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“Yo no veo mi música tan luminosa como dicen. La veo oscura y sucia”

John Talabot, en su viaje hacia el house ‘inƒinito’

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“Yo no veo mi música tan luminosa como dicen. La veo oscura y sucia” | PlayGround | Articulos Musica

John Talabot ha editado su álbum “ƒin” con dos intenciones: estar orgulloso del resultado y combatir ideas preconcebidas. En esta extensa entrevista, el productor barcelonés –que ya no esconde su identidad verdadera– nos explica todos los porqués.

Ya no hay misterio alrededor de John Talabot. Hace tiempo que se sabe quién es y llega a la entrevista con la cara descubierta, sin ocultar nada –de hecho, nunca escatimó información de manera estratégica, sólo se abstuvo de dar más datos de los necesarios, porque no hacía falta–. Eso sí, hasta el último minuto hay un pequeño rastro de incertidumbre: llega tarde a la cita, y aunque ha avisado de su retraso, quizá pudiera ocurrir que no se presente a modo de golpe de efecto épico, o que mande un impostor en su lugar, como hiciera Thomas Pynchon al ganar el National Book Award tras la publicación de “El Arco Iris De Gravedad”. Pero no, quien entra por la puerta, atropellado y disculpándose, cargado de papeles, es Oriol Riverola, antes conocido como D.A.R.Y.L. y como 50% de The Requesters, y hoy uno de los productores con más personalidad del circuito electrónico, inclasificable francotirador del house, aunque no todo es house en su lenguaje ni en su flamante ƒin” (Permanent Vacation, 2012), un álbum de debut que coincidimos en no saber cómo describir, aunque sí cómo disfrutar: a pierna suelta.

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Oriol da la cara y, por mantener algo de ese misterio que ya se ha ido evaporando, es el periodista quien decide ocultar su verdadera identidad en esta entrevista, a modo de gesto empático y de respeto. En efecto, Roger de Flor es un nombre falso –tomado del temible militar al servicio de la Corona de Aragón del siglo XIII, capitán de los Almogávares, caballero templario y terror del turco que tiñó de sangre el Mediterráneo, del mismo modo en que John Talabot es también un nombre prestado, concretamente del colegio en Barcelona en el que estudió Oriol–. Pero lo que no es falso en absoluto es el discurso coherente, meditado y rebosante de pasión que expone John Talabot en esta conversación; se nota que se ha dejado la piel en este disco, que no ha buscado nada más que explorar en su interior profundo para extraer una rodaja de música sincera y terriblemente personal, lejos de escenas, modas y prejuicios, abstraído del ruido mediático que se ha ido formando a su alrededor en estos meses desde que lanzó “Sunshine” (Hivern, 2010) y lo continuó con “Matilda’s Dream” (Permanent Vacation, 2010) y “Families EP” (Young Turks, 2011). Si ha sentido presión, no se ha notado: “ƒin” es verdaderamente uno de los primeros álbumes importantes de este año, y a continuación John Talabot se sincera –y si le quieres ver en directo, toma nota de dos de sus apariciones públicas más sonadas previstas en su agenda: Sónar y Primavera Sound–.

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¿En qué punto está el tema del anonimato? Porque has venido a esta entrevista en persona y dando la cara.

El anonimato es algo que en su momento consideré que era necesario. Yo tenía otros proyectos y entendí que John Talabot tenía que nacer sin que le afectara ningún prejuicio. Nunca fue una técnica de marketing ni una estrategia para añadir misterio. Nunca me he ocultado activamente, tampoco he escondido mi cara; de hecho, fui a pinchar al Boiler Room y salí como soy. Tampoco reniego de mi pasado. Yo sabía desde el primer momento que el anonimato iba a ser difícil de mantener, sobre todo en España, donde hay mucha gente que me conoce. El 80% de mis amigos están relacionados de una manera u otra con el sector de la música, así que había poco misterio.

Fue un secreto a voces durante muchos meses. Y sin embargo hay mucha gente que aún se sorprende cuando les dices que John Talabot eres tú.

A mí  lo que me sorprende de John Talabot es que se ha metido en este proyecto mucha gente que no escuchaba música electrónica ni iba a clubes. Gente, por tanto, que no estaba al corriente de mi pasado, o que directamente no le interesaba si yo había sacado un maxi como D.A.R.Y.L., o había hecho tal remix. Cuando hago entrevistas en otros países nadie me ha preguntado por el hecho de ser un proyecto anónimo porque no me ven como alguien tan importante como para eso. Les preocupa saber más sobre lo que hago.

Un proyecto que, de hecho, tiene seis años, o puede que más, desde que lo iniciaste. El primer signo de la existencia de John Talabot, de hecho, fue un perfil en Myspace, que todavía existe.

John Talabot surgió de la necesidad de explicar algo muy profundo. Cuando empecé  yo estaba trabajando en una empresa relacionada con la música y durante todo el día estaba escuchando discos, que ampliaban mis gustos o que no me aportaban nada en absoluto. Por aquel entonces ya estaba haciendo música por mi cuenta, pero tenía la sensación de que no me estaba referenciando al 100%. No la sentía mía del todo. Pero los primeros cortes de John Talabot eran distintos, me sentía muy identificado con ese sonido, esa velocidad, reflejaban más mi personalidad, mi auténtico yo. Había amigos que escucharon aquellos primeros temas y me decían “joder, ahora sí se nota que eres tú”.

¿Qué es lo que fallaba en el material anterior grabado con otros nombres?

Todo lo anterior lo veo como una etapa de aprendizaje en mi carrera. Pero John Talabot era algo muy íntimo, cuando hacía música como John Talabot salían cosas que llevaba dentro y que aún no había tenido la manera de sacar.

El house siempre ha sido el estilo que más te ha gustado, de hecho, aunque has sido también un ávido comprador de italodisco e IDM.

Compraba mucho italo y muchos discos buenos de la época, de principios de la década pasada, pero también compraba mucho house de Chicago. Era muy fan de la primera época, del sello Trax, de los primeros maxis de Jesse Saunders y el resto de clásicos, mucho más que de la música que se editó en los 90s, que me gustaba y me interesaba, y que compraba cuando podía, pero que nunca me llegaron a gustar tanto como aquel house.

Comprabas por la coyuntura, porque era lo que compraban los demás, también porque se suponía que había que tener esos discos, ¿no?

Era más joven y, por tanto, era más influenciable. Es lo normal, cuando empiezas lo primero que haces es buscar tu personalidad. Por eso, cuando edité “Goxokis” en Factor City, aquel maxi sonaba tan parecido a lo que estaban haciendo por entonces en Border Community. Comprabas esos discos, también comprabas IDM, y al final querías hacer esa fusión de electrónica con acordes tristones aplicados a un tema de baile que por entonces estaba haciendo James Holden. Pero yo no era James Holden, él era capaz de hacerlo bien y yo no. Con James Holden había un vínculo de gustos: él era muy fan de la primera IDM de los 90s, yo también, pero no tenía las mismas capacidades que él.

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Has descrito muy bien lo que era el sonido de D.A.R.Y.L. al principio. ¿Cómo es el sonido de John Talabot, pues?

Comienza en el house, pero ahora mismo no sé lo que es. Sé que empieza con una idea de hacer música de baile, pero ya no es música de baile al 100%. Es música con mucha personalidad, pero es mi personalidad, y no es fácil de explicar.

Ahora mismo trabajas con tres sellos: Hivern, que es el tuyo propio, Young Turks, donde sacaste el “Families EP” el año pasado, y Permanent Vacation, que es donde ha aparecido el álbum. ¿Cómo vas a repartir el trabajo entre ellos?

Como vaya surgiendo. Mi idea es hacer más música, y también hacer música a medias con Pional, y que vaya editándose. Estoy muy cómodo con Hivern, Young Turks y Permanent Vacation, son tres sellos que cubren muy bien el tipo de sonido que me gusta y me siento parte de ellos.

El álbum, sin embargo, se lo ha llevado Permanent Vacation. ¿Cuál fue la idea de partida para “?in”, el origen primero de todo?

Podría habérmelo planteado como un disco de pista de baile, o al contrario, un disco totalmente alejado de la pista de baile, pero no fue así como empecé. Lo que hice fue plantearme una serie de retos, unas cuantas ideas que tenía muy claro que tenían que formar parte del disco. Primero, ser menos complicado en los ritmos y las melodías que otras veces. Hay ideas que descarté para algunos de los 12”s que me acabé trayendo al álbum. Por ejemplo, sabía que no quería melodías barrocas. Las melodías complicadas distraen la atención. Tampoco quería ni intros, ni outros, ni todos esos recursos que tienen que estar en un maxi para el club, y que si pones en el tema es precisamente por eso, para que los utilice un DJ, pero que en un álbum son innecesarios. Toda esa repetición sobra. Segundo, y como evolución de esto último, me planteé hacer temas más cortos, más cercanos al pop. Y que de este modo no sonaran ni muy pesados ni muy ligeros. No quería hacer un disco pretencioso, sino un disco que te lo pudieras poner y te sintieras cómodo escuchándolo. Tampoco quería hits ahí en medio. Cuando escucho un álbum que sólo tiene hits, eso me desbarajusta toda la escucha, me distraen.

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Te has exigido muchísimo. A la vez, es posible que el público te exija mucho a ti, y más después de la expectación que ha venido arrastrando este disco. ¿Te sientes presionado?

Si me siento presionado es más en España que fuera, porque aquí se va a mirar de una manera diferente que en otros países. Pero no es una presión que sienta para mí, porque el objetivo principal que me había marcado con el disco, que era el de estar contento con el resultado, eso ya lo tengo. Estoy feliz con lo que he hecho. Además, este tipo de presión no la acabo de comprender. ¿Presión por hacer qué tipo de disco o generar qué tipo de reacción? El último disco de Oneohtrix Point Never ha recibido unos elogios tremendos, pero no creo que él tuviera la intención de asombrar al mundo ni entregar una colección de hits, no creo que sintiera la presión de hacer una obra maestra. Lo mismo con los últimos discos de Andy Stott o Actress. No son comerciales, ni impresionan a la primera, pero a su manera lo han petado porque son distintos, originales y muy sólidos. En el fondo, lo que quieres es hacer un disco así, que sorprenda y combata los prejuicios de la gente.

¿Qué prejuicios combates tú?

Por ejemplo, la idea de lo luminoso. Yo no veo mi música tan luminosa como dicen. Por ejemplo, el maxi de “Matilda’s Dream”, a mí me parece oscuro y sucio. Tiene esa línea de bajo de 303, ácida y fuerte, que no genera ningún sentimiento positivo. Sé que todo esto viene a propósito de “Sunshine”, pero aquel tema no me define del todo.

¿Cómo te has sentido haciendo algo parecido a canciones pop, precisamente tú, que siempre has sido DJ, has trabajado con tu ordenador y nunca has estado en una banda?

El primer intento ya fue en “Families”, el tema que hice con Glasser. Me moló la idea de hacer una canción, que hubiera una voz me pareció que añadía muchas cosas y que añadía contenido valioso. Yo no soy un compositor en ese sentido, nunca he hecho canciones, pero sí que escucho muchas canciones en mi casa. Creo que este álbum es una mezcla de los procedimientos electrónicos y los del pop. He intentado no ser cursi con las voces, que era algo que al principio me daba mucho miedo.

El desarrollo del disco es muy coherente y se escucha como una unidad firme, pero cada tema por separado es una historia muy distinta. Algunos se cortan antes de acabar, otros prometen un desarrollo que acaba truncándose a la mitad, dejándote con una sensación rara, entre la frustración y la sorpresa. ¿Por qué lo planteaste así?

Quería que los temas fueran viniendo, uno tras otro, cada uno a su ritmo y en su momento preciso. Es cierto que hay temas que no terminan del todo, y está hecho a propósito, la idea era que al escucharlo te quedaras con ganas de más. Creo que a veces he pecado de generoso en muchos de mis temas anteriores. Antes me molaba mucho la idea de darlo todo y vaciarte. Ahora me interesa todo lo contrario, dosificar las ideas y darlas poco a poco, con apuntes muy simples, y cortar cuando está todo dicho pero aún falta algo. En esta manera de hacer me inspiré mucho en los beats de J.Dilla.

Parece ser, también, que este disco cortará  a mucha gente a la hora de etiquetarlo de tropical o balearic, que son dos etiquetas que no te acaban de gustar.

Me gustaría que no se identificara la palabra ‘tropical’ con lo que yo hago. Ojalá la gente no se quedara únicamente con el “Sunshine” como el fragmento de música que me define mejor. Me gustaría también que cada canción se mirara por sí misma y que se viera que son muy distintas entre sí. Antes preguntabas cómo se podría definir mi música. La verdad es que no tengo ni pajolera idea. No es un revival 90s, no es house, no es disco music, y tiene un poco de todo eso y algunas cosas más. Es una mezcla que a mí me convence. Sé que al editar el álbum con Permanent Vacation el mismo sello ya condiciona un poco la manera en que mucha gente se pueda acercar a él, y que es probable que se utilice mucho la etiqueta balearic. Pero no es un disco mediterráneo ni veraniego, no es un disco de luz.

Durante mucho tiempo has sido DJ residente en The Loft y Lo*Li*Ta, dos de las salas del club Razzmatazz de Barcelona. Hace tiempo que ya no pinchas ahí, pero está claro que el público que más te conoce y el que es más propenso a seguirte es el de tu ciudad. ¿Cómo te vas a plantear la agenda de actuaciones en Barcelona a partir de ahora?

Hace tiempo que vengo dosificando mis apariciones. En Barcelona pincho una vez cada cuatro o cinco meses, y si hago un directo, será una vez al año. Siempre he vigilado ese aspecto, y he rechazado muchas ofertas para pinchar precisamente para no agotar a la gente con mi presencia constante, y también para no agotarme yo. En Madrid hago lo mismo. Muchas veces me han ofrecido más dinero de lo normal por ir a pinchar a un sitio al que no quería ir, por no romper mi norma de dosificar las sesiones. A veces he tenido que aceptar porque tenía la necesidad de comprarme algún cacharro que quería o discos, pero casi siempre las rechazo.

Ya no pinchas con vinilos, pero los sigues comprando a montones. Al menos sigues amando el formato.

Compro muchísimos vinilos, pero me los paso a digital tan pronto como entran en casa. No es que no quiera cargar con la maleta llena de maxis, pero si llevo los ficheros digitales puedo tener más música a mi alcance y pinchar más variedad de estilos. Por ejemplo, he estado dos semanas pinchando en Australia y he tenido un montón de bolos. Si voy con un número limitado de discos, acabaría haciendo el mismo set cada noche, y no quiero que suceda eso. Además de comprar mucho vinilo, también compro muchos releases digitales, me llegan promos, me hago mis propios edits, manejo el material que saco en mi sello… Si no usara todo ese material a mi alcance sería tonto.

¿Qué proyectos tienes entre manos ahora mismo con Pional?

Me gusta trabajar con Miguel. A veces es difícil, porque él es capaz no sé cuántas ideas por minuto y cuesta encauzar luego todo ese material, o seguirle el ritmo, pero lo bueno es que si entras con él en el estudio, acabas haciendo un tema en una sola tarde. Su manera de trabajar es muy espontánea. Él me pasa muchas ideas y todo lo que hace siempre tiene algo interesante, el resultado final siempre es interesante y sabe sacar ese componente más pop que a mí me falta.

¿El binomio John Talabot + Pional se va a convertir en un proyecto estable?

¿En el futuro? Quizá sí. Por de pronto, quiero que Pional publique otro EP en Hivern y un álbum, y luego empezar a trabajar juntos en serio y proponer ideas a Young Turks y Permanent Vacation. En breve iremos a Londres a grabar un tema.

John Talabot parece que ha eclipsado por completo el resto de cosas que hacías. Ya no pinchas en The Loft ni utilizas el nombre D.A.R.Y.L. ¿Ha quedado desactivado D.A.R.Y.L. para siempre?

No, porque sigo siendo residente en Razzmatazz, lo que ocurre es que ahora no tengo ninguna fecha confirmada. El nombre sigue ahí, pero ahora mismo no funciona, ni para pinchar ni para producir. John Talabot está ocupando todo el momento.

En estos momentos en los que están cerrando webs como Megaupload y se quiere aprobar la ley SOPA, ¿qué se te viene a la cabeza?

Todo lo que sea poner límites a las cosas es algo que no me gusta. Ya ocurrió algo parecido, a otra escala, cuando se quiso criminalizar el sampling de otros discos para hacer tu música. Sé que el mercado digital, ahora mismo, no es para tirar cohetes, pero la repercusión que tenemos muchos artistas es favorable, y en cierto modo compensa esos problemas. Yo no recibiría esta atención de no haber sido por internet, por los blogs y las revistas online. Hay que aprender a vivir con ello, y eso que a nosotros todo esto también nos causa problemas. En Hivern nos afecta porque no tenemos apenas ventas de los discos. Pero la visibilidad de los artistas, por otro lado, es brutal. Es así como funciona. Yo compro mucha música, así que no me siento culpable de la situación. Pero también hay que pensar en la gente que no tiene tanto dinero. ¿Qué hacen? ¿Tienen que dejar de escuchar música?

Alguien contrario a esta tesis diría que hay muchas maneras de escuchar música –en la radio, en Spotify, en Soundcloud– sin necesidad de bajarse el disco de nadie y así ahorrarse el dinero de una compra de una copia física en una tienda.

Es cierto también que en España no se ha buscado educar a la gente en la cultura, sobre todo en inculcar la idea de que los productos culturales conllevan un esfuerzo tremendo y que tienen un precio. Pero también puedo decir que he trabajado durante años en un sello, y sé lo que cuesta un CD, y que pagar 22 euros por uno es, se mire como se mire, una aberración.

¿Y en qué te gastas tú el dinero? ¿Qué discos entran en tu casa?

Compro muchos discos antiguos que no había encontrado hasta ahora, reediciones, material de funk, soul, house y techno. Hace tiempo que estoy flipando con el último disco de Julia Holter. Estoy muy enganchado últimamente a Wim Mertens. En mi casa siempre hay variedad. Lo que ocurre es que muchos de los discos de baile los escucho cuando los pincho o los paso a digital; si es por placer, en casa nunca escucho house. Escucho otras cosas.

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