Actualidad

Abuso sexual con burundanga, ¿un mito?

El mayor estudio toxicológico realizado en España alrededor de casos de sumisión química no halla ni rastro de la más famosa "droga de la violación"

No sé qué ha pasado, pero algo ha ido mal”. Esa es una de las frases que más escucha la abogada Ester García en el despacho donde atiende a víctimas de abuso sexual.

Probablemente, la chica que enuncia esa frase ha sido víctima de sumisión química —el uso de fármacos o drogas para anular la voluntad de una persona—, un fenómeno que se da en entre el 20% y el 30% de las agresiones sexuales que se producen en España, según estimaciones del Instituto Nacional de Toxicología.

Ester García es una de las protagonistas de un amplio reportaje en cuatro partes (puedes leer aquí la primera, la segunda, la tercera y la cuarta de esas entregas) en el que abordamos el aumento de casos de sumisión química en Barcelona como expresión local de un fenómeno al alza en todo el mundo. Y en ese reportaje, publicado el año pasado, se hacía referencia a datos clínicos que desmentían dos grandes mitos sobre la “droga de la violación”.

El primero de esos mitos tenía que ver con las sustancias que se emplean. Las más famosas no son las más utilizadas, explicábamos. El alcohol etílico (etanol), las benzodiacepinas y sus análogos (como el zolpidem o la zopiclona) superan con creces a la ketamina, el GHB o —la más popular de todas en el imaginario público— la burundanga (escopolamina) .

Ahora, el mayor estudio toxicológico realizado hasta la fecha en España alrededor de casos de sumisión química arroja datos que corrobora esa idea. En concreto, el estudio asegura no haber encontrado ni rastro de burundanga en ninguno de los 152 presuntos casos recibidos en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses entre los años 2010 y 2013 .

Las 'drogas de la violaciòn' más famosas no son las más utilizadas. El mayor estudio toxicológico realizado hasta la fecha en España alrededor de casos de sumisión química no halla rastros de burundanga o GBH y sí alcohol, cocaína y farmacos, sobre todo benzodiacepinas

El estudio, publicado en la revista especializada Forensic Chemistry, arroja datos como los que siguen:

- En todos los casos estudiados, los sospechosos de la agresión eran hombres y las víctimas mujeres con una edad promedio de 26 años.

- El sospechoso suele ser un conocido de las víctimas o un desconocido con el que han hablado en las horas previas a la agresión. Solo en un 20% de las denuncias el agresor no había tenido ningún contacto previo con la víctima.

- El abuso suele ocurrir en lugares de ocio (42% de los casos), en casas u hoteles (34%) y en la calle (23%).

- Los análisis de sangre y orina muestran que el alcohol está implicado en el 77% de los casos y las drogas ilegales —sobre todo cocaína, no hay rastros de GBH— en el 29%.

- En el 36% de las muestras analizadas aparecen restos de fármacos, sobre todo benzodiacepinas.

- En ninguna de las muestras, tomadas entre 6 y 12 horas después de los presuntos abusos, aparece la burundanga.

“Si fuera cierto que nos inunda la burundanga, como se dice en los medios de comunicación, sería imposible que nosotros no la viéramos”, explica el toxicólogo forense Óscar Quintela, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, a El País.

“Los medios de comunicación le dan tanto bombo a la leyenda urbana que la gente llega al médico pidiendo un análisis de burundanga. Y nos despistamos del verdadero problema. El culpable es el hombre que comete el crimen, pero el tóxico más implicado es el alcohol”.

“Nuestra sospecha es que la gran mayoría de los abusos sexuales con sumisión química no son proactivos” (Óscar Quintela, del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses)

Los firmantes del estudio también refutan otra idea asentada: “La mayor parte de los casos parecen una sumisión química oportunista, no proactiva”, explica el químico Carlos García Caballero.

Con eso quiere decir que el abuso no estaría precedido de un plan consciente. Más bien, se trataría de un aprovechamiento oportunista de una situación que el agresor se encuentra.

Es decir, según su interpretación, en la mayoría de los casos no habría un hombre echando droga en la bebida o rozando los labios de una mujer previamente elegida con el fin de abusar de ella, sino que se trataría de hombres que abusan sexualmente de mujeres con el juicio alterado debido a un consumo voluntario de alcohol o drogas en combinación (o no) con otras sustancias como ansiolíticos.

Cabe señalar que esa interpretación choca con muchos de los testimonios de víctimas de sumisión química. También es necesario recalcar que los 152 casos objeto de estudio son solo la punta del iceberg de un problema de dimensión mucho mayor.

Puede que la burundanga tenga mucho de leyenda urbana, pero la sumisión química es una realidad muy negra en la que las víctimas son solo víctimas.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar