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Cómo Teen Vogue ha pasado de ser una revista de cotilleos a un nido de “activistas”

"Tenemos que darles más a nuestras lectoras, hablar sobre derechos reproductivos, género... Tenemos que meternos en política"

oi oi

Lanzada en 2004 como la hermana pequeña de Vogue USA, Teen Vogue solía centrarse en el cóctel estándar de "manual de moda de temporada" aderezado con otro tanto de "veneración a los famosos".

Pero en cuestión de 10 años, la publicación pasó de portadas como "10 formas de conseguir el pelo perfecto para tu fiesta" a, en agosto de 2015, salir con una portada que desafiaba todas las normas de seguridad en este tipo de publicaciones: ni una cara conocida (dicen que la portada siempre debería ser para alguien famoso), ni una sola modelo caucásica (se cree que no tener a ninguna persona blanca en la portada es un riesgo comercial).

El salto definitivo, y la pieza que les valió el reconocimiento de que ya no eran una revista frívola para adolescentes, llegó con el famoso artículo de Lauren Duca en el que hablaba de cómo Trump había manipulado a todo el país haciendo gaslighting.

La versión digital de Teen Vogue es la que da más cobertura a la política. Phillip Picardi, su director de solo 25 años, fue contratado mientras trabajaba en la web sobre belleza y bienestar Refinery29. Cuando le entrevistaron para este trabajo, dijo, "tenemos que darles más a nuestras lectoras. Creo que es muy importante hablar sobre derechos reproductivos, género... Tenemos que meternos en política, darles noticias. Básicamente, por omisión, estamos asumiendo que no les interesan estas cosas".

Tal y como explicó Picardi a Ruby Warrington, de The Guardian, "al principio este contenido era un pequeño porcentaje de nuestro tráfico, teníamos que hacer que nuestra audiencia respondiera"". Y lo consiguieron. "Un año y medio después, el tráfico de toda la web ha subido un 200%. Finalmente hemos conseguido llegar a los 10 millones de usuarios únicos el mes pasado".

Elaine Welteroth, la editora de la versión en papel de Teen Vogue, también está cambiando las normas del juego desde dentro. Welteroth es la segunda editora negra que tiene Condé Nast (el grupo comunicativo al que pertenece Vogue), en sus 108 años de historia. Desde que llegó al puesto, sus portadas han estado llenas de chicas de color y sus páginas de historias sobre apropiación cultural y feminismo.

Cuando desde de The Guardian le preguntaron a Welteroth si se consideraba a sí misma una activista, ella cogió el número de diciembre con Rowan Blanchard (la chica Disney) en portada y dijo, "aprendo mucho de las chicas presentamos, y la estrella de Riley y el mundo (Rowan Blanchard) escribió que 'El activismo es la necesidad de saber, de explicar y de ayudar'. Así que, por su definición, si soy una activista. Y creo que las lectoras a los que llegamos también se consideran a si mismos activistas".

Pero, ¿se ven las lectoras de Teen Vogue de la misma forma que las ven sus editores? Warrington habló con Paige Wagner, una lectora de 16 años que le confirmó lo que desde la revista han visto claro. "Las recientes elecciones han traído a la superficie un montón de problemas importantes que no estaban teniendo la atención que se merecen, como los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBI y la inmigración".

Wagner es la demostración en palabras de ese 200% de aumento de audiencia que, aunque en muchos casos no hayan cumplido la mayoría de edad, quieren saber realmente qué pasa en el mundo. "Ahora es importante que se eduque la mente de las personas jóvenes para que puedan formarse una identidad política. Somos el futuro de América".

[Vía The Guardian]

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