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Ahora en serio: ¿tu iPhone te está volviendo estúpido?

“La gente prácticamente espera a ser interrumpida cuando está frente al ordenador”

El descubrimiento del fuego fue uno los grandes hitos de la evolución humana. Durante siglos, nuestros ancestros frotaron dos piedras para poder generar sus llamas. Eso sí, en cuanto pudieron se hicieron con un encendedor para evitar el tedioso proceso. Que se lo digan si no a Tom Hanks en Naufrago (Robert Zemeckis, 2000), que se pasó por lo menos cinco minutos de película dale que te pego con los palos y la madera hasta que lo consiguió. El encendedor es solo un ejemplo más de cómo la humanidad se facilita la vida gracias a la tecnología, y el caso de Hanks, un reflejo de lo difícil que resulta prescindir de ella una vez que te has acostumbrado.

Además del mechero, el bolsillo contiene otro de los inventos que más facilitan la vida en el día a día occidental: el teléfono inteligente, que cada vez integra más soluciones como la calculadora, el GPS y toda la información inmediata que contiene la red. Pero, ¿qué consecuencias tiene el uso reiterado de estos asistentes? Ya son algunos los expertos que alertan de que confiar en ellos puede mermar las capacidades cerebrales. En otras palabras: usar tu iPhone te puede estar volviendo estúpido.

“Somos una generación feliz con los gadgets, pero estos nos están volviendo estúpidos, no más listos”, advertía el columnista Sidney Harris en The Ledger. Su augurio, eso sí, se remonta a 1977, cuando las calculadoras de bolsillo y los casetes se ponían de moda entre la sociedad estadounidense.

La opinión de Harris está cada vez más respaldada por la ciencia, que empieza a tener datos fiables sobre el efecto del uso de estos dispositivos en la inteligencia humana. Una de las primeras aplicaciones en situarse en el punto de mira ha sido el GPS: confiar en este asistente de navegación puede alterar la región cerebral del hipocampo, según sugieren tres investigaciones de la Universidad McGill (Canadá).

La comparación entre usuarios habituales de GPS y quienes no lo utilizan revela que los segundos tienen un mayor nivel de actividad y más cantidad de materia gris en el hipocampo. Esta zona del cerebro está directamente relacionada con la memoria y la orientación espacial.

El acceso inmediato a los volúmenes masivos de información que contiene internet podría asumirse como algo positivo para la inteligencia. Sin embargo, la lectura online también supone un perjuicio para el conocimiento, según revela una investigación de la Universidad Victoria en Wellington (Nueva Zelanda). Frente al papel, la información recogida directamente desde la red presenta unas menores tasas de concentración, comprensión y absorción. Para el investigador responsable del trabajo, Val Hooper, este fenómeno se desprende de la cualidad “multitarea” que se asocia al mundo digital, pues considera que “la gente prácticamente espera ser interrumpida cuando está frente al ordenador”, ya sea con otros enlaces, nuevos correos electrónicos o notificaciones.

Aunque Hooper explica que es común imprimir aquello que se considera más importante, el investigador no cree que la lectura digital deba ser dejada de lado, sino que es la sociedad la que debe “aprender a leer y a escribir digitalmente”. De hecho, a pesar de los perjuicios de la literatura online, Hooper también explica que esta genera una lectura más rápida y directa.

Comúnmente se conoce a la lectura digital como lectura diagonal, es decir, recaer solamente en los puntos interesantes o especiales del texto. Para el escritor Nicholas Carr, este tipo de lectura y la sobrecarga de datos que ofrece internet impide “consolidar la información en la memoria a largo plazo” y, por tanto, “crear la extensa red de conexiones internas que da riqueza al pensamiento”. Carr plasmó estas opiniones en su libro Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? (2010), por el que fue nominado al Premio Pulitzer en 2011.

Pero no todo el mundo está en contra de la merma mental que las nuevas tecnologías suponen para el hombre. En particular, los defensores parecen estar relacionados con el propio avance de la tecnología, como es el caso de la investigadora de Intel Geneviebe Bell. En una entrevista con Xataka, ella afirma: “Creo que si la tecnología nos hace más o menos estúpidos no es la pregunta correcta. Los seres humanos han demostrado sobradamente su estupidez mucho tiempo antes de que existiera internet”.

En este sentido, el que fuera exvicepresidente de Google, Vishal Sharma, también trató este tema cuando le entrevisté hace unos meses para MIT Technology Review. Sharma había participado en el desarrollo del asistente personal de compañía, Google Now, cuya cualidad más destacada es su capacidad predictiva para adelantarse a las necesidades del usuario. Quien disponga de esta aplicación sabrá que es capaz de sugerirte una ruta alternativa cuando hay una incidencia en la ruta habitual, y presentar la cartelera todos los viernes a los amantes del cine, antes de que ellos mismos la consulten.

¿Qué efecto tendrá el hecho de que el usuario deje de tener que estar pendiente de este tipo de cosas que ya puede confiar a la tecnología? Sharma reconoce que “la inteligencia relacionada con las tareas rutinarias” podría reducirse. Sin embargo, para el tecnólogo, este fenómeno sería comparable con decir que “tener ascensor es malo, porque ya no subes las escaleras”.

Las opiniones sobre si el efecto de este tipo de tecnologías sobre la mente humana es positivo o negativo son, por tanto, dispares. No obstante, sí parece haber un consenso en que existe un efecto real. Pero mientras que unos lo analizan con carácter alarmista, otros se enfocan en las ventajas que supone al tiempo que proponen acciones para minimizar las desventajas. En el caso del uso del GPS, los investigadores de la Universidad McGill plantean que la” desconexión ocasional del dispositivo podría ser una buena estrategia”.

Puede que tener acceso inmediato e ilimitado a la información de la red en nuestro bolsillo haga que la capacidad de retención de dicha información sea menor, pero ¿quién necesita retener algo que puede consultar en cualquier momento? Y, del mismo modo, ¿quién querría tener que pasar horas sacudiendo dos piedras cuando simplemente puede accionar un mechero? Para los que duden en su respuesta, que le pregunten a Tom Hanks.

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