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No te sientas mal: la ciencia dice que cotillear es bueno para la salud

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Un estudio demuestra que compartir cotilleos libera una de las hormonas del placer

Elena Rue Morgue

19 Enero 2017 12:03

Pongamos que estás en una fiesta y te presentan a alguien. La anfitriona, para introduciros, utiliza el único nexo que cree que tenéis en común, el trabajo.

—Pues resulta que ella trabaja en la misma empresa en la que estabas tú antes, creo tiene la misma jefa que tuviste tú. ¿Sonia era, no?

— Sí, Sonia.

Momento tenso de cojones. Tu amiga se pira y te deja con todo el marrón. Odias a Sonia. La odias más que a la gente que come los bocadillos poniendo la parte de abajo del pan hacia arriba. Más que a esos que, cuando le pides que te cierren la puerta al salir, te la dejan un par de centímetros abierta.

La odias como los villancicos odiarían a la canción del verano, y no tienes ni idea de si ella también la odia, o si es su prima hermana o su mejor amiga, así que sonríes y esperas a que ella diga algo.

— ¿Y qué tal te llevabas tú con Sonia? No es mala gente, pero es un poco... ya sabes...

Y entonces os miráis a los ojos y la conexión es instantánea. Os habéis leído la mente, estáis en la misma puta onda. Las dos la aborrecéis con todas vuestras fuerzas, así que, con medias tintas al principio, y con cubos de tinta después, despellejáis a la malnacida de Sonia lo que queda de tarde.

Qué subidón. Qué gustera. Nada une más que descubrir que odiáis a la misma persona, ¿verdad?



Pues resulta que no es porque seas mala persona, que va, es pura química. O, al menos, eso dice un grupo de científicos de la Universidad de Pavia. Por lo visto, cuando cotilleamos nuestro cerebro libera cantidades significativamente mayores de oxitocina, una de las hormonas de la felicidad.

La oxitocina es una hormona de subidón: la liberamos cuando nos abrazamos o cuando follamos. Es la misma hormona que hace que las madres sientan un vínculo tan fuerte con sus bebés. La oxitocina es un chute de felicidad en nuestro cuerpo.



"Trabajo como psiquiatra" explicó la doctora Natascia Brondino, directora de la investigación, a Broadly, "y me di cuenta de que cada vez que mis compañeros y yo cotilleábamos sobre algo nos sentíamos más cercanos. Empecé a preguntarme si habría algún tipo de causa bioquímica para ese vínculo".

Para poner a prueba su hipótesis, Brondino reclutó a 22 estudiantes de una universidad local y las asignó de forma aleatoria a dos grupos diferentes. En el grupo uno, una actriz cotilleó sobre una historia inventada de un embarazo no deseado en el campus. En el segundo, otra actriz les habló de una historia personal sobre una lesión que le impediría volver a hacer deporte en su vida.



Después, se analizaron muestras de saliva para medir el nivel de oxitocina y cortisona de cada grupo. Mientras que los niveles de cortisona (la principal hormona del estrés) descendió en ambos casos, el nivel de oxitocina era significativamente más alto en el grupo del cotilleo.

"Cotillear tiene una función social útil", argumenta. "Acerca a la gente más de lo que la acercaría hablar de un tema impersonal, y nos puede ayudar a descubrir de quién nos podemos fiar y de quién no, ya que podemos escuchar información de personas que no conocemos proveniente de fuentes de confianza".

Así que Sonia, deja un segundito de pensar en ti (como haces siempre), y entiende que no lo hacemos porque te odiemos (que también) es por salud, perra.

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