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La artista voyeur que espiaba a las ‘camgirls’

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Una visión estética de las ‘chicas de la webcam’, más allá del erotismo

Luis M. Rodríguez

04 Marzo 2015 10:30

Fotografías de Lindsay Dye para la serie Camgirls

Londres, finales de los 90. La joven Tanya llega a Heathrow desde Moscú acompañada por su hijo de 10 años. Van a encontrarse con el prometido inglés de ella, pero él no aparece. Ha cambiado de idea. El plantón deja a Tanya en una situación difícil: confusa, sin dinero, sin una mísera dirección a la que dirigirse, la madre acaba presentándose como solicitante de asilo político ante un oficial de inmigración.

Tanya y su hijo son llevados a un centro de acogida de refugiados en Stonehaven. La realidad allí es todo lo gris, fría y húmeda que puedas imaginar. Su solicitud de asilo tardará un año en resolverse, y en ese tiempo no tiene permitido trabajar. ¿Cómo sobrevivir en aquel agujero?

Pronto un par de tipos se aproximan a Tanya con una solución: ellos pueden mejorar su vida, a cambio de que haga vídeos eróticos para internet.



Lo descrito hasta ahora es parte del argumento de Last Resort, película dirigida por Pawel Pawilikovsky a principios de los dosmil, pero podría ser la historia de miles de chicas que acabaron trabajando como 'camgirls' en el pasado. Porque detrás de esas caras y esos cuerpos siempre hay una historia personal que nunca llegaremos a conocer.

Igual que Tanya en la película, Lindsay Dye decidió un buen día probar como camgirl acuciada por la necesidad de dinero.

"Estaba en mi último año en el Pratt Institute de Brooklyn estudiando fotografía. Mi novio me echó del apartamento que compartíamos y necesitaba una manera rápida de hacer dinero porque me estaba ahogando en 120.000 dólares de deuda por los préstamos que había tenido que solicitar para estudiar. Algunas de mis amigas habían hecho sus pinitos en el mundo del sexo online a través de Backpage.com, pero yo tenía claro que no quería tener que encontrarme con nadie en persona". 

Un amigo le habló de MyFreeCams como posibilidad. Lindsay se registró y comenzó a actuar frente a la cámara.



"Allí actúas a cambio del dinero que tu canal genere. La mayoría de las chicas se desnudan y hacen su show sexual, pero también hay gente que canta, que dibuja frente a la cámara y mucha gente que juega a juegos de cartas".

Lindsay se decantó hacia la primera opción. Las cosas, sin embargo, no terminaban de funcionar para ella.

"Tenía problemas navegando por mi chat. No sabía cómo actuar y mantener la atención de una audiencia. Sabía que estaba haciendo algo mal porque no estaba logrando hacer dinero. Así que empecé a meterme en las salas de chat de otras mujeres en busca de un tutorial de lo que debería estar haciendo".



Su foco de interés no tardó en cambiar. Más allá del aprendizaje erótico, aquellas chicas empezaron a despertar su interés artístico.

En aquellas mujeres veía a personajes dramáticos deseosos de ser deseados, heroínas anónimas que parecían posar para ella. Ella a la vez fotógrafa, voyeur y musa de cada actuación.

"A medida que iba navegando a través de miles de salas de chat me di cuenta de que aquellas mujeres elaboraban sus propios sets, ellas son sus propios estilistas, deciden cómo se muestran dentro del marco de la pantalla. Las imágenes que estaban generando algunas de aquellas chicas se parecían a las fotografías de artistas que yo estaba estudiando en la escuela, gente que escenificaba sus fotos, como Cindy Sherman, Alex Prager, Lise Sarfati".  



En el espacio de un año, Lindsay acumuló varios miles de disparos que nos muestran a todo tipo de mujeres que se ganan la vida exhibiéndose frente a una cámara. Pero su interés fotográfico no es sexual. Sus retratos eluden la desnudez, buscan acceder a la persona, sugerir una historia de lo que puede haber detrás.

"Empecé a fijarme en las mujeres que se relacionaban con la cámara de una manera no sexual; mujeres durmiendo, fumando, llorando... Mi otro interés era reflejar lo democrático que era el site. Todas las razas están presentes, todas las tallas, mujeres que son convencionalmente sexy y mujeres que no lo son. Elijo las imágenes con la mente de un fotógrafo o editor de foto. Me fijo en la iluminación, en los gestos, en el encuadre... Y luego hay personajes de los que me sentía más atraída cuanto más miraba y cuya personalidad llegué a conocer en cierto modo".



Nuestra protagonista empezó a documentar no sólo a las mujeres que encontraba interesantes, sino también sus espacios, los marcos en los que se mostraban. Los fondos de color, la repetición de papeles pintados o las colchas estampadas le recordaban a obras de Mondrian o Rothko. Todo lo que fotografiaba lo veía en cierto modo conectado a la historia del arte.

"La serie no va sobre la representación del cuerpo femenino y la mirada masculina versus la femenina y bla bla bla. Tiene más que ver con reflejar un intento de emprendeduría y la afirmación de una voluntad personal basada en la representación de uno mismo, ya sea a través de desnudarse o no. Las mujeres que hacen dinero en estos portales están desnudas todo el tiempo. Las mujeres que me atraían eran mujeres que tampoco estaban teniendo éxito, no estaban haciendo dinero, sus 'camscores' eran bajos... pero había algo especial en cada una de ellas. El proyecto es más un archivo de héroes ignorados del webcamming y de temas repetitivos vistos en la fotografía contemporánea y la pintura moderna".

Lindsay se dice interesada en la identificación grupal, en las nuevas representaciones culturales y los nuevos estereotipos, en la degradación del lenguaje y las maneras en que nos presentamos a nosotros mismos en la era de internet. Su vida personal alimenta su práctica artística. 

"Nunca contacté con estas mujeres. No saben que son parte de un proyecto artístico y soy consciente de que estoy violando su privacidad. Estas fotos entran en el discurso entre la imagen pública y la imagen privada".

"Yo admiro a estas mujeres, soy una de ellas, trabajamos juntas todos los días. Todas nosotras somos fotografiadas y filmadas cada vez que conectamos a nuestras salas de chat. Además equiparo la acción de sacar una fotografía o hacer una captura de pantalla a la fotografía de calle. ¿Qué hay de privado en una sala de chat a la que cualquiera puede acceder? ¿Acaso Winograd pidió permiso a todas las mujeres que fotografió en la calle?".




Todas las razas están presentes, todas las tallas, mujeres que son convencionalmente sexy y mujeres que no lo son



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