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East Of Eden | PlayGround | Albums musica

Taken By Trees

East Of Eden

7.8

Artista: Taken By Trees



ROUGH TRADE / POPSTOCK!


De literatura y música. A principios del Siglo XX, André Gide seguía explorando la frontera entre literatura y controversia con “La Puerta Estrecha” y su contundente apéndice: “El Inmoralista”. En esta segunda obra (con evidentes tintes autobiográficos), Michel cae enfermo durante su luna de miel con Marceline, descubriendo la clave para su recuperación en la exhuberancia sensitiva de la ciudad de Biskra (Argelia). La música, en esta ocasión, actúa de puerta hacia la sensualidad de aquellas tierras, tal y como describe el protagonista en cierto momento: “el son de la flauta fluía aún, cesaba un momento, se reanudaba; el ruido del agua... Durante unos instantes baló una cabra. Cerré los ojos; sentí posarse sobre mi frente la mano fresca de Marceline; notaba el sol ardiente suavemente tamizado por las palmas. No pensaba en nada; ¿qué importaba el pensamiento? Sentía de un modo extraordinario... Y, por un instante, un ruido nuevo. Abrí los ojos. Era el viento ligero entre las palmas; no descendía hasta nosotros, solo agitaba las hojas altas de las palmeras…”

A la inversa (que no al contrario): de música y literatura. En un momento en el que prensa y público miran hacia Suecia con esperanza, Victoria Bergsman (anteriormente en The Concretes) y su ingeniero de sonido, Andreas Söderstom, deciden ir contracorriente, coger los bártulos y volar hacia Paquistán para grabar el segundo álbum de Taken By Trees tras el nórdicamente gélido “Open Field” (Rough Trade, 2007). Aquí es cuando llega la literatura: para empezar, el gobierno de Suecia puso muchas reticencias a la hora de concederles sus visados, alegando que Paquistán es un país peligroso. No tardarían en comprobarlo: una vez en Lahore, Bergsman era tratada como “propiedad pública y compartida” por todos los hombres debido a su condición de soltera. Söderstom salvó la situación haciéndose pasar por su marido. Entonces empezó el verdadero viaje (musical) de Taken By Trees: un viaje que encontró su puerta, no en la sensualidad de Gide, sino en un misticismo religioso y panteísta que empieza en el título del álbum, “East Of Eden”, y acaba en “Bekannelse”, la novena y última canción.

Y es que “East Of Eden” tiene mucho de viaje, de experiencia religiosa de una intensidad similar a la descrita por Gide. La apertura con “To Lose Someone” es una de esas puertas de bienvenida en medio de la nada, encuadrando un rectángulo de desierto en el que la arena en eterno movimiento va mezclando lentamente dos dunas dispares: la voz apocada y dulce de Victoria Bergsman llega desde el norte para caer a los pies de una lúbrica sonoridad sureña y cálida pero nunca calurosa, con especial protagonismo para el sitar, las flautas y una voz masculina entonando un emocional canto paquistaní. “Anna” supone la visita al poblado: se abre con una grabación de campo en la que es fácil percibir el polvo de la calle de tierra mientras un improvisado coro recita un mantra repetitivo que da paso a una de las composiciones más occidentales (y formales) del lote: aquí, Taken By Trees recuerdan con melancolía su DNI sueco, de forma que la identidad oriental se remite a la percusión de madera y a los coros africanos de Noah “Panda Bear” Lennox (Animal Collective). Pero el momento para la morriña queda superado con el tema más impactante del álbum: “Watching The Waves”, donde las múltiples capas de instrumentación paquistaní (flauta bansuri, sitar, tabla, dhol y palmas) se abren con la exhuberancia de una rosa del desierto: pétalos de piedra, tacto suave… Un festín sensitivo en el que no es difícil imaginar a Victoria Bergsman en el lugar del Michel de “El Inmoralista”.

Grayest Love Of All” es una nana en la que los dos mundos vuelven a entremezclarse mientras el sol se pone y se cierran los ojos; un preludio al puente de ensoñación sueca que resulta ser “Tidens Gang” (cantada en el idioma natal de Bergsman). Pero en el amanecer es cuando Paquistán se percibe con mayor viveza: “Wapas Karna” son casi tres minutos de grabación a pelo de un canto paquistaní tradicional, sin ningún tipo de intromisión por parte de la banda. Muy inteligentemente, y tras el interludio folclórico, Taken by Trees deciden tender una cuerda al oyente occidental a la vez que pagan la colaboración de Lennox con una versión minimalista y primitiva (más primitiva que la original, si cabe) del “My Girls” de Animal Collective, retitulada “My Boys” para la ocasión. La recta final del álbum se enfila con “Day By Day”, una fiesta de despedida por todo lo alto en la que la percusión y el viento se infectan con un rítmico virus paquistaní. Cerrando el álbum, “Bekkanelse” supone esa cabecadilla que todos damos en el avión. Y como los sueños son incontrolables, a Bergsman le da por fusionar una atmósfera morisca brumosa con una letra surgida de un poema de Hermann Hesse.

En general, y como cualquier viaje que hagas tú o que haga yo, “East Of Eden” tiene sus cumbres y sus momentos muertos, sus epifanías místicas y su aburrimiento sordo, su euforia y su abulia…Pero también, como en cualquier viaje que hagas tú o que haga yo, lo que queda al final son los recuerdos de los buenos momentos: polaroids musicales de colores quemados que prueban que, a la hora de diferenciarse de sus compatriotas suecos (entre los que, no lo vamos a negar, no consiguieron destacar con su primer álbum), a Taken by Trees les sienta más que bien este baño en aguas de una religión exuberante y misteriosa que saben capturar en formato de cuatro minutos. Al álbum le han llovido las comparaciones con Animal Collective en su recuperación de ritmos ancestrales a la hora de abordar la deconstrucción del formato pop, pero lo cierto es que “East Of Eden” tiene menos de experimentación que de fusión, de mestizaje bien entendido sin alejarse demasiado del formato canción.

Desde Gide (y antes de él), muchos son los que han buscado inspiración escapista en tierras lejanas. Y aunque la experiencia paquistaní de Bergsman resulta cortita como una evasión de fin de semana con RyanAir, sorprende la profundidad con la que la sueca consigue capturar la belleza desbordante de una cultura esquiva, embotellar sus sonidos líquidos y sensuales e incluso transformar en música los colores tórridos de la mirada paquistaní. Lo dicho: perdonadme por la literatura… pero disfrutad la música.

Raül de Tena

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