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Sónar 2012: la crónica del jueves

Nostalgia con New Order, mal rollo con Trust, freakismo con Mostly Robot, geometría con Flying Lotus y buen rollo por todas partes

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Sónar 2012: la crónica del jueves | PlayGround | Articulos Musica

Sónar comienza como un tiro: entradas agotadas en jueves y también para las jornadas de este viernes y sábado en el CCCB. En lo musical, buenas vibraciones, rarezas divertidas y ritmos de baile arriesgados con Flying Lotus, DJ Spinn & DJ Rashad y Trust. Ah, y New Order, parte 1.

En rueda de prensa dijeron los organizadores de Sónar que la previsión de público para este año estaría en los 80.000 espectadores, y por ahora los números parecen encajar: la primera jornada se saldó con un ‘todo vendido’ –pleno absoluto en el CCCB, que no siempre se había llenado en jueves en otras ediciones de Sónar–, al que hay que sumar los tíckets agotados para las jornadas diurnas de viernes y sábado, a la espera de ver cómo reacciona el público en las dos noches que nos quedan por delante.

En lo musical, el balance es altamente positivo: New Order saldaron su deuda histórica con Sónar en el concierto inaugural de esta noche y en los escenarios del CCCB –Hall, Complex, Dome y Village– asistimos a DJs revoltosos, directos divertidos y un festín de bajos gordos y melodías irregulares. De DJ Spinn & DJ Rashad a Flying Lotus, de Mostly Robot a Trust, de Totally Enormous Extinct Dinosaurs a Thundercat, así vivimos un primer día de Sónar 2012 que ya vuela hacia su conclusión épica como un avión.

d.Forma (SónarHall)

Es realmente encomiable ser bienvenido a esta edición de Sónar con un puñetazo en la cara de estas características. En un SónarHall por el que se colaban los rayos de luz del día, formando un ambiente surreal, el barcelonés Mario G. Ferrer nos dio una lección de ruido con ayuda de su MacBook y una Roland MC-909. Sonó mucho más abrasivo en directo que a lo que nos tiene acostumbrado en disco: escuchen como muestra su evocador “Amplia Grey” (Lovethechaos, 2011), pues a las grabaciones de campo y la música incidental que le caracterizan, Ferrer añadió capas de ruido ensordecedor, eso sí, sin entrometer el core a veces delicado de su música. ¿Alguien ha sobrevivido a un incendio? Pues el sonido de las llamas devorando su alrededor sería algo parecido. Dani Relats

El_Txef_A (SónarVillage)

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No es ninguna novedad que hacerse cargo de un escenario Sónar el primer día a la una de la tarde no es tarea fácil. Primero, porque nunca sabes cuánto y qué tipo de público te vas a encontrar. Segundo, porque hay propuestas musicales que a esas horas sencillamente no entran. No es el caso de la música de El_Txef_A. Su deep house y, sobre todo, los temas más orientados al pop que ha facturado en su álbum de debut, tenían potencial para sentar como un guante bajo el sol del SónarVillage. Y eso es lo que ha ocurrido cuando han sonado temas como “Breath” o “Broken Bridges”, que han conseguido levantar del césped artificial a los más ávidos de baile. Ante el desconocimiento del entorno, Aitor Etxebarría ha sido pragmático; ha dedicado la primera media hora a sonidos más cercanos al dub para ir añadiendo paulatinamente más elementos rítmicos, más graves y acabar con material inédito y bailable. Discreto pero efectivo, a pesar de que las condiciones sonoras del stage no le han ayudado demasiado. Mónica Franco

Eltron John (SónarDôme)

Eltron John se suma a la ya larga lista de músicos y DJs ambiguos que nos ha dado la música experimental. En el escenario, el polaco iba con una melena a lo colegiala simpática, un vestido negro feísimo que dejaba mostrar canalillo –lo suficiente para comprobar que no tiene tetas, sino un poco de pelo sobre un pecho de polluelo–, pero la ambigüedad ya estaba sembrada. ¿Travestido o actor? Luego le vimos fuera del escenario, vestido normal, y parecía Nathan Fake, aunque mientras pinchaba su house crujiente y gordo no podíamos dejar de pensar en una versión eslava y con sentido del humor cafre del tremendo DJ Sprinkles, el alias dance de Terre Thaemlitz. El caso es que tuvo a la gente moviéndose como si fuera una perfecta fiesta universitaria. Daba grimilla por el aspecto, pero su música tenía rollo. Mario G. Sinde

Jeremiah Jae (SónarVillage)

Jeremiah Jae, el más reciente de los pupilos que Flying Lotus se ha traído para su showcase de Brainfeeder, ha pecado de eso: de novato. O quizás las expectativas depositadas en su actuación eran muy altas. Además de que hacen falta tablas y presencia escénica para llenar la inmensidad del escenario SónarVillage. A Jae sólo le acompañaban su laptop y un micro, un planteamiento que puede funcionar a la perfección en salas pequeñas, en la intimidad del club, pero que se ha quedado algo pobre para la ocasión. Le precedía la fama de facturar beats alucinógenos acompañados de ese flow arrastrado y taciturno. Sin embargo él ha comenzado con producciones mucho más ortodoxas, más old school, atropellándose en la rima. No ha sido hasta mitad de actuación que ha soltado definitivamente el micro, se ha sentido más cómodo y ha empezado a despachar ritmos abstractos, mucho más oscuros e inquietantes (incluso se han escuchado algunos breaks de inspiración rave). Demasiado espontáneo o, lo que es lo mismo, muy poco preparado para la ocasión. MF

Lapalux (SónarVillage)

Con la responsabilidad de prender la mecha del showcase de Brainfeeder, Lapalux se encontró con un SónarVillage aún a medio llenar (se notaba que era jueves y que, extranjeros a parte, el público local tenía que cumplir con sus obligaciones laborales). Armado con un laptop y un controlador midi (y con FlyLo apareciendo esporádicamente para pasarle algo de fumar), el británico ofreció una descarga de beats nebulosos y psicodelia glitchy muy en la línea de su último EP para el sello californiano. Una receta a base de texturas granulosas y evoluciones deslavazadas que acabó tornándose un tanto espesa, quizá por el abuso del delay a la hora de retorcer los tracks. Y es que, paradójicamente, los momentos más sugerentes llegaron con salidas por la tangente como acapellas de Danny Brown o fragmentos del “I'll Be Missing You” de Puff Daddy. Aún así, el conjunto acabó resultado demasiado homogéneo y en ningún momento acabó de despegar. Franc Sayol

Daedelus Archimedes Show (SónarHall)

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Si no lo he entendido mal, resulta que un ex presidente de Cataluña y una acumulación exagerada de público tuvieron la culpa de que conseguir entrar en el show Archimedes de Daedelus se convirtiera en toda una proeza. Había gente quejándose, otros que se inquietaban, pero al final los que tuvimos paciencia conseguimos traspasar la barrera y poder ver, por fin, al gran dandy de la electrónica en su nuevo ‘cuerpo’. Archimedes es un espectáculo audiovisual impresionante, y como el proyecto ISAM de Amon Tobin, que se podrá ver esta noche, es una experiencia para bucear en ella. Daedelus reproduce la energía de la música de baile relacionada con todo lo hardcore y rave –que es algo que apela al gusto de mucha gente– y lo acompaña de una representación visual en la forma de una máquina de espejos, no demasiado lejos de los efectos especiales de Hollywood en más de una ocasión. Incluso se me vienen asociaciones con el steampunk, sobre todo al ver a Daedelus en su traje elegante de época distorsionado en diferentes formas, al ser reflejado por su máquina de espejos –y que daba la sensación de que la música despertaba a la vida–. La invención de EMN y Daedelus ha permitido integrar un elemento visual más allá del truco fácil, porque es algo que está muy fuertemente vinculado con la música y su trabajo anterior, y eso me hace tener fe en que habrá todavía mucho espacio para que siga desarrollando su trabajo en el futuro. Archimedes es el próximo paso lógico en su evolución, tal como lo demuestra el directo. Se lo ha trabajado duramente, y ha conseguido de paso atraer al público con una propuesta más atractiva que la que siguen otros músicos parecidos a él. A mi alrededor tenía punks (sin perro), jóvenes ravers y ravers veteranos, e incluso un tipo que bailaba con muletas, y todo iba bien hasta que a los 30 minutos de empezar un corte de energía se llevó por delante a Archimedes. Se reajustó el volumen a las proporciones de la audiencia y los monitores, y cuando todo volvió a comenzar se escucharon aplausos. Prueba de que Daedelus ya había conquistado antes a todo el mundo. Laurent Fintoni

Kutmah (SónarVillage)

El papel que le ha tocado interpretar a Kutmah esta tarde en el showcase de Brainfeeder es un arma de doble filo: puede hacer que se te ignore por completo o puede que te convierta en uno de los héroes de la tarde. Kutmah ha sido lo que todos conocemos como DJ de continuidad. Ha salido al escenario varias veces, entre las actuación de sus compañeros, con escasos 15 ó 30 minutos por delante para mantener los ánimos bien arriba con su selección. Y el tipo lo ha clavado. No sólo ha demostrado que es un selector exquisitamente heterogéneo (por sus platos han pasado cumbia arcaica, disco y funk cachondos, hip hop de ayer y de hoy, reggae…) sino que además es de técnica talentosa, con mezclas ágiles que le han permitido encajar en el escaso tiempo con el que contaba toda la música que le ha venido en gana. Y le ha sobrado tiempo para hacer las veces de speaker e ir presentando las actuaciones de sus colegas de sello. Si con aquello de “Free Kutmah” le cogimos cariño, después de lo de esta tarde lo que sentimos es devoción. MF

Yosi Horikawa (SónarDôme)

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El ambiente ya era 100 % Sónar cuando salió el japonés: público desmadrado y eclecticismo estético, como si fuera la cantina de Star Wars. Buena acogida para  su música: beats robustos, con cierta tendencia a crujir  y melodías que recuerdan a la IDM de toda la vida –Plaid, quizás– pero con un toque orientalizante y, en general, un gusto por los registros agudos. Su propuesta podría encajar sin problemas entre cualquiera de las de Brainfeeder que ocupaban el escenario vecino. A medida que avanzaba su directo, los ritmos, que comenzaron con una cadencia  hip hop, se iban acelerando y volviendo más tribales. Al final, con la profusión de tambores que sonaban, nos acordamos de la banda sonora de “Akira”. Hay que seguir los pasos de este tipo. DR

Masaki Batoh – Brain Pulse Music (SónarComplex)

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La imagen de Diana, una chica con rastas erigida en voluntaria del experimento más curioso y desconcertante de la primera jornada diurna de Sónar, con la cabeza cableada y parapetada tras casco estilo soldador, imponía respeto y algo de miedo. Junto a ella, el agitador japonés Masaki Batoh, conocido sobre todo por su militancia en Ghost, jugueteaba con cacharros, instrumentos y sonidos raros –cantos budistas, ocarinas, ruidos indescifrables– con el objetivo de encontrarle un sentido zen a su proyecto de Brain Pulse Music”, que extrae un sentido rítmico y musical de las ondas que emite el cerebro. En 2012 el zen es relativizar y desdramatizar la derrota de tu equipo en las semifinales de la Champions League, pero Batoh se empeñó en ir un poco más allá en esa búsqueda, y eso le honra. Habrá quien diga que todo esto no dejan de ser milongas, un nuevo episodio en la escalada de ladrones de guante blanco que se esconden en el poblado reino de la música experimental, pero esta búsqueda del creador nipón me pareció sincera y convencida de sí misma, un curioso y por momentos atractivo ejercicio de noise neuronal con excusa conceptual y aprovechables resultados artísticos. David Broc

Thundercat (SónarVillage)

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Después de salir del espacio cavernoso del SónarHall para ir a ver a Thundercat en el escenario vecino del SónarVillage, el regreso a la luz solar y el calor se presagiaban como el entorno ideal para que apareciera el virtuoso bajista y nos ofreciera un directo refrescante y orgánico con el que romper la dinámica del festival, que consiste en escuchar durante un día, y sin descanso, todo tipo de música electrónica. La banda que le rodeaba era sólida y ofreció una mezcla de los temas más reconocibles de su álbum con lo que parecían jams profundas, más extensas –y que sumían al público en una especie de trance hasta que les despertaba un crescendo explosivo–. El crecimiento de Brainfeeder en magisterio instrumental se perfila como un contrapunto interesante con el sonido principalmente digital que ha sido la estética del sello hasta ahora. Tal como dice un amigo mío, ‘es como jazz para la chavalada’. Generalizando un poco, es también darle a una nueva generación la oportunidad de entender de dónde viene esta música que tanto les gusta. Por otro lado, Thundercat es un bajista extraordinario, y siempre mola ver a un bajista mandando en un grupo, además de que es el músico perfecto para el cruce que se ha producido en Los Ángeles en los últimos años entre la cultura del sound system y los beats abstractos, y de la que Brainfeeder es la casa madre. El bajo lo inundó todo. LF

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