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Resumen 2013: los mejores discos del año, parte 3

Final de la cuenta atrás hacia el mejor álbum que se ha editado en los últimos 12 meses. Hoy, descendemos de la posición 25 al rutilante número 1

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Hemos llegado al final del trayecto en nuestra lista de discos internacionales de 2013, el que cubre de las posiciones 25 al 1, donde encontramos nuestro disco favorito del año. Para saber cuál es, comienza a leer.

Y finalmente entramos en el tercer y último bloque, el de los últimos (¡los primeros!) discos de nuestra lista de mejores álbumes internacionales de 2013. Es un tramo que comienza en el puesto 25, donde está el tóxico y apocalíptico “A Fallen Empire” de Kerridge, y que acaba en el número 1. No nos andaremos con rodeos ni con preámbulos: para saber cuál es, sólo debes descender la lista, un disco tras otro, hasta llegar a los puestos de honor.

25. Kerridge: “A Fallen Empire” (Downwards)

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“A Fallen Empire” se empapa del sonido oscuro, oxidado y rechinante del post-techno viscoso que asociamos a la vieja escuela de Birmingham que ha llegado incólume hasta hoy: el Regis que se ha reinventado en Blackest Ever Black y el Surgeon experimental, que no en vano es quien pone la pasta para que el álbum, en imponente doble vinilo, acabe planchado en Downwards. Kerridge, empero, es otra cosa. Hay beats a paso de mamut, atmósferas calcificadas y negras, sensación de presión, como si el tiempo empezara a ralentizarse y estuvieran a punto de abrirse las bocas del infierno: si Vatican Shadow juega con el noise, él lo hace con el suspense y con la sensación de amenaza, de drama inminente que finalizará en tragedia.

Crítica

24. Daniel Avery: “Drone Logic” (Phantasy Sound)

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La calidad de “Drone Logic” no queda nunca en entredicho, no sólo porque los interludios ambientales compensan las ráfagas de energía y equilibran el conjunto (“Platform Zero”, “Spring 27”), sino porque cuando menos se espera sale con un híbrido de progressive y shoegaze como “New Energy (Live Through It)” al más puro estilo de Death In Vegas o Two Lone Swordsmen para confirmar algo que al principio del disco ya se intuye como una fuerte premonición: ecce homo (he aquí el hombre) que volverá a reverdecer los laureles del dance de masas de calidad.

Crítica

23. Kurt Vile: “Waking of a Pretty Daze” (Matador)

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Kurt Vile es un hombre con confianza, con seguridad en sí mismo, tiene la certeza absoluta de manejar un material de calidad, y esa es la gran clave del disco. La escucha así lo transmite, provocando esa gratificante sensación de ser un trabajo denso que fluye con pasmosa naturalidad, de parecer hecho sin ningún tipo de esfuerzo extra a pesar de los nuevos recovecos sonoros que van descubriendo, entre capas y capas de masa sonora, las sucesivas escuchas. Así recibe el cosmos de la americana, si no lo había hecho ya, al trovador de la lacia melena. Con los brazos bien abiertos.

Crítica

22. Ka: “The Night’s Gambit” (Iron Works)

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En “The Night’s Gambit” nada o casi nada ha cambiado. Ka insiste en un vértice expresivo indispensable para comprender la singularidad de su discurso: la utilización de un telón de fondo musical ajeno a cualquier corriente de opinión, tendencia o conexión con la actualidad del género. En calidad de rapper que se autoproduce y que conoce perfectamente sus propios recursos, el de Brooklyn piensa y orquesta la mejor banda sonora posible para sus relatos, su estética y su universo emocional, y en esa descripción no tiene cabida ni sentido acogerse a ideas, dejes y mecanismos convencionales, acomodados o de sonoridad agradable para el oyente medio. Aún más austero y minimalista que en “Grief Pedigree”, el sonido Ka en 2013 prescinde casi por completo de los beats, fundamenta toda su fuerza en samples de funk oscuro y lo supedita absolutamente todo a la atmósfera.

Crítica

21. Savages: “Silence Yourself” (Matador)

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Aunque aquí hay canciones para parar un tren, “Husbands” es la joya de la corona y no hay nada en el álbum que le supere (aunque sí hay algunas que se acercan a su nivel, por ejemplo, la alocada “Hit Me”). Batería marcial, voces bravuconas, guitarras simples pero insultantemente efectivas, arreones de percusión tras cada verso y ese repetido “Husbands, Husbands, Husbands, Husbands, Husbands” lo convierten en uno de los temas del año en esta remozada versión. Savages cumplen de sobra con las expectativas con un disco en el que todo funciona como un reloj suizo, en el que las cuatro componentes rinden a un nivel envidiable y que, sobre todo, sirve para que su repertorio ahora sea aún más sólido, consistente y largo.

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20. Drake: “Nothing Was The Same” (Universal)

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No encontraremos álbum de R&B, y de hip hop, mejor producido en este 2013 que “Nothing Was The Same”, bellísima demostración de intuición creativa a cargo de Noah ‘40’ Shebib, sabio y hábil en su manera de adaptar la influencia del post-dubstep à la Triangle Records, del chill-wave y del soulful rap a un contexto musical que ya le pertenece por completo y que ha hecho mejor rapper y mejor artista a su socio y amigo. En este disco hay momentos de producción prodigiosa que dejan con la boca abierta: la primera parte de “Pound Cake/Paris Morton Music 2”, a cargo de Boi-1da, teoriza sobre qué ocurriría si RZA remezclara a Holy Other o Balam Acab y “Hold On We’re Going Home” acelera los bpms e intensifica los sintetizadores para orquestar un imparable himno de club con pátina nostálgica 90s.

Crítica

19. Huerco S.: “Colonial Patterns” (Software)

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La música de Huerco S. en este disco –que a veces se compone de viñetas breves o de temas largos con poco desarrollo, como en “Skug Commune”, que suena a tema de nu disco producido por Basic Channel– parece estar en formación (hasta que se detiene) o en proceso de destrucción (hasta que se transforma en otra cosa). Más allá de todo esto, el verdadero y más importante mérito de “Colonial Patterns” es uno más sencillo y primario: se deja escuchar con fascinación de principio a fin, no le sobra nada, se enclava en su tiempo, anticipa futuro, es magnífico y aún así es sólo un síntoma de lo extraordinario que está por venir.

Crítica

18. Rhye: “Woman” (Polydor)

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Muy centrados y aplicados, bajo un aura de relajación casi zen, buscando “emociones sinceras” y apuntándose a la moda de sustituir hormonas exaltadas por cobijo y secretismos, esa que tan buenos réditos ha dado a gentes como Frank Ocean o The Weeknd: así se alinean Rhye con artistas como Destroyer a la hora de dignificar el AOR de los ochenta, y reclaman que se revise a Michael McDonald, Phil Collins o Sting porque ellos también eran, a su manera claro, tan dignos como cualquier otra cosa, puro soul. Rhye se embeben de todo eso para dar con un perfumado “cocktail jazz” destinado a hacer menos incómodos los silencios en ascensores, a tomarle el relevo a “Moon Safari” en las zonas lounge y, de paso, a mejorar las bandas sonoras de un buen puñado de vidas.

Crítica

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