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Las obras maestras: doce discos para recordar a Lou Reed

Del primer disco de The Velvet Underground (¿el mejor del siglo XX?) hasta “The Raven”, repasamos los discos esenciales de la carrera del músico, fallecido ayer

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Las obras maestras: doce discos para recordar a Lou Reed | PlayGround | Articulos Musica

Todos los tributos que se le ofrenden hoy a Lou Reed serán insuficientes: fue un músico de una genialidad inusitada (durante cinco décadas) y el listado de sus obras más importantes corta la respiración. Aquí hemos seleccionado y comentado 12 álbumes para recordarle para siempre.

Se fue Lou Reed, pero queda su música. Si has sido seguidor de su obra, empezando por los cuatro álbumes oficiales de The Velvet Underground y continuando con su carrera en solitario, sin olvidar las colaboraciones décadas después con John Cale, los conciertos de reunión en París y los experimentos con Laurie Anderson, quizá esta lista no te sirva: ya lo debes saber todo. O quizá sí: porque hay tanto bajo el nombre de Lou Reed que siempre vale la pena recordar cuáles fueron sus proezas. Aquí os proponemos una lista de 12 discos para recordarle en un día triste.

The Velvet Underground: “The Velvet Underground & Nico” (1967)

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Si ha habido un disco que ha marcado a futuras generaciones, ese ha sido “The Velvet Underground & Nico”. Aunque al principio sus ventas fueron discretas, una década después se dispararon. El álbum ha influenciado a todo tipo de movimientos que van desde el glam al rock gótico pasando por el punk y el noise. Es, además, un trabajo francamente variado, que va del pop de duermevela al garage rock pasando por el R&B y alguna que otra melosa canción de amor. Y las letras de Lou Reed también merecen un capítulo aparte, pues aquí explora dos de sus temas fetiche: las drogas y el sexo. Es, sin lugar a dudas, una de las obras decisivas del siglo XX en toda su dimensión. RM

The Velvet Underground: “White Light/White Heat” (1968)

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Sin los inputs de Nico y Andy Warhol, “White Light/White Heat” es uno de los documentos más puros y crudos que entregó la Velvet Underground y sus miembros clave: Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker. Aquí se muestran de lo más duros y abrasivos, con sólo una canción dulce y todo lo demás pura rabia y energía. Hay algún ocasional momento de R&B, pero lo que más sobresalen son los temas oscuros y las experimentaciones en clave free-jazz (“I Heard Her Call My Name”) o jams ruidosas (“Sister Ray”). RM

The Velvet Underground: “The Velvet Underground” (1969)

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El tercer disco de The Velvet Underground, de título homónimo, sorprendió a todo el mundo, porque no tenía nada que ver con sus antecesores. Era más sobrio, callado y contemplativo, lo que algunos atribuyeron a la marcha del más vanguardista John Cale, la llegada del nuevo bajista, Doug Yule, y el robo de los amplificadores de la banda justo antes de que empezasen a grabar el álbum. Un documento personal y honesto, que de nuevo muestra a Lou Reed como un excepcional letrista. RM

The Velvet Underground: “Loaded” (1970)

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El disco menos velvet de todos los que editó Lou Reed con The Velvet Underground. Como si aún no fueran conscientes del verdadero alcance de su obra hasta entonces, la banda intentó conquistar la radio con un disco repleto de estribillos azucarados y guitarras mucho más aseadas. A pesar de que un amplio sector de sus fans lo aborrece por considerarlo demasiado comercial, canciones como “Sweet Jane” o “Rock & Roll” permanecen en el Olimpo de sus mejores composiciones. Aunque a muchos les pese, un clásico rock con todas las de la ley. JB

Transformer (1972)

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Tras el fiasco de su primer álbum en solitario, la carrera de Reed volvió a encauzarse con “Transformer”. Uno de los mayores artífices del giro fue David Bowie, fan confeso de la Velvet, quién se convirtió en consejero de Reed y acabó co-produciendo el disco. El flirteo con el glam que caracteriza el disco acabaría siendo fugaz, pero sirvió para que Reed recuperara la inspiración y firmara las dos canciones que, probablemente, más se recordarán estos días: “Perfect Day” y “Walk On The Wild Side”. Su éxito comercial fue clave en el tránsito de Reed de figura de culto subterránea a estrella internacional. JB

Berlin (1973)

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Haciendo gala de aquel punto perverso y displicente que siempre le había caracterizado, un Lou Reed que venía de colocar “Transformer” (RCA, 1972) en los primeros puestos de las listas gracias a canciones accesibles y radiables como “Vicious”, “Perfect Day” o “Walk on the Wild Side”, decidía en 1973 lanzarse a componer el “disco más depresivo de la historia”. El resultado fue un trabajo orquestado y conceptual cuyo embaste argumental gira alrededor de la figura de dos bohemios (una prostituta alemana llamada Caroline y un yonqui norteamericano de nombre Jim) y su descarnada y trágica relación amorosa en una castigada ciudad de Berlín Oeste. Sombrías historias de burdeles, ambientes decadentes, luchas diarias y drogas, desesperación y suicidio envueltas en un ambiente teatral, melodramático y cabaretero que no busca sino ser la traslación sonora afligida y amarga del bajón emocional que sigue siempre a una gran resaca. LMR

Rock N Roll Animal (1974)

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“Berlin” había sido un desastre comercial y Reed necesitaba un revulsivo. Tuvo la ocurrencia de grabar un disco en directo y acertó. Una banda en plena forma, acabados cercanos al hard-rock y la abundancia de solos guitarreros hacían que canciones como “Sweet Jane” o “Rock & Roll” multiplicaran su atractivo ante el público común. A pesar de estar en el cenit de su adicción a la heroína (era la época en la que llegó a pincharse encima el escenario), Reed ofrece interpretaciones apasionadas y punzantes. Cuando hacía falta complacer al público, también sabía. JB

Metal Machine Music (1975)

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El quinto álbum en solitario de Lou Reed supuso un alejamiento radical de todo lo que había hecho hasta entonces. Influido por las exploraciones en clave drone del The Theater of Eternal Music de La Monte Young, Reed prescindió de cualquier noción tradicional de canción para grabar en su propio apartamento una serie de largos pasajes sonoros freeform generados a partir del feedback modulado de dos guitarras eléctricas colocadas frente a una serie de amplificadores; todo condimentado con brevísimos fragmentos sinfónicos robados de obras de Bethoven o Mozart. Ampliamente menospreciado durante décadas, el tiempo ha acabado colocando a “Metal Machine Music” en su lugar: reconociendo su valor como obra radical, arriesgada y única que en cierta manera podría entenderse como precursora de la No Wave, de la primera ola de música industrial, y de toda esa moderna escena electroacústica tendente al drone y al exceso ruidista que ha venido germinando durante los últimos quince años. LMR

The Blue Mask (1982)

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El álbum de la redención. Tras años de alcoholismo y adicción a las drogas, “The Blue Mask” fue el primer disco que grabó totalmente limpio desde que había empezado su carrera. Ello quedó patente en el mimo y la dedicación con la que fueron grabadas unas canciones que recuperaban el sonido crudo de sus primeros años y una formación básica de dos guitarras, bajo y batería. Sus letras dejaron de lado el artificio de la decadencia rock para afrontar sus conflictos existenciales desde una óptica mucho más clara y honesta –ahí está la reveladora “Underneath The Bottle” como mejor ejemplo de ello–. El disco con el que muchos viejos fans volvieron a subirse al barco. JB

Songs for Drella (1990)

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Poniendo fin a muchos años de alejamiento, Lou Reed y John Cale volvían a trabajar juntos para rendir homenaje a la memoria de Andy Warhol, su gran mentor, fallecido en 1987. A sugerencia de Julian Schnabel, Reed y Cale colaboraron de nuevo para componer “Songs for Drella”, siendo Drella el apodo que Ondine, habitual de la Factory, le puso a Warhol como contracción de Dracula y Cinderella. La pareja entregó un ciclo de canciones de instrumentación parca, de humores muy diversos, que se centran en las relaciones interpersonales y las experiencias del propio Warhol, rememorando eventos compartidos, ahondando en las visiones y opiniones del artista y reflexionando sobre lo que ambos compartieron con él. LMR

Magic & Loss (1992)

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16º disco de estudio de Reed que vale la pena rescatar porque irónicamente está inspirado en la muerte de dos de sus amigos cercanos: el compositor Doc Romus y la warholiana Rita Rotten. Se trata de otro álbum doble de 12 canciones, todas dedicadas a la lóbrega visión que Reed tenía de la muerte. No tuvo la acogida que se merecía en su época, pero merece su camino a la gloria por la acertada participación del jazzman Little Jimmy Scott en los coros de “Power And Glory”. AC

The Raven (2003)

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Nada menos que el 19º álbum en solitario del incansable artista, se trata de un personal homenaje al escritor Edgar Alan Poe, conocido por sus escabrosos poemas y relatos de terror. Épica mezclada con momentos de sobria narración en un disco doble de 42 canciones, donde participan vocalistas como su mujer Laurie Anderson o el rey David Bowie, Antony Hegarty, Steve Buscemi y el particular actor Willen Dafoe. En él encontramos una irreconocible versión de la mítica “Perfect Day” y también de “The Bed”. Con el añadido de que curiosamente su co-productor, Hal Willner ya había participado en un álbum tributo de Poe titulado “Closed On Account Of Rabies” (Mercury / Universal, 1997). AC

Lulu (2011)

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El último álbum de Lou, en la que su excentricidad parece tocar techo con una colaboración con los grandes señores del metal: Metallica. El concepto rueda en torno a la homónima obra teatral de Frank Wedekind, datada de 1937 y que cuenta la historia de una bailarina que sufrió abusos sexuales, con ciertos paralelismos con el mito de la Caja de Pandora. El proyecto, creado originalmente para un espectáculo berlinés, cuenta otra vez con la ayuda en la producción de Hal Willner, con el que ya había trabajado con anterioridad en su álbum homenaje a Edgar Alan Poe. Es sin duda una mezcla sorprendentemente equitativa entre la poética de Reed y las guitarras contundentes de los de San Francisco. AC

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