Noticias

Una carta abierta a... mi marido narcisista, que tuvo un affair y me culpó por ello

"Me costó un tiempo entenderlo. No era yo la que estaba hecha un lío. Eras tú"

El adulterio puede ser sórdido, romántico, dañino, suicida, insensato, cínico, pragmático, patético... Puede ser un vomitorio revulsivo en mitad de una relación que hace aguas, o un torpedo capaz de hacer saltar por los aires cualquier compromiso.

La infidelidad es un cuerno de la abundancia de causas y consecuencias. Pero hay rasgos que se repiten. Por ejemplo, n unca piensas que una infidelidad será importante, hasta que vuelve a suceder. Y sí, puede que sientas culpa, pero la curiosidad puede más que la culpa. “Tengo derecho a explorar mis deseos”, te dices. “No hubiera habido necesidad de llegar a esto si mi relación funcionara”, te repites. Y tarde o temprano tendemos a la pirueta moral: “En cierto sentido, es él o ella la que me está empujando a esto”.

Quien ha sufrido la infidelidad en carnes propias sabe que es ineludible la sensación de estar sumergiéndose en un cliché espantoso. Un cliché en el que a menudo los roles se invierten, hasta que, un poco como por arte de magia, todas las culpas y los reproches caen sobre la espalda de quien no hizo nada.

The Guardian publicaba hace poco una carta anónima en la que una lectora explora los sentimientos que manan de esa situación. Una carta plagada de espacios abiertos, que sugiere más de lo que dice, y que todos podemos completar con nuestra propia experiencia.

A continuación puedes leer algunos fragmentos de una misiva que puedes leer completa aquí.

“He estado casada contigo 20 años. Tu provienes de una familia acaudalada, mientras que yo era orgullosamente de 'clase trabajadora'. Desde siempre estuve decidida a no ser una esposa económicamente dependiente, pero tú insististe desde el comienzo en mantener nuestras finanzas separadas. Yo pagué algunas facturas, tú pagaste otras. Nunca tuvimos una cuenta común, ni siquiera para comprar comida”.

“Dejé felizmente mi trabajo, mi casa y mis amigos y me vine a vivir contigo a este hermoso país. Éramos tan felices, con nuestros intereses compartidos y nuestra bonita casa. Tú tenías tu propio negocio y yo empecé una nueva carrera”.

“Hace poco encontré una carta que escribí para mí misma poco después de irme a vivir contigo. Una carta en la que me decía que debía ser más comprensiva, que debía respetar tus necesidades, tu espacio personal, que no debía enfadarme contigo cuando sentía que no me estabas cuidando los suficiente. A veces, tus irritables exigencias de perfección me dejaban dudando de mí misma. Pero tuvimos momentos brillantes. Aprendí a complacerte. Vivimos con sencillez, y mis momentos ocasionales de confusión emocional o tus extrañas depresiones no terminaban de perturbar nuestro estilo de vida. ¿Acaso no tienen sus altibajos todas la parejas?”.

“A veces me sentía molesta por lo que yo veía como una falta de comprensión por tu parte, pero siempre te las arreglabas para hacerme sentir que era yo la que no te entendía. Entonces me sentía fatal”.

“En tiempos recientes sentí como mi autoestima creció cuando fui promovida en mi trabajo. Tú, sin embargo, pensabas que trabajaba demasiado y te quejabas de que mi trabajo me estaba volviendo una persona fría y poco afectuosa. Perdí el interés en el sexo. Tú tenías largos períodos de no trabajar en los que podías disfrutar. Cuando expresaba mi envidia por eso, sugerías que yo debía sentir un placer vicario por los buenos tiempos que tú pasabas. Me reprendía a mí misma por ser poco generosa ante tu placer”.

“Y entonces descubrí que tenías un affair. Quedé devastada y te supliqué que lo intentáramos de nuevo. Estaba dispuesta a dejar el trabajo, ya no estaría cansada. Podíamos usar aquello como un trampolín para propulsar nuestro matrimonio hacia algo mejor. Me escuchaste, pero decidiste irte a vivir con tu amante al poco tiempo de que yo descubriera lo vuestro”.

Me acusaste de ser abusiva en nuestra relación. Tuve que buscar ayuda externa para superar mi trauma. El terapeuta sugirió que podrías tener un trastorno de personalidad narcisista. Cumplías con todas las características. De repente, tu comportamiento de los últimos 20 años cobró sentido. Un sentido aterrador”.

Me costó un tiempo entenderlo. No era yo la que estaba hecha un lío. Eras tú. Todos estos años, me he estado modelando a tu antojo, para mantenerte feliz, para evitar tus depresiones. Me he moldeado a mí misma alrededor de tu persona para protegerte, porque parecías una alma tan sensible... Al mirar a atrás, no puedo creer cómo pude estar tan ciega”.

Lo que realmente me dolió fue tu falta de capacidad para hacerte responsable de tu infidelidad. Ahora mismo no sé que puedo desearte, pero espero que encuentres paz y comprensión dentro de ti, porque sin eso la vida está vacía.

Sinceramente, tu esposa, liberada”.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar