A sus 25 años de edad, el islandés Ólafur Arnalds disfruta de una posición desahogada dentro de esa actual escena de compositores jóvenes que apuestan por las formas más amables y accesibles de la tradición clásica, esa capacidad de tocar la fibra sensible a base de partituras sencillas y equilibradas que se mueven sin aspavientos entre el minimalismo más asequible, lo neo-barroco y lo romántico, con ligero aditamento ocasional de glitches y beats electrónicos. Sus primeros pasos en el mundo de la música los dio al calor de bandas de new school hardcore como Fighting Shit y Celestine, pero un buen día los sonidos de violines y pianos se cruzaron en su vida, y nada volvió a ser lo mismo. Desde entonces, su obra se ha movido por unos terrenos que enlazan a Chopin con el Michael Nyman de la última época, haciendo gala de un impresionismo cinematográfico que le abocaba a trabajar, tarde o temprano, en el campo de las bandas sonoras.
Después de entregar cuatro álbumes sensibles e inspirados, Arnalds se estrenaba el año pasado en Hollywood con su partitura para “Another Happy Day”, un conseguido ejercicio de lirismo y sensibilidad melódica que deja entrever tonos algo más oscuros de lo acostumbrado en él. Su score para la película de Sam Levinson, compuesto contra el reloj en apenas dos semanas, entre diciembre del 2010 y enero del 2011, acaba de ver la luz a través de Erased Tapes. Ese álbum es la última pieza hasta la fecha de la discografía del islandés y el motivo que le trae de gira por nuestro país. Este próximo domingo, 11 de marzo, Arnalds estará actuando en formato de trío –piano, violín y chelo– en la sala Apolo de Barcelona dentro del ciclo Caprichos de Apolo. Un día después viajará hasta Madrid para repetir formato en el Teatro Lara de la mano de SON Estrella Galicia.
Mientras esperaba para poder hablar contigo te imaginaba en el estudio, trabajando hasta justo el momento antes de tener que atender esta entrevista.
Bueno, estás en lo cierto. Eso era lo que estaba haciendo.
Me gustaría empezar preguntándote acerca de tus hábitos de trabajo. ¿Eres de ese tipo de personas que creen en la inspiración como un chispazo espontáneo, algo que viene y va de manera aleatoria, o te sientes más cómodo trabajando con horarios fijos, marcándote límites y forzándote a seguir una rutina?
Soy más bien un tipo de persona disciplinada. Estoy aquí en el estudio prácticamente a diario, y siempre intento escribir una cantidad determinada de música cada día. No es sólo que lo quiera hacer así, es que tengo que hacerlo. Tengo tantos proyectos que llevar a cabo que, si no compusiera a diario, no podría terminarlos todos a tiempo.
Entonces, ¿qué papel juega la inspiración en esta rutina de trabajo tuya?
Creo que “inspiración” es una palabra muy peligrosa en bastantes sentidos. Es una palabra que se malinterpreta siempre. La gente piensa en la inspiración como una cierta forma de espíritu, o algo que te sobreviene de repente, pero yo creo que es… La inspiración es sencillamente estar de humor para trabajar, tener la mente despejada y ser capaz de crear cosas.
En tu caso, ¿hay algún momento especial del día en el que te resulte más fácil alcanzar ese estado de ánimo ideal para trabajar? Creo que tu música funciona especialmente para un final de tarde tranquilo, o para escuchar de noche. ¿Cuándo la escribes?
Suele resultarme más fácil trabajar por las tardes, pero no creo que eso sea por una cuestión mía, que tenga que ver con mi sensibilidad o mis estados de ánimos. Se trata más bien de que todo lo que me rodea está más tranquilo por a última hora de la tarde, no suena el teléfono, todo el mundo está en su casa viendo la televisión o durmiendo, no hay mucha actividad a tu alrededor que te pueda distraer mientras estás creando.
Estar en un lugar tranquilo, tener la mente clara, y supongo que la disciplina también es importante.
Es sobre todo una cuestión de práctica. Tienes que practicar para encontrarte en el estado de ánimo correcto para escribir. Tienes que aprender a hacerlo si quieres ser músico.
Antes has mencionado que, en cierto modo, estás obligado a trabajar a diario porque tienes muchos otros proyectos en marcha. Imagino que en los últimos dos años tu volumen de trabajo se ha incrementado bastante. Te has convertido en un artista más conocido y eso significa más conciertos, más grabaciones, más ofertas y proyectos. Me gustaría saber si has tenido algún momento en el que has pensado que todo ese trabajado era quizás demasiado y que no estabas listo para sacarlo adelante.
Diría que sí y no. No, porque me gustan todos los proyectos en los que estoy metido. Tengo la suerte de que puedo elegirlos. No tengo que hacer todo lo que me ofrecen, sólo selecciono los mejores para mí, así que el material en el que trabajo son cosas que quiero hacer de verdad, y con las que disfruto. Pero también puedo decir que sí, en el sentido de que me parece que hay varios aspectos de este trabajo que me han hecho perder ciertas cosas que hace la gente de mi edad. No puedo salir mucho con mis amigos, casi siempre estoy concentrado en hacer únicamente esto.
Esto me lleva a preguntarte acerca de la soledad inherente al acto de escribir música, especialmente cuando trabajas en solitario, como es tu caso. ¿Es esta soledad algo que te preocupe?
Es verdad. Tienes que estar solo cuando haces esto. O, al menos en mi caso, tengo que estar solo mientras lo hago. La soledad del compositor es inevitable, y eso no es todo. También cuando vuelvo a casa… Cuando sales del estudio, no has dejado tu trabajo. Es muy difícil saber cuándo tienes que dejar de trabajar y cuándo comienza tu vida al margen del trabajo. A menudo me ocurre que, cuando vuelvo a casa después de un largo día escribiendo una pieza, y me tiro en la cama, la canción todavía está rondándome, está flotando en mi cabeza. Es difícil desconectar, así que tu trabajo afecta a tu vida social incluso cuando estás con gente. Sigue ahí en tu cabeza, no puedes dejar de pensar en ello. Siempre estás pensando en la música. Además, la gente con la que vas no deja de hablarte de música, es un tema de conversación muy habitual. Así que siempre estas atrapado por tu trabajo en cierta forma, aunque no necesariamente tiene que ser algo malo. Sólo hay que aprender a sobrellevarlo, y a aprender cuándo tomarte un descanso o unas vacaciones, para poder pensar en otras cosas. Me ha costado bastante aprender eso, pero creo que lo estoy consiguiendo por fin. [risas]
Has dicho que a veces, al volver a casa y tenderte en la cama, las canciones o las melodías siguen dando vueltas por tu cabeza. Me gustaría saber si alguna vez has soñado –soñado durante el sueño, en el sentido biológico de la palabra– que compones música que aún no has llegado a escribir en la vida real.
Sí, esto me ha pasado alguna vez. Casi siempre, como ocurre con los sueños, cuando despiertas tienes que ser muy rápido al ponerlo por escrito, porque si no lo vas a olvidar. En realidad, nunca he sido capaz de terminar de materializar la música que he imaginado en ninguno de mis sueños. Y creo que en los sueños tienes la sensación de que la música que escuchas es nueva, pero también puede ser que no lo sea [risas]. Puede ser que más tarde te des cuenta de que ya habías escuchado esa melodía en alguna otra parte. Pero sí, me consta que eso ocurre, que hay gente que compone mientras duerme.
Hemos estado hablando sobre la escritura de música como una experiencia solitaria y absorbente. No sé si esto tiene algo que ver con eso o no, pero tú pareces estar muy interesado en encontrar una manera de abrir el proceso de composición y grabación de tu música a la vista del oyente, estableciendo así una comunicación más cercana y directa entre tú y tus fans. Es algo que hiciste con tu reciente serie de conciertos “An evening with...” o con esos dos proyectos de siete días que dieron lugar a “Found Songs” (Erased Tapes, 2009) y “Living Room Songs” (Erased Tapes, 2011), por ejemplo. Ambos proyectos participaban de una idea de la inmediatez, y promovían un contacto directo con los fans, algo que no ocurre en tu trabajo diario. ¿Es para ti importante sentir de vez en cuando que existe gente que está ahí fuera deseando escuchar al instante la música que estás creando?
Sí, creo que este tipo de proyectos hacen la cosa más llevadera, hacen que sienta el trabajo de composición como una actividad menos solitaria, cuando te das cuenta del hecho de que estás haciendo algo para los demás. Es una forma de comunicación, te comunicas sin necesidad de hablar. Cualquier cosa que yo pueda hacer para facilitar que la gente pueda entrar en mi cabeza, o para facilitar una relación más cercana con mi trabajo, ayuda a que esta comunicación sea más íntima.
Álbumes Ólafur Arnalds - ? And They Have Escaped The Weight Of Darkness
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