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Erdogan acomete el 'memoricidio' del pueblo kurdo con el borrado de sus monumentos

"Al derribar esos indicadores el estado no está solo destruyendo los monumentos, sino la memoria de ese espíritu y, en última instancia, la conciencia construida por el movimiento kurdo"

Twitter/Ayten Acar‏

El Kurdistán turco está siendo víctima de un "memoricidio" calculado. Sus habitantes están presenciando cómo funcionarios turcos están desmantelando los monumentos conmemorativos de su historia sin poder hacer nada al respecto. Solo observar inmóviles como la memoria de la identidad cultural de su pueblo se desvanece de sus calles.

En 2015 se desencadenaron batallas callejeras en la ciudad de Diyarbakir después de que se levantara un alto al fuego entre el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el Estado turco. El año pasado la administración de Reccep Tayip Erdogan desarrolló una intensa campaña contra los partidos políticos kurdos. Y ahora su rechazo a la cultura minoritaria se evidencia con las desapariciones de representaciones de su historia. Entre ellas, un mural dedicado a un político kurdo fallecido, relieves de piedra que ilustran escenas del reino kurdo de Marwanid y placas en las que aparecen nombres de niños asesinados durante el conflicto kurdo en Turquía.

Los llamados Kayyumlar, administradores estatales nombrados por el Ministerio de Interior turco, son los encargados de dirigir estas operaciones. Ellos lideran los gobiernos municipales desde que decenas de alcaldes, elegidos democráticamente, empezaron a ser arrestados 18 meses atrás. Una represión sin precedentes, similar a la que viven desde el frustrado golpe de estado miles de intelectuales del país, que se ampara en acusaciones de apoyar al partido al que Erdogan tacha de terrorista: el PKK.

Agence France Presse (AFP)

"Al derribar esos indicadores, el estado no está solo destruyendo los monumentos, sino la memoria de ese espíritu y, en última instancia, la conciencia construida por el movimiento kurdo", lamentó a Middle East Eye el antropólogo especializado en estudios kurdos de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, Adnan Celik. "No solo es una destrucción de la ciudad física, como ocurrió durante la represión, sino también de la memoria pública: es una forma de memoricidio", añadió.

Hoy las nuevas políticas del gobierno turco se palpan en los rincones de Diyarbakir de diferentes formas. Aún se aprecian los restos del monumento destrozado que evocaba a Ugur Kaymaz. Un joven de 13 años, que murió disparado por los soldados turcos en la ciudad de Kiziltepe en 2004, cuya estampa representaba una realidad innegable.

"Kaymaz solo fue asesinado porque era un kurdo. Hay cientos de casos así y el monumento hacía referencia a ello", añadió al mismo rotativo el exasesor del alcalde de Diyarbakir, Serif Derince.

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