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Spoiler Room, #S1 Ep1

Las mejores series de televisión para vampiros catódicos y sibaritas de la pantalla plana

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Spoiler Room, #S1 Ep1 | PlayGround | Articulos Musica

¿Adicto a la droga catódica? ¿No puedes vivir sin tu dosis diaria de ficción televisiva? ¿Necesitas un ‘dealer’ que te suministre el mejor material y con reparto a domicilio? Se acabó la espera. Comienza la primera temporada de Spoiler Room, la columna de series de PlayGround.

La series de televisión son la nueva cocaína pop, un frente abierto a explotar con los nudillos llenos de sangre y ojeras de quilo, una referencia más que añadir a la lista de filias culturales que nos hacen más nerds y menos personas. No es difícil sentirse apegado a esta potentísima droga. La series tocan mucho más hueso que el cine, nos acompañan durante mucho más tiempo, consiguen que nos familiaricemos tanto con sus personajes que los acabamos considerando miembros de la familia. Demonios, las malditas series te quitan horas y horas de socialización, se meten en tu vida a puñetazos, se pegan a tu pellejo como una lapa. De hecho, cuando una de tus favoritas termina, el luto puede ser largo, doloroso y plañidero a rabiar. Vacío total.

PlayGround no podía hacer la vista gorda ante un fenómeno de esta magnitud. Sabemos que ahí fuera hay miles de freaks enganchados a esta forma de entretenimiento, tipos que necesitan consumir el último episodio de “Breaking Bad” con la misma ansia viva con que esperan el último single de Burial. Sin series en el zurrón cuesta ser alguien en la sociedad actual: el fútbol, la música y el cine han dejado de copar en exclusiva las conversaciones de sobremesa. Ahora tienes que ir a los sitios con “Juego De Tronos” aprendida de memoria, varias teorías preparadas para dar explicación a los misterios de “Alcatraz” y una libreta con el recuento oficial de zombies aniquilados en “The Walking Dead”.

En esta columna, os acercaremos los estrenos internacionales más calientes y recomendables, destacaremos a nuestros personajes favoritos, señalaremos los packs de consumo obligatorio y os haremos llegar las noticias televisivas de mayor envergadura. La idea es descubriros lo mejor y más nuevo sin que tengáis que sufrir la tiranía de los programadores nacionales, ineptos de manual que no huelen ni de lejos de qué va todo esto. No nos conformaremos con lo más obvio, siempre que sea posible: el objetivo será acudir a lo más reciente para comentarlo antes que nadie. Vosotros sólo tenéis que recostaros en el sofá, dejar que el Panasonic Viera respire, serviros un espirituoso y encenderos un buen petardo. Servidor hará el resto.

1. Main Feature

insidemen2_200212_1329767767_73_.jpg Inside Men

La serie que tienes que ver antes que tus amigos. Hoy, “Inside Men”. BBC One, miniserie de cuatro episodios. Primera emisión: 2 de febrero.

This Is England 2012. Inglaterra fabrica series con las mismas entrañas, de hecho las desparrama sobre el tapete. Ver sus mejores thrillers es como eviscerar el televisor de casa e ir sacando metros y metros de intestinos catódicos hasta que llegan los créditos finales y cesa la extracción de tripas. Saña, encono, complejidad, humor negro, espíritu depredador y mucha calidad, elementos que Dios reparte en cuentagotas en las ficciones estadounidenses –más interesadas en cantidad que en la calidad–, pero que no dejan de aparecer en abundancia en los títulos recientes de la parrilla británica, especialmente en los productos de orfebrería abocados al suspense. Con tan sólo dos episodios emitidos en el momento en que tecleo estas líneas, “Inside Men” ha irrumpido como un puñetazo en la nuez en mi plasma y he vuelto a quedarme sin quijada de puro asombro ante la fuerza con que los guionistas aprietan los dientes cada vez que ejercitan la mollera.

Primero fue “Luther” (BBC), con Idris Elba (Stringer Bell es británico, increíble pero cierto) ofreciendo un recital interpretativo en el pellejo de un cazador de psicópatas tendente al desequilibrio de serotonina. Por el momento, dos temporadas de orfebrería detectivesca que dejan en evidencia al 90% de los procedimentales americanos. Después llegó “The Hour” (BBC), ficción de espionaje ambientada en el Londres de los 50s, con el detective McNulty de “The Wire” cambiando radicalmente de registro y sin enmascarar su acento bajo toneladas de jerga de Baltimore. Más tarde aterrizó “The Shadow Line” (BBC, otra vez), thriller policial de casta, preciso, perfecto y guionizado por un monstruo como Hugo Blick, nuevo prodigio de la televisión británica, un superdotado capaz de imaginar una intriga de matemáticas avanzadas que funciona cual sinfonía; una obra maestra cuyas piezas se ensamblan de forma magistral en los compases finales, componiendo el mecano televisivo más rotundo, intrincado y absorbente del año pasado. Por si no hubiera suficiente, muy a finales de 2011 –tanto que escapó al poder de atracción de las listas– se emitió casi de tapadillo “Black Mirror” (Channel 4), microserie dividida en tres películas autonconclusivas de una hora que exponen sin cortapisas los peligros de la comunicación de masas y el lado oscuro de las nuevas redes virtuales. Irreverente, cáustica, amoral a rabiar: recomendación fervorosa ya.

Atraco a las tres. Con este caldo de cultivo, y en plena racha victoriosa de las series británicas frente al aluvión de mierda yanqui, la BBC vuelve a poner a prueba las glándulas salivales del gourmet, apostando por otra producción televisiva de corto recorrido y muchos galones. Sin ataduras comerciales, fórmulas reconocibles y ligerezas pirotécnicas para hipnotizar al vulgo. Esto va en serio. Ya desde su aparatoso comienzo, “Inside Men” se perfila, de forma unánime, entre los que ya le han hincado el diente, como la serie sobre atracos definitiva. El planteamiento es sencillo, pese a la complejidad del desarrollo argumental. Nos adentramos en una empresa gris que se dedica a contar y almacenar dinero en efectivo; cash calentito y facturado en cantidades obscenas por centros comerciales, restaurantes, bancos, supermercados, etc. Tres miembros del staff de la compañía, embarrancados en un trabajo rutinario y una vida personal átona sin mayores alicientes que ir al trabajo, comer, defecar, dormir e ir al trabajo de nuevo, deciden dar un salto de fe hacia la amoralidad y organizar el robo por antonomasia, esto es: vaciar los almacenes de dinero de su empresa en el atraco más sonado de la historia criminal del Reino Unido.

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La serie te arrastra por la fuerza al meollo de la acción, comenzando con las imágenes del golpe y mostrando el asalto en toda su crudeza, para rebobinar inopinadamente hasta seis meses atrás en el tiempo, y desentrañar las razones que llevan al trío protagonista a dejar una existencia inadvertida y tranquila para convertirse en cacos de guante blanco. Con vomitonas intermitentes de flashbacks, la trama va descubriendo sus pliegues ocultos con el ritmo característico de los thrillers fraguados en la BBC. El cauce dramático se escinde en dos vías muy claras. Por una parte, el atraco y las descargas de adrenalina; por la otra, la exploración psicológica de los perpetradores de la fechoría. Dos velocidades que se complementan perfectamente y te ayudan a superar sin rasguños este recorrido lleno de trampas.

El guionista Tony Basgallop ha asegurado que, más allá de su atractivo caparazón de suspense, “Inside Men” es una serie que hace especial hincapié en el proceso que conduce al lado salvaje a tres hombres atrapados en la telaraña de una vida insípida. ¿Por qué ese segurata al que nunca saludas o ese tipo del traje marrón al que no le sostienes la puerta del ascensor apuestan, un buen día, por dar un salto al aterrador vacío de la criminalidad? Profundidad psicológica, acción estructurada en formato de caleidoscopio temporal, dosificación muy puta del suspense y, cómo no podía ser de otro modo en una serie de la BBC, actores de gran solvencia al timón. Los consumidores del caviar británico reconocerán en “Inside Men” a varias de las caras habituales de “Luther”. El genial Steve Mackintosh vuelve a dejarse las muelas en un papelón de toma pan y moja, acaparando sin una sola mueca de más, con ese rictus infranqueable, los minutos de mayor calidad interpretativa de la serie.

Estamos, pues, ante un Cinco Jotas para hombres, curado con sangre y frío calculador; una serie superior que recuerda a “The Shadow Line” por su complejidad, puesta en escena y concentración de jugo: sólo cuatro episodios de una hora que, téngalo por seguro el lector, valdrán mucho más que todas las temporadas de “Mentes Criminales”, “Miénteme” y “El Mentalista” juntas. Una vez más, habrá que esperar a que el sol se convierta en una enana roja para verla en nuestras pantallas. Incomprensiblemente, los mejores thrillers del Reino Unido son como zumo de ajo para los vampiros que ejercen de programadores en España.

 

2. Carne de Emmy

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Personajes de culto de la jungla televisiva. Hoy, Chester ‘Ace’ Bernstein

Dust To Dustin. David Milch, uno de los grandes guionistas que ha dado la televisión estadounidense y escritor de raza responsable de series de culto como “Deadwood” o “John From Cincinnati”, le ha regalado a Dustin Hoffman un personaje que apesta a premio. Al viejo Rain Man le han revalorizado la tercera edad, ofreciéndole el pellejo de Chester ‘Ace’ Bernstein, protagonista principal de “Luck”, el mejor estreno de HBO en lo que va de año. Hoffman se pasea cual monarca por palacio en esta intriga de apostadores, carreras de caballos, maquinaciones al margen de la ley y wiseguys, muchos wiseguys. Es el suyo uno de esos personajes que crecen desde dentro, que se hacen respetar con una simple mirada, un mueca de desaprobación, un susurro. Hacía tiempo que Hoffman no ofrecía una demostración de fuerza y contención tan apabullante. A pesar de las arrugas y de su menguante cuerpecillo –pegado a una cabezón de órdago, dicho sea de paso–, este gran apostador con conexiones mafiosas impone lo suyo, da canguelo, te hace saber con un gruñido casi inaudible que no te conviene ir de listo con él. ‘Ace’ es, en suma, el clásico hijo de puta educado y silencioso al que tirarle el cubata encima en la discoteca puede costarte las rótulas. Una estrella de Hollywood rescatada del recuerdo y actualizada para una serie de autor que seguramente le granjeará el reconocimiento perdido tiempo ha incluso entre sus fans. Parece que ha vuelto, sí. Y quiere premios. Dustin Hoffman. Gallina vieja. Buen caldo.

3. Cliffhanger news

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“House”: muerte cerebral. Ojos de batracio, barba rasposa, americana con camiseta, bolsillo lleno de pastillas, Nike Dual Shock, tofa revuelta, peso del cuerpo apoyado sobre un bastón, tejanos ligeramente desgastados… Lo confieso con las marcas de la Gillette todavía frescas en las muñecas: echaré de menos a Greg. Los ejecutivos de la Fox ya han confirmado que la octava será la última temporada de “House”.

Y no es que a la cadena le haya dado por apretar el émbolo de la inyección letal: resulta que a Hugh Laurie no le apetece seguir interpretando al doctor de marras. Al parecer, al actor británico le han ofrecido el oro y el moro, la lámpara de Aladino, la cabeza de Medusa, la crin de Pegaso y hasta un trasplante de rabo mandingo, pero el tipo ya está harto y quiere colmar sus pulsiones más bohemias, o lo que es lo mismo: dedicarse a su patética carrera musical.

Aunque “House” era una serie-fórmula más previsible que un partido en casa del Real Madrid, hay que admitir que duele la pérdida de un personaje tan hijo de perra. No echaré de menos la cabecera, la verdad, especialmente en un momento en que la coartada médica no tenía el más mínimo interés, pero sí echaré de menos al bastardo.

Greg House se había introducido ya en mi organismo: su tendencia irrefrenable a la autodestrucción, su misantropía y ese guerra infantiloide de putadas extremas con Wilson serán recordadas para siempre por el menda y seguirán derivando en imitaciones de quita y pon –no nos engañemos, el modelo de tipo arisco, intratable y asocial ha florecido en televisión a raíz de esta serie–. A los fans tan sólo nos queda rezar para que los guionistas no le corten el cuello en el último episodio. Por si acaso. Ya se sabe cómo son estas cosas: cuando Hugh Laurie se haya dado cuenta de que al público le importan un soberano comino sus discos y, después de una depresión caballar, se haya gastado los trillones ganados con la serie en psiquiatras, Xanax y el Casino de Peralada, seguramente el tipo hará una humillante llamada a casa Fox para volver de donde nunca tendría que haberse ido. Y vuelta a empezar.

4. El rincón del pack

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“Juego de Tronos”: Espada, brujería y alta definición. Para terminar, recordatorio dedicado a todos los que rechazan sentirse insultados con las emisiones españolas y se resisten a recurrir a la cultura del gratis para almacenar sus series favoritas. El 6 de marzo ya podremos hacernos con el pack de la primera temporada de “Juego De Tronos” –en Amazon US a 44 dólares más o menos; en Amazon UK a 37 libras–, una serie grandiosa que merece ser diseccionada frame a frame con un buen reproductor de Blu-Ray (en DVD sale más barata, aunque no es lo mismo). No se me ocurre mejor producto para sacarle máximo partido al pantallón de neo plasma de 50 pulgadas que os habéis comprado a cara de perro y que ha convertido vuestro salón en lo más parecido a la casa de un traficante de drogas. Ver “Juego De Tronos” en otro formato que no sea alta definición sería como comer surimi a precio de cangrejo, y lo que queremos precisamente los sibaritas es comer cangrejo a precio de surimi. Nunca Tyrion se había visto tan grande.

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