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Nacieron gemelos, pero uno creció como judío y el otro fue nazi

Lo fascinante no eran las diferencias, sino las similitudes

Jack Yufe y Oskar Stohr tenían 21 años cuando se encontraron por primera vez como adultos.

Fue en una estación de tren alemana, y ambos estuvieron tensos.

No hablaban el mismo idioma y su parecido físico les violentaba. Lucían el mismo bigote aseado y las entradas de su pelo se detenían exactamente en el mismo lugar. Pero había más: llevaban gafas de monturas metálicas similares y chaquetas deportivas de tonos pálidos a juego.

“Nuestra ropa era idéntica. Pero yo la había comprado en Israel y él en Alemania. Exactamente del mismo color, con dos botones”, recordaba Yufe en un documental de la BBC en 1999.

No era una simple casualidad. A pesar de que no recordaban la última vez que habían estado juntos, Yufe y Stohr eran gemelos.

Tras esa complicada primera reunión, Yufe y Stohr formaron un vínculo complicado pero duradero que les puso en el centro de incontables debates sobre la natualeza y la crianza.

Al fin y al cabo, las diferencias entre sus educaciones eran mucho más pronunciadas que las que experimentan la mayoría de gemelos separados por las circunstancias: uno había sido educado en el judaismo, el otro fue nazi.

Un encuentro complicado

Nacidos el 16 de enero de 1933 en Puerto España, Trinidad y Tobago, hijos de un judío rumano y una católica alemana. Tenían seis meses cuando sus padres se separaron. Oskar se fue a a Alemania con su madre, Elizabeth, Jack se quedó en Trinidad con su padre, Joseph.

En Alemania, la educación de Oskar coincidió con el ascenso de los Nazis al poder. Tenía que saludar con un “Heil Hitler” al director de su escuela, y su abuela le recordaba a menudo que nunca revelara que su padre era judío. Más por supervivencia que otro cosa, acabó enrolándose en las Juventudes Hitlerianas.

En Trinidad, Jack fue educado como judío por su padre. A pesar de que sabía que era judío, no sintió el peso de su identidad hasta que, con 15 años, su padre le mandó a vivir a Venezuela con su tía, la única pariente europea de su padre que había sobrevivido al holocausto. Al cabo de un año, ella le instó a marcharse a Israel, dónde acabó siendo oficial de la Marina Israelí.

En 1954, antes de viajar a Estados Unidos, donde su padre se había instalado, Jack decidió pasar por Alemania para buscar a su hermano, con quién llevaba años comunicándose por correspondencia.

Así surgió el complicado encuentro en la estación de tren.

"Nos veíamos como enemigos"

Al verse en persona, sus similitudes físicas fueron tan inmediatamente evidentes como sus diferencias culturales. Al ver las etiquetas israelís en el equipaje de Jack, Oskar las quitó y le pidió a su hermano que dijese que venía de Estados Unidos.

“Nos veíamos el uno al otro como enemigos, ninguno de los dos iba a cambiar. Nos mirábamos con suspicacia”, admitía Yufe a la psicóloga Nancy Segal, quién relató ese primer encuentro en su libro Indivisible by Two: Lives of Extraordinary Twins

Tras seis días intentando un acercamiento –incluso hicieron un crucero juntos por el Rin– que no se produjo, se despidieron con un apretón de manos y no volvieron a verse durante 25 años más.

Lo que les volvió a unir fue un estudio sobre gemelos realizado por la Universidad de Minnesota en 1979. “Pensé que quizá sería una buena idea... encontrarnos en un territorio neutral para profundizar en todos nuestros sentimientos encubiertos”, decía por entonces Yufe al Los Angeles Times.

Durante muchos años, sus diferencias culturales, políticas y religiosas les habían convertido en protagonistas de titulares sensacionalistas del tipo “Gemelos: Nazi y Judío”, con la esvástica impresa sobre la foto de un hermano y la estrella judía sobre la del otro.

Sin embargo, el estudio de Minessota puso de manifiesto que lo realmentefascinante de su caso eran las increíbles similitudes entre sus hábitos y temperamentos.

Las increíbles similitudes

Ambos leían libros de atrás hacia adelante, se ponían gomas elásticas en la muñeca, estornudaban de manera violenta en los ascensores, tiraban de la cadena antes y después de usar el lavabo y llevaban trajes de baño ajustados.

Años después, sus respectivas mujeres se dieron cuenta de que andaban e, incluso, tropezaban de la misma forma.

En su libro, Segal explica que algunas de estas similitudes podrían explicarse por la genética. La manía por tirar dos veces de la cadena, por ejemplo, podría tener que ver con la sensibilidad de los gemelos a los gérmenes.

Gracias al estudio, y a subsiguientes visitas, los hermanos pudieron conocerse mucho mejor. Pero su relación nunca dejó de ser espinosa. Hubo diferencias que perduraron: nunca se pusieron de acuerdo sobre el conflicto Israel-Palestina, o sobre quién fue responsable de la Segunda Guerra Mundial.

Tras su paso por el ejército israelí, Yufe se asentó en San Diego, donde abrió una tienda de ropa a la que fue a trabajar cada día hasta hace dos años. Murió este lunes a causa de un cáncer de estomago.

Oskar, quién se quedó en Alemania trabajando como minero y soldador, había muerto en 1997, también a causa de un cáncer.

“Tenían lo que yo denominaría como una increíble relación amor-odio”, decía Ruth, la esposa de Yufe, a Associated Press a raíz de su fallecimiento. “Estaban fascinados por el uno y el otro, fascinados por sus similitudes, intrigados por el hecho de que sus peores rasgos se reflejaran en el otro. Tenían un carácter fuerte y perdían los nervios rápidamente. Eran impacientes y exigentes. Pero sus familias les querían”.

En cierto modo, es reconfortante que una historia que podría haber quedado oscurecida por el odio acabe unida por el amor.

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