la muerte, la desolación. Vendrán los insultos: Pederasta, Pervertida, Puta.

No es extraño, por estas razones, que la prensa se haya empeñado en tachar a Alissa Nutting de una nueva Nabokov, pues lo suyo no es una provocación, sino un retrato de la demencia contemporánea y de los límites humanos. Como una Humbert Humbert  2.0, su narradora pone contra las cuerdas toda cordura, y termina por hacer que la amemos, que la odiemos, que queramos pegarle un tortazo, que sólo deseemos penetrarla.

Es común que en este tipo de novelas lo que más jugo tenga sean los enamoramientos. Esas primeras páginas en la que la presa está a punto de ser cazada, mientras nosotros los espectadores esperamos impacientes al primer mordisco.

Las lecciones peligrosas, sin embargo, es todo carne. De principio a fin la fiesta de flujos y secreciones es impresionante, y al final no nos deja con sed, sino que nos deja exhaustos.  

Celeste limpiando su boca de semen adolescente.

Celeste contrayendo su vagina llena de odio

Celeste tonificando sus glúteos en un gimnasio yanqui.

Celeste dibujando poemas con sus líquidos íntimos.

Celeste insultada delante de todo un país que la mira desde sus televisores.

Celeste, que un día fue cazadora, se convierte en su propia presa. Aunque no lo queramos, eso nos enciende.

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