WHITE BOX RECORDINGS
Todavía recuerdo “Consolamentum” como uno de los mejores debuts de 2010, ya no sólo dentro de su espectro estilístico, el dark ambient o, si se quiere apelar a conceptos más abstractos, a la estela del “mal rollo”, sino de toda la cosecha musical de la temporada pasada. En una escena en que cada vez parece más complicado separar el grano de la paja el suyo era un álbum de asombrosa claridad de ideas y, en especial, de sublime traducción sonora de toda una serie de conceptos y mecanismos bien establecidos. Todo esto, además, puesto en práctica por un ex guitarrista de Oceansize, grupo de rock pesado y compacto, que se desvinculaba así de su pasado, como tantos otros orfebres del drone con currículos repletos de flirteos metaleros, para devenir una de las figuras emergentes más interesantes del lado más tenebroso y temible del circo musical. Les hablo del británico Richard A. Ingram.
Los cuatro paisajes de soledad, devastación y angustia que conforman “Happy Hour”, título chistoso donde los haya, impresionan por la pulcritud y sentido de su rastro sonoro, más experimental, ambicioso y consistente, y por el efecto hipnótico y acongojante que transmite su recorrido. Un disco que se suma a la lista de obras negras y oscuras más destacadas de este año y que reafirma la creencia de que existe ahí fuera una escena de terroristas del sonido que, a la hora de crear e impactar al público, encuentran más razones de peso y más sentido en el silencio, la tensión subliminal y el miedo subterráneo que en el ruido desbocado y el grito vulgar. Ya tarda David Lynch en descolgar el teléfono y llamar a Richard A. Ingram para encargarle la banda sonora de su próxima película.
Julio Pardo