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"Lo peor está por llegar": la ONU alerta del futuro ominoso en Mosul

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Lo que allí se describe es una pesadilla

silvia laboreo

24 Marzo 2017 15:10


En el último mes, más de 157.000 personas han arriesgado sus vidas para escapar de la ratonera en la que se ha convertido Mosul, uno de los principales bastiones del ISIS en Irak.

Se trata de una situación dramática que podría ir a más ahora que el conflicto está alcanzando su punto álgido. A día de hoy el grupo terrorista ISIS posee el control del 40% del oeste de la ciudad: el último reducto del ISIS por el que luchan las fuerzas gubernamentales desde febrero de este año, cuando comenzó la última gran ofensiva.

Desde entonces, el número de civiles muertos se ha incrementado de forma dramática. En los últimos días, 230 personas, la mayoría civiles, han muerto por los ataques aéreos de la aviación iraquí y la coalición internacional liderada por Estados Unidos. Como advierten desde la ONU, “lo peor está aún por llegar”.



400.000 personas se hallan atrapadas en la ciudad vieja en una situación de pánico y penurias que inevitablemente puede hacer estallar la situación en cualquier momento, enfrentándonos a una nueva oleada de desplazados de grandes proporciones", advertía Bruno Geddo, el representante de ACNUR en Irak, ayer jueves ante la prensa.

Desde que en octubre las tropas aliadas e iraquíes decidieran liberar la ciudad del control del grupo terrorista, la situación de sus habitantes se ha vuelto más y más difícil.

“La gente ha comenzado a quemar sus muebles, ropas viejas, trozos de plástico y cualquier otra cosa que puede servir para calentarlos durante la noche porque sigue lloviendo y las temperaturas nocturnas bajan de manera notable", ha explicado Geddo.

 

“400.000 personas se hallan atrapadas en la ciudad vieja en una situación de pánico y penurias que inevitablemente puede hacer estallar la situación en cualquier momento, enfrentándonos a una nueva oleada de desplazados de grandes proporciones"


“La población se encuentra entre la espada y la pared”, ha declarado Geddo. “Conforme la gente se queda sin alimentos, más entra en pánico y quiere escapar de allí. Al mismo tiempo, el flujo de salida está aumentando debido al avance de las fuerzas de seguridad que provoca que la gente quiera huir hacia zonas más seguras”, incide el responsable de ACNUR en Irak.

Quedarse significa arriesgarse a morir de hambre, de frío o víctima de los combates que se libran en las calles de Mosul. Pero marcharse también implica un riesgo. Aquellos que reunen el valor suficiente para huir de allí tienen que esquivar las bombas, los francotiradores, las balas y la vigilancia del Estado Islámico. “Hemos oído historias de gente que escapa bajo la protección de la niebla de la mañana, la noche o que lo hace justo a la hora del rezo, cuando la vigilancia es mucho menor”, cuentan desde la ONU.

De momento, la ofensiva permanece detenida por las condiciones climatológicas adversas a espera de que de una vez por todas, Mosul quede libre del control de los yihadistas.

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