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El periodista de rock que sucumbió al lado oscuro del hedonismo... y lo venció

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"A día de hoy sigo sin saber por qué dije que sí, por qué me enrollé la manga y le dije a mi amigo: 'Hazlo'".

Elena Rue Morgue

07 Febrero 2017 10:40

Barney Hoskyns (1959) es un periodista musical británico que, durante sus años de juventud, acabó enganchándose a las drogas mientras compartía camerino con las grandes estrellas de rock del momento. Ahora, después de más de 30 años limpio, ha querido explicar en The Guardian cómo cayó y como logró salir de aquella turbulenta vida.


"A día de hoy sigo sin saber por qué dije que sí, por qué me enrollé la manga de la camisa y le dije a mi amigo: 'Hazlo'. No puedo decir que fuese por presión de grupo. Tampoco tenía el anhelo secreto de ser un yonqui. Podría pensar que, justo después de haberme graduado con un sobresaliente en Oxford no hubiese metido mi mano en este fuego en particular, pero en un momento de inconsciencia existencial, lo hice de todos modos".

Hoskyns cree intuyó que el caballo iba a ser la respuesta a todas las preguntas incómodas que le desbordaban desde niño. "Puede que tuviera una especie de sexto sentido de qué haría la heroína por mí, de cómo, temporalmente, me llenaría y completaría".



Aunque desde fuera Hoskyns tenía una vida perfecta, siempre se sintió solo y acomplejado. Pocos días después de llegar a la escuela Westminster en 1973 se empezó a juntar a los porreros y los malotes de la clase.

"La primera vez que me emborraché vomité muchísimo en casa de un compañero en Marylebone. Pero en aquellos momentos nunca se me pasó por la cabeza que la heroína fuese a ser el final de este camino. Ese no era el plan".

Con su llegada a Oxford en 1977, Hoskyns comenzó a ser más consciente de sus problemas para sentirse cómodo y seguro de sí mismo al relacionarse y empezó a utilizar las drogas para tratar de sentirse mejor.



"Empecé a ser más consciente de lo ansioso y raro que me sentía cuando estaba con mis compañeros. Nunca hablé de ello, y ninguna otra persona lo comentó tampoco. Bebía alcohol y tomaba ácido. Me metía speed para estudiar a fuego en los finales. Pero ninguno de estos químicos conseguían quitarme de encima esa sensación de odiarme y dudar constantemente de mí. Solo los opiáceos consiguieron calmar mi profundo malestar interior".

Según cree, el destino lo llevó a trabajar en el periodismo musical, "una forma de no tener que madurar realmente". Para validar su propio estilo de vida se especializó "en estrellas que habían sucumbido a la parte oscura del hedonismo".

Se codeaba con Johnny Thunders y Nick Cave, con los que, a pesar de compartir muchas noches (e incluso calabozo en una ocasión) nunca llegaron a compartir conversaciones más profundas que dónde conseguir el siguiente pico o quién tenía el mejor caballo.



En aquella época Hoskyns tenía el corazón roto por una chica y la heroína era lo único que calmaba ese dolor. Logró desengancharse de aquella relación tóxica poniendo kilómetros de por medio, pero con la heroína no fue tan sencillo.

"Cuando eres un adicto bajo el control de la obsesión química, las cosas solo se ponen realmente chungas cuando intentas parar. Mis amigos tomaron el mismo riesgo existencial que yo había tomado, pero ellos eran de alguna manera capaces de coger la heroína y dejarla. Eso me preocupó y me hizo preguntarme por qué yo lo necesitaba más que ellos".

"Necesitaba cambiar la forma en la que miraba el mundo, pero la motivación para hacerlo vino sólo desde las profundidades de la desesperación: fui consciente de que no era capaz de vivir ni con drogas ni sin ellas. En ese punto de angustia durante el verano de 1983 en la ciudad de Los Ángeles, estaba dispuesto a pedir ayuda para superar algo que era más grande que yo. A la tierna edad de 24 años estaba listo".



Pero no fue ni rápido ni fácil. Al volver a Londres se reencontró con el amigo que le introdujo a la heroína y se encontró a sí mismo enganchado a los opiáceos una vez más. Poco después, en mitad de una entrevista con Alan Vega, el ex cantante de Suicide sacó una bolsa de cocaína y le pintó un raya que él aceptó. Y lo mismo sucedió unos días después en Detroit con George Clinton, líder de los P-Funk. "Simplemente no había aprendido que 'No, gracias' era la frase más importante de mi léxico".

Pero a finales de agosto, sin saber muy bien cómo, pasó un día limpio. Y después de ese, otro. Y poco a poco empezó a compartir su vida con los demás. "En noviembre, por una extraña coincidencia, tuve que volar a Madrid para ser el invitado en un programa de televisión en el que aparecía Alan Vega".

"Cuando más tarde llamó a mi habitación de hotel para decir que tenía 'algo realmente bueno', conseguí contestarle que estaba cansado y necesitaba dormir. Fue tan simple y difícil como eso. A la mañana siguiente conseguí recorrer el Prado sin sentirme ido de la olla".



Pero, ¿por qué después de tres décadas limpio Barney Hoskyns ha pensado que este era un buen momento para hablar de las drogas? Pues, porque según ha podido reflexionar durante estos años, las drogas no eran el problema.

"Resulta que nada de esto va sobre las drogas. Como un sabio colega dijo una vez: 'Si crees que las drogas son el problema, deja de usarlas'. Lo dejaba y volvía. Luego, de repente, en una paradoja perfecta, me rendí a mi propia adicción y nunca sentí que necesitara usar drogas otra vez. He descubierto que la adicción no es simplemente un abuso de drogas. Es rellenar el vacío espiritual, están diseñadas para eliminar sentimientos y las decisiones difíciles de la ecuación".

"Muchos ven la adicción como una maldición, pero yo la veo como la puerta de entrada a la vida más grande que podría haber imaginado. Si es una enfermedad de 'necesitar siempre más', entonces por fin siento que 'soy suficiente'. He dejado de tomarme la vida de forma tan personal. Ya no estoy tan carcomido por la vergüenza y el odio a mí mismo. Finalmente he entendido que nada importa excepto los momentos efímeros de conexión y amor".


[Vía The Guardian]

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