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Los aeropuertos flotantes son un viejo sueño pero, ¿podrían hacerse realidad?

La solución de los problemas de espacio de las grandes ciudades podría estar en el mar... si no fuera por un pequeño detalle.

Si algo necesita la industria de la aviación es espacio. Ya no solo por la multitud de servicios que alojan los aeropuertos modernos, sino porque las pistas de aterrizaje necesitan una superficie enorme para alojar los inmensos aviones que van y vuelven.

De este modo, en un momento en el que las ciudades necesitan más y más espacio para seguir creciendo, se plantean múltiples alternativas para albergar los enormes aeropuertos del futuro.

Y una de las que más consenso genera son los aeropuertos flotantes.

Las plataformas flotantes son la mejor solución para acabar con los problemas de espacio de las grandes ciudades.

Pero no trata portaaviones que apenas podrían albergar uno o dos aviones comerciales. Ahora se necesitan verdaderos aeropuertos flotantes. Fijos en el agua y con un tamaño que pueda extenderse siempre que sea necesario.

Ya en 1995, 17 empresas japonesas conformaron la Asociación de Investigación Tecnológica de Mega-Float junto al Gobierno de Japón. Su objetivo era diseñar y evaluar el concepto de un aeropuerto flotante. Si tenía éxito, podría situarse en la bahía de Tokio.

La propuesta de Mega-Float requería una estructura flotante de 4 kilómetros de longitud, lo necesario para una pista en la que cupieran aviones comerciales. Sin embargo, el proyecto no siguió adelante por problemas presupuestarios.

Algo similar ocurrió en San Diego, donde querían construir un aeropuerto de dos pistas nacido desde la orilla del mar debido a que el existente se les estaba quedando pequeño. Las dudas y, sobretodo, la inversión desproporcionada que requería no permitieron que el proyecto se materializara.

En la actualidad, la propuesta que más llama la atención es la de Terry Drinkard, un ingeniero aeronáutico norteamericano que lleva años investigando este campo. El diseño, aparecido en el siguiente dibujo, se basa en tecnologías y materiales probados anteriormente en petroleras de aguas profundas.

Por lo que, fuera de parecer una idealización, podría ser un proyecto completamente plausible.

"Todos los proyectos que impliquen la construcción de pistas de aterrizaje en el mar no son viables económicamente"

Drinkard no solo quiere que su aeropuerto sea uno de los más importantes del mundo, sino que también sea una oportunidad para la investigación de las energías renovables. Según dice, el aeropuerto sería totalmente autosuficiente .

A través de la fuerza de las olas, del sol y de la energía térmica, la electricidad requerida por la plataforma se generaría de sobras. Además, daría lugar a una base para la investigación oceanográfica.

Una infraestructura de este modelo podría servir de gran utilidad en el Caribe. El Comandante aeronáutico Bud Slabbaert, socio de Drinkard en este proyecto, dice que diversos gobiernos y operadores de infraestructuras de la zona se están planteando desarrollar la idea a pequeña escala.

Una idea todavía más ambiciosa podría ser revivir el gran sueño planteando en 1930 en la revista Popular Mechanics, donde se hablaba de una cadena de aeropuertos que cruzara todo el océano Atlántico.

Sin embargo, muchos expertos en aviación son totalmente escépticos. “ Todos los proyectos que impliquen la construcción de pistas de aterrizaje en el mar no son viables económicamente”, explica el consultor aéreo R.W. Mann, añadiendo que había una propuesta parecida en China pero no se materializó por el mismo motivo.

Londres iba a ser la primera ciudad en experimentar con el concepto, pero finalmente se decantaron por un aeropuerto en medio del Támesis.

Para eludir a estos problemas económicos, surgen ideas híbridas que podrían contestar al problema. En la Isla de Grain, una zona pantanosa a las afueras de Londres, el conocido arquitecto Norman Foster propuso construir un aeropuerto de cuatro pistas que enlazaría la isla con el mar.

Brian Johnson, antiguo alcalde de Londres, respaldó fervientemente la idea de Foster. Sin embargo, en 2014 el proyecto fue rechazado por la Comisión de Aeropuertos de Reino Unido.

Finalmente, se optó por la idea de la firma Gensler de construir seis pistas en medio del Támesis, algo que no llegaba al ambicioso proyecto de crear un aeropuerto en el mar pero que ya juega con la idea de utilizar el agua como recurso a utilizar. Esta construcción costaría 57 mil millones de dólares. Un precio ya de por sí desorbitado pero que ni siquiera se acerca a lo que podría costar crear una infraestructura como la propuesta por Terry Drinkard.

Si no fuera por el dinero, seguramente nuestros océanos ya estarían repletos de estructuras de este tipo. Pero hasta que la economía lo permita, seguiremos a la espera.

The scheme, put forward by architecture firm Gensler and Thames Estuary Research and Development (Testrad), would cost nearly $63 billion.

[Vía CNN]

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