Nos sumergimos en el cosmos de Peaking Lights en una conversación en la que Indra Dunis y Aaron Coyes reflexionan acerca de su proceso creativo, su vida en pareja y su afición por la artesanía synth.
Con el flamante “Lucifer” (Weird World-Mexican Summer, 2012), Peaking Lights han confirmado que son una de las propuestas más seductoras del underground contemporáneo. En persona, la pareja que forman Indra Kunis y Aaron Coyes se revela tan embriagadora como la música que facturan juntos. Son distintos pero están conectados por su amor por la música aventurera, los sintetizadores vintage y su conexión con la naturaleza. No es de extrañar, pues, que perciban sus canciones como una extensión de la vida que comparten. A continuación nos sumergimos en ella.
Empecemos por el principio. ¿Cómo fueron los origines de Peaking Lights?
Indra: Nos conocimos de manera fugaz hará unos diez años. Los dos vivíamos en la Bay Area y estábamos metidos en la escena musical de la zona y nos conocimos en un concierto de mi antigua banda Numbers. Aunque, si te soy sincera, no recuerdo el momento exacto en el que nos conocimos...
Aaron: Ella es más guapa que yo... [Risas]
I: Tengo recuerdos vagos de cuando le conocí. Pero, en fin, alrededor de 2006 nos hicimos amigos cercanos a través de amigos comunes. Aaron acababa de volver de Nueva Zelanda, dónde había vivido durante dos años, así que estaba en fase de regreso a la ciudad. Volvimos a coincidir y se dio el caso de que, a diferencia de la primera vez que nos conocimos, yo estaba soltera así que una cosa llevó a la otra y empezamos a salir.
"Entre nuestro hijo, que es lo primero, y la banda, acaba siendo un trabajo de 48 horas al día"
¿Así que empezasteis a salir antes de hacer música juntos?
I: Si, empezamos a salir y rápidamente empezamos a tocar juntos, no a escribir canciones pero si a improvisar juntos. Creo que a los dos nos motivaba mucho el hecho de estar en una relación amorosa que a la vez fuera una relación creativa, a los dos nos parecía muy excitante esta conexión a pesar de que ambos veníamos de backgrounds muy distintos en ese momento. Aaron estaba muy metido en el noise y yo estaba en una banda en la que, bueno, escribíamos canciones [risas]. El caso es que al juntarnos teníamos mucho que ofrecer el uno al otro, aunque en ese momento creo que aún no éramos conscientes de ello.
¿Influye del algún modo el hecho de ser pareja en vuestra obra musical? Imagino que el nivel de implicación es distinto al de vuestros proyectos y grupos anteriores. ¿Creéis que, de algún modo, vuestra música es una extensión de vuestra vida juntos?
A: Sí, definitivamente creo que nuestro trabajo es una extensión de nuestra vida juntos. A diferencia de mis proyectos en solitario, el estar en una banda me obliga a ser más comunicativo y la comunicación es muy importante para nosotros, siento que de algún modo navegamos entre la tensión siendo muy comunicativos el uno con el otro.
I: Es mucho más intenso si estás en una relación, realmente tienes que comunicarte. Si hay algo que te irrita o que sientes que no funciona tienes que ponerlo encima de la mesa porque no puedes decir en plan “que te den, no quiero saber nada de ti en una semana”. Tenemos que convivir juntos, tenemos un hijo en común... así que tenemos que mantener las cosas muy diáfanas, si no, no funcionaría.
Teniendo en cuenta esto, ¿sois capaces de desconectar por completo del aspecto musical de vuestras vidas o es algo que os absorbe por completo?
I: Bueno, depende. Hay periodos en los que solamente nos centramos en escribir, pero el resto del tiempo suele ser non-stop porque hay muchas cosas que hacer; organizar giras, remixes, artwork, contestar e-mails, siempre hay trabajo que hacer y esto sí que es constantemente. Pero lo bueno es que trabajamos siempre desde casa y así también pasamos tiempo con nuestro hijo, por lo que todo acaba mezclándose.
A: Si, entre nuestro hijo, que es lo primero, y la banda, acaba siendo un trabajo de 48 horas al día.
“Imaginary Falcons” (2009)
Hablemos un poco de música. “936” fue una gran revelación para mucha gente. ¿Cómo fue el recorrido que os llevó a dar con ese particular sonido entre el dub y el pop psicodelico? ¿Fue a través de la experimentación o teníais claro el concepto que buscabais desde un principio?
A: Creo que llegamos a ese sonido a través de la experimentación, nuestros primeros discos ya tenían elementos similares pero estaban más enfocados a jugar con los ritmos. No sé si estás familiarizado con esos discos, pero en “Imaginary Falcons” había canciones como “Wedding Song” o “Owls Barning”, en las que creo que están las raíces de nuestro sonido actual. Justo después de escribir ese disco probamos de tocarlo con ritmos dub tocados en directo por Indra y a partir de ahí ella dio con este tipo de ritmos. Empezamos a experimentar con los ritmos afro, polirritmos, ritmos sincopados y luego a eso le añadimos ritmos reggae y también ritmos 4x4. Llegó un punto en que, por ejemplo en “All The Sun That Shines” intenté escribir un ritmo que fuera hacia adelante y un ritmos que fuera hacia atrás; que hicieran lo mismo pero al revés, para que te perdieras en esos bucles que crean los ritmos. Luego el bajo tenía esa estructura abierta para que tuviera el feeling dubby...
I: Pero no es un beat reggae, de todos modos. Lo digo porque quizá esto suena como yo probando de hacer un ritmo reggae pero no fue así, en ningún momento estábamos intentando ser una banda de reggae o nada por el estilo, sino que de algún modo lo interpretamos, o podríamos decir que intentamos crear algo a partir de ese sonido. Pero, en general, nuestro sonido no está muy pre-meditado. Si te soy sincera, no teníamos muchas expectativas, ¡no sabíamos que le iba a gustar a tanta gente! Habíamos editado música underground antes, y sabía que había personas a las que le gustaba, pero nunca pensé que podríamos llegar a tanta gente.
¿Y qué crees que motivo esta multiplicación de vuestra exposición tan repentina?
I: Creo que una de las grandes diferencias fue que todos nuestros discos anteriores los habíamos grabado en casa y para “936” pudimos grabar en un estudio. Esto añadió algo más de fidelidad a nuestro sonido e hizo surgir algunos elementos de nuestra música que antes se perdían en esas grabaciones tan lo-fi. De repente podías realmente escuchar lo que hacíamos...
A: En vez de una masa de tonos desteñidos...
I: Si, esto ayudó bastante [Risas]
"Nuestro proceso se
parece bastante al
del krautrock, en el
que la composición
estaba muy centrada
en la improvisación y
utilizar la tecnología
de grabación para
enmarcarlo"
Con “Lucifer” mantenéis vuestras señas de identidad pero muestra un sonido más abierto y diverso. ¿Cuál fue el punto de partida para el disco?
I: Lo empezamos a escribir un poco antes de que naciera nuestro hijo Mikko, creo que pensábamos en hacer algo más “groovy”, más bailable.
A: Todo empezó con los ritmos, otra vez. Como te comentaba antes, en canciones de “936” como “All The Sun That Shines” o “Marshmellow Yellow” intenté escribir ritmos que chocaban entre ellos pero que de algún modo funcionaban, así que con este disco intenté profundizar en esa idea. Nunca he sido batería pero siempre he escuchado los ritmos en mi cabeza, e Indra es una batería muy buena que puede interpretarlos.
I: Lo curioso es que aunque yo sea la batería la mayoría de ritmos los escribe Aaron.
A: Pero nos los escribí solo. Indra me ayudaba a encontrar el equilibrio y a que llegaran a buen puerto. Yo pensaba “sé que tiene que funcionar”, pero a veces no sabía cómo hacerlo, y venía ella y me decía tienes que quitar eso o cambiar aquello...
I: Los ritmos fueron probablemente a lo que le dedicamos más tiempo...
A: Sí, y las líneas de bajo.
I: Así que cuando nos metimos en el estudio teníamos hechas las secciones rítmicas y empezamos a improvisar sobre ellas.
"936" (2011)
Esta vez grabasteis el disco en el estudio de Mexican Summer. ¿Fue muy distinto el proceso al de “936”?
A: Sí, definitivamente. Pudimos profundizar mucho más en los detalles.
I: Pudimos estar un mes en el estudio, y eso fue mucho para nosotros. Ten en cuenta que “936” fue grabado y mezclado en solo tres días. Lo vivimos como un lujo.
A: Teníamos tanta tecnología para jugar... Usábamos nuestro equipo pero luego podíamos volcarlo todo a cinta y pasarlo por pre-amps muy buenos y utilizar previos de micro increíbles para grabar. Tienen una pequeña sala con techos de como 12 metros de alto que es una pasada para grabar. Ah, y también muy buenos amplis de guitarra...un montón de cosas con las que podíamos juguetear
I: ¡Y un piano de cola!
A: Así que todo ha sido una evolución. Piensa que para nosotros escribir música era en plan “vamos a grabar un disco en una casete”, así es como empezamos. Se trata de mantenerte abierto a todo lo que tengas acceso, y intenta a aprender a usarlo y ver que sonidos puedes sacar de ello.
La improvisación juega un papel muy importante en vuestra manera de trabajar. ¿En qué momento sabéis que tenéis ‘algo’?
I: Simplemente lo sentimos, es un proceso muy intuitivo.
A: A veces ocurre que das con algo que te gusta o que estás cómodo tocándolo pero de repente sólo funciona durante un tiempo.
I: Y cuando encontramos algo que realmente nos gusta, la mayoría de veces tenemos que volver a atrás y darle un poco de estructura, o condensarlo un poco, porque si no nuestras canciones podrían durar veinte minutos.
A: Creo que de algún modo nuestro proceso se parece bastante al del krautrock, en el que la composición estaba muy centrada en la improvisación y utilizar la tecnología de grabación para enmarcarlo. Eso es un poco lo que tratamos de hacer.
"Creo que vivir
en medio de la
naturaleza
realmente hace
que mires en
tu interior, que
escuches tu
propia voz"
Vuestra música desprende un sentimiento pastoral y bucólico. ¿Creéis que venir de una zona como Wisconsin ha sido una influencia?
I: Bueno, de hecho, solo yo soy de Wisconsin, Aaron es de California. Nos conocimos en la Bay Area y hemos vivido ahí más de diez años, así que nuestra historia está mucho más ligada a California. Pero yo había crecido en Wisconsin y tuvimos la idea de volver ahí por un par de años, y vivir en el campo sin necesitar mucho dinero, y eso es lo que hicimos.
Entonces, ¿creéis que el hecho de vivir en contacto con la naturaleza ha influenciado vuestra música?
A: Oh si, definitivamente. Yo crecí en el campo también, en medio del bosque. Y definitivamente me ha influenciado. Me gusta la ciudad y me gusta el campo, me gustan los dos extremos; tanto la vida en la gran ciudad como vivir en medio del bosque. Estoy un poco en medio de las dos cosas.
I: Creo que vivir en el campo, o en medio de la naturaleza, realmente hace que mires en tu interior, que escuches tu propia voz.
A: Y hace que escuches otras voces también, no en un sentido esquizofrénico... Escuchas a los pájaros y los sonidos de la naturaleza, que tienen un ritmo distinto.
I: Sí, puedes escuchar mucha música si escuchas a la naturaleza. Te hace bajar el ritmo y, como he dicho, hace que te veas a ti mismo y te ayuda a conectar con tu propia creatividad.
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