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“Aleix me diría que soy un hijo de puta por escribir este libro”

Héctor Castells, el autor de la biografía de Sideral, se sincera con nosotros y nos explica los detalles de su biografía novelada del DJ que forjó la leyenda de la Barcelona electrónica

A estas alturas, ya te lo hemos contado casi todo sobre “Sideral. Estrella Fugada”, la sonada biografía de Aleix Vergès escrita por Héctor Castells y que Contra edita mañana. La semana pasada te pusimos al corriente de ello con una extensa crítica que loaba la prosa de su autor y lo completábamos con unas memorias narcóticas a cargo de Óscar Broc y sus primeras noches en el Nitsa de Sideral. Hoy, además de brindaros una prepublicación de la obra, completamos el repaso a este acontecimiento biográfico-nostálgico con una entrevista a Castells, quien nos cuenta todo lo que hay que saber sobre su nuevo retoño. Si quieres conocer de dónde surgió la idea de escribir esta biografía, lo que piensa su familia de ella, lo que le costó encontrar los testimonios que ahí aparecen, dónde estaba cuando falleció el legendario pinchadiscos o su estilo de narración no te pierdas esta larga entrevista para comprender mejor tanto la génesis de la novela como la figura de Sideral.

¿Qué te llevó a empezar a escribir este libro?

Un mensaje de texto. Era mayo de 2012. Aterricé en Barcelona para entrevistarme con los editores. Me habían escrito un mail. Me proponían escribir la biografía. Bajé del avión y me sentí mareado por el calor y por los doscientos euros que acababa de ganar en la tarjeta de rasca y gana de Ryanair. Desenfundé mi móvil español, que es un Nokia analógico, rojo, que me prestó mi hermana cuando me exilié hace ocho años, lo conecté, acerté la contraseña, patiné por el suelo y el teléfono se iluminó de un modo poético y obsceno. Era un SMS. Y era de Aleix. Un mensaje de diciembre de 2005. Siete años después. Lo había escrito temprano, por la mañana, después de una noche memorable. Aleix y yo habíamos quedado por el centro. Mi hermana vivía cerca y le dije que se sumara. Aleix y mi hermana hacía años que no se veían. Se conocían desde que mi hermana tenía cuatro años. Desde que Aleix tenía catorce. Quedamos en La Paloma. Aleix estaba radiante y enamorado. Nos metimos collejas, nos reímos, nos bebimos y nos bailamos. Nos pillamos una de esas tajas luminosas e imprecisas y al día siguiente Aleix le escribió un SMS a mi hermana. Decía:

“Hola guapa! Sóc l’Aleix. Volia dir’te que ahir em vas alegrar la setmana. Em vaig feliç de veure’t tant guapíssima, tant brillant i lluminosa. Ara que no vaig amb la papa t’ho dic. Recorda que t’estimo tant com sempre i que sempre pots comptar amb mí. Un petó”. [¡Hola guapa! Soy Aleix. Quería decirte que ayer me alegraste la semana. Me puse muy feliz de verte tan guapísima, tan brillante y luminosa. Ahora que no estoy con papá te lo digo. Recuerda que te quiero tanto como siempre y que siempre podrás contar conmigo. Un beso.]

Yo caminaba por el suelo resbaladizo del aeropuerto en busca de una señal. Y me llegó al segundo de invocarla. Siete años después.

¿Por qué crees que era necesaria una biografía de Sideral ahora, siete años después de su muerte?

Necesaria es la muerte. La biografía ha sido, más bien, inevitable. Era una cuestión de tiempo que cayera. Por lo visto ya había habido algunos intentos. Aleix fue un icono de la Barcelona de los 90, una estrella que deslumbró a su paso, que desató millones de comentarios, de reproches y de leyendas. Como él mismo decía, él no fue líder ni emblema de nadie. Fueron los demás los que decidieron que lo fuera. Era un drama que siempre le conectó con El Chico de la Moto (Mickey Rourke en “La Ley de la Calle”), uno de sus personajes favoritos. Siete años después hay una generación de jóvenes que deben de llevar siete años escuchando la historia del Bowie de dos metros que puso de vuelta y media a la noche barcelonesa. Y hay otra generación de tipos que se acercan a los cuarenta o que los han rebasado. Y que miran hacia atrás y ven el vuelo remoto del pájaro de su juventud. Y que suspiran. O rechistan. Que escupen, lloran o que sonríen. Y que seguro que se acuerdan de Aleix.

No sé si es por cercanía al vigésimo aniversario del Nitsa o coincidencia pero ahora han aparecido dos documentos con Sideral como el eje central. ¿A qué crees que se debe?

Pura coincidencia. El paso del tiempo ayuda a ordenar la memoria. Si te queda algo, obviamente. Cada uno lo reinterpreta a su manera. Nos hacemos mayores y decidimos de qué nos queremos acordar, qué consideramos reivindicable y qué no. Yo reivindico la vida de Aleix, no el Nitsa.

¿Has podido ver el documental? ¿Qué te ha parecido?

No lo he visto.

Muchos ya se han pronunciado sobre la figura de Sideral y tú lo haces con una biografía de más de 500 páginas. Pero si tuvieses que describirle en unas pocas frases, ¿cómo lo harías?

Aleix era la Música. Una melodía extirpada de las entrañas de un volcán, una tempestad de ideas, de abrazos y de puñaladas. Te podía arrancar el corazón y comérselo de una dentellada. Y luego escupirlo, inventarse una sesión de microcirugía y trasplantártelo con la lengua, de un morreo, con el latido duplicado. Fue un conversador incansable, gigantesco, delirante y, su sentido del humor era un tsunami, la última ola, la que siempre se llevó por delante a todo lo demás.

¿En qué momento decidiste que Barcelona también debería ser uno de los protagonistas de este libro?

Aleix tenía pánico a los aviones. Salió muy poco de Barcelona. Y la padeció como el que más. Se parecía mucho a ella. Los dos eran muy atractivos y muy anoréxicos; muy líricos y muy cuadriculados. Barcelona era un espejo de Aleix y Aleix fue un reflejo de Barcelona. Ambos descubrieron que eran sendos iconos mucho antes de poder asumir si querían serlo o si no. Las Olimpiadas coincidieron con la perdida de nuestra inocencia a nivel generacional y con la de nuestra ciudad, a nivel prostitucional. Fue una simbiosis perfecta y viciosa hasta el desconsuelo.

¿ Cómo fue el proceso de escritura? ¿Qué vino primero la palabra o las entrevistas con los protagonistas?

Las entrevistas fueron lo primero. Aleix no existía cuando estaba sólo. Necesitaba a los demás. Constantemente. Así que a lo largo de su vida hubo montones de personas que le acompañaron. Era imposible hablar con todas, pero me propuse, al menos, hacerlo con cien. Una vez sus voces empezaron a esparcirse por mi cabeza empecé a trazar el mapa del libro. La escritura llegó en junio.

¿En qué tipo de literatura te has inspirado para escribir este libro?

No creo haberme inspirado en nadie. Pero sí que leí unas cuantas biografías antes de escribir el libro. Me divertí mucho con la de Keith Richards y disfruté de la de Dylan, que es un poeta insuperable. Pero quizá el libro que más me impresionó, el que me arrancó las lágrimas y las defensas, fue “Just Kids”, de Patti Smith, que es la legendaria crónica de su temprano encuentro con Robbert Mapplethorpe, en el Nueva York de finales de los sesenta. Son tres biografías vibrantes, llenas de imprecisiones, tan rebosantes de vida como de literatura. Como la vida misma. O como el verbo de Aleix.

¿Por qué decidiste emplear un tono como de novela generacional?

No lo decidí. Creo que es más un reflejo de la personalidad de Aleix, de su magnetismo. Aleix se convirtió en icono sin quererlo. La leyenda de Sideral, todas las historias, la incesante rumorología, los libros, los fanzines, las revistas de tendencias y todos los microrrepetidores de la micro escena, formaron un clamor de voces, interrogantes y de mitología empastillada, que convirtieron a Aleix, en una suerte de bandera psicodélica y rayada. Estrellada y fantasiosa, de algo parecido a una micro generación de barceloneses primero, y de españoles e irlandeses, después.

¿Por qué optaste por incorporar tantos saltos temporales y no optar por una narración lineal y más tradicional?

En realidad sólo hay saltos temporales en las primeras cien páginas. Luego es una narración bastante lineal, diría que cronológica.

Me parece un acierto que el libro, pese a ser tan largo, se divida en capítulos cortos, hace su lectura mucho más fluida y veloz. ¿Era ésa tu voluntad?

No. La abundancia de capítulos pretende reproducir la velocidad de la vida de Aleix. De sus mezclas y de sus conversaciones. De su lenguaje corporal y de sus sesiones. De sus ideas y de sus barrancos. La extensión es lo de menos. En realidad el libro no es largo. Es larga la cifra. A la gente los números le producen una extraña fascinación. En época de desconcentración y multipantallas, desaparecer en las páginas de un libro puede ser un desahogo.

Me llama la atención que en algún momento incorpores fragmentos de declaraciones en el libro. ¿Por qué optaste por ello?

Aleix se hizo popular por su indiscriminada capacidad para mezclarlo todo y me pareció que el libro debía de ser igual de indiscriminado. Incluir muchas voces y soltarlas de maneras distintas.

¿Cuál ha sido el testimonio que más difícil te ha parecido? Imagino que sus muchos amigos de infancia habrán sido difíciles de localizar.

La verdad es que hoy en día localizar a la peña cuesta tanto como pulsar un botón del teclado de tu ordenador. Lo realmente complicado es quedar. Y lo más misteriosamente improbable es hacer Skypes. Somos la última generación a la que todavía le asustan las tecnologías. Si no nos ponemos las pilas y no nos morimos temprano, nos convertiremos en una panda de viejos en albornoces y pantuflas en un mundo de pijamas digitales.

Al margen de los fallecidos, ¿ha habido algún testimonio que querías que estuviese en la historia pero que no pudiste conseguir?

Le escribí tuits y mensajes online a Brett Anderson y a Lee Grainge, que fueron dos efímeros colegas de Aleix en Londres. Uno es el cantante de Suede y el otro llevaba Fat Cat Records, que fue una tienda que Aleix desvalijó muchas veces durante los noventa. Al final, sin embargo, la auténtica isla anglosajona de su vida fue Irlanda, donde pasó muchas temporadas, durante muchos años, y donde dejó una huella imborrable. Así que el clan de los irlandeses terminó por merendarse al cantante de Suede.

¿Qué crees que te diría Aleix si leyese el libro ahora?

Que soy un hijo de puta y que el libro es la puta bomba cuando no sale él.

¿Y su familia? ¿Lo ha leído? ¿Qué les ha parecido?

La familia ha hecho un esfuerzo brutal. Me abrieron todas las puertas y no han cuestionado una sola línea. Al contrario. Y pese a que es una lectura que no todos han podido completar, me han agradecido la dedicación.

Hay algunas personas que ya han leído la biografía y la consideran un poco blanda hacia la figura de Aleix. ¿Qué opinas de ello? ¿Crees que has reflejado fielmente qué y quién era Sideral?

Ya ves. Qué pregunta tramposa. Así arrancan las frases más peligrosas de la historia del periodismo. “Algunas personas dicen”. Teniendo en cuenta que mientras celebramos esta entrevista el libro todavía no ha sido publicado, imagino que esas “personas” son “periodistas”. O “promotores”, que es casi lo mismo… No sé. Con un poco de suerte el libro llegará también a otras “personas”. A más de dos y de tres. Y si todo sucede normalmente, cada uno y cada una tendrán algo distinto que decir. Y abrirán su boca y las palabras serán duras, blandas, oscuras, brillantes, lentas y rayadas. La idea era escribir un libro que no fuese una biografía, ni una novela, ni un libro de poesía, ni un volumen de canciones, sino que fuera la suma de todos al mismo tiempo. Así fue la vida de Aleix y así fue su leyenda. En cualquier caso, no me corresponde a mí decir si el reflejo es exacto o si no lo es.

¿Crees que Aleix falleció cuando tenía que fallecer, es decir, en plan estrella del rock, ya sabes, en plan vive rápido y deja un bonito cadáver, o crees que podría haber tenido una trayectoria vital mucho más larga como algunos de su generación?

Aleix siempre dijo que moriría joven. Desde muy pequeño. La muerte le obsesionó desde que tenía dos años: era el único límite del que no había regreso y eso era algo que le fascinaba y que le atormentaba a partes iguales. Aleix vivió sin una noción alguna del límite y con una noción Absoluta de la Velocidad. Brilló con doble intensidad y vivió cuatro vidas mientras otras apenas lográbamos consumar media. Claro que nunca pudo madurar. Tal era su miedo fundamental. Y de buena se libró.

A todos nos impactó la muerte de Sideral y de algún modo es un hecho que nos ha marcado para siempre. Yo recuerdo perfectamente dónde estaba en ese momento, con Omar León volviendo de una sesión. ¿Tú dónde estabas y a través de quién te enteraste de su fallecimiento?

Me acuerdo de estar con Aleix la noche que murió Diana de Gales. Estábamos de reenganche en casa de Leire y bajamos al quiosco a por tabaco y el quiosquero tenía la radio puesta. Y nos lo dijo. Creo que nos sentimos irlandeses. Y nos bebimos tres tequilas a su salud. Y casi lloramos, como cuando murió Freddie Mercury.

La noche que murió Aleix yo estaba en Sitges. Tenía mi primera inauguración en una colectiva de jóvenes artistas locales. Mi colega Lluís y yo nos habíamos inventado un colectivo que se llamaba SMuAcK… Al terminar la inauguración nos fuimos a celebrarlo con los padres de Lluís, una pareja divina de Sitges de toda la vida. Nos sentamos en una coctelería frente al mar. Era una noche caliente sin luna. Y me sonó el puto teléfono. El mar estaba negro y la playa estaba vacía y caminé durante un rato por la arena, descalzo, perdido…

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