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Mayhem para principiantes (parte 1)

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Mayhem es una de las bandas que conforman la rama metal y extrema del programa 2012 de San Miguel Primavera Sound, pero no es una banda cualquiera: es, en opinión de Javier Calvo, la última gran banda revolucionaria del siglo XX, la máxima expresión del black metal. Entrad en el círculo.

1.

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¿Cómo se calibra la importancia relativa de un grupo de música extrema? Es una pregunta que me he planteado a veces y no tiene una respuesta fácil. El problema no es que los grupos de música extrema sean minoritarios, ni que la crítica no se los tome en serio. Cierto, es muy discutible el mismo hecho de que exista un canon único de apreciación de la música popular de las últimas décadas. Si nos pusiéramos a formular uno a partir de la apreciación de la prensa musical y el público “culto”, sin embargo, nos encontraríamos la habitual procesión de los Beastie Boys, My Bloody Valentine, Sonic Youth, Nick Cave, Wilco, Tom Waits y demás vacas sagradas. No encontraríamos a Burzum, Merzbow, Throbbing Gristle y el resto de vacas sagradas de los gritones ruidosos. Aunque no salgan en las listas de discos del año, este segundo grupo es elogiado por un sector de la crítica especializada y ocupa un espacio pequeño pero respetuoso en la prensa “independiente”. Sin embargo, existe la creencia generalizada de que no juegan en la primera división de la creación musical, y que de hecho su meta no es necesariamente hacer buena música, sino satisfacer las demandas insanas de su público semitrastornado.

La principal explicación, creo yo, viene de la actitud misma de las bandas de música extrema. Puede que en muchos casos el extremismo musical (el ruido, vamos) se plantee como exploración sonora, pero no hay duda de que también tiene un elemento confrontacional, de voluntad de ahuyentar al respetable y rechazo de la escena musical en general. El ruido no es más que una de las estrategias de auto-exclusión de la música extrema. Tradicionalmente, la escena de la música extrema ha usado muchas más. El maquillaje facial del Black Metal o los tatuajes, piercings o indumentaria militar de los neofolks e industriales son elementos claramente diseñados para alienar a los no iniciados. En este sentido, y aunque no se puede hablar de subculturas para definir la escena de la música extrema, sí que se ha comportado siempre como una subcultura, incluso cuanto más intelectual se pone. Otra de sus estrategias de autoexclusión es la creación de patrones musicales donde la innovación apenas entra en juego. De ahí que todas las bandas neofolk suenen igual que Death In June, o todas las bandas de Black Metal suenen como sonaba Mayhem en el año 89.

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En suma, todos estos argumentos –obvios– explican el hecho de que hoy en día sea muy difícil preguntarse cómo de importante históricamente es Mayhem, o hasta qué punto es un clásico, o una banda canónica. Obviamente su influencia es total dentro de la subcultura Black Metal, y su historia de violencia se ha integrado en la cultura popular. Pero en general, si voy a un crítico o a un oyente de música “seria” y le hablo maravillas de Mayhem, me sonríe invariablemente con suficiencia. Da igual que le diga que no te tiene que gustar el metal para entender y disfrutar a Mayhem. Supongo que es una reacción comprensible. Con estas notas pretendo explicar (por encima) por qué creo que Mayhem es una de las mejores bandas de los últimos 30 años. No bandas de música extrema. No bandas de metal. Posiblemente una de las cinco mejores bandas de música contemporánea de las tres últimas décadas. Es, por tanto, y como su título indica, una columna proselitista. Algo diseñado para ser leído fuera de la subcultura, pasando por encima del ruido y del maquillaje de cadáver y de las excentricidades en escena y del resto de elementos de ese teatro siniestro y a menudo paródico que despliega el black metal. Si eres fan del black metal no leas esta columna. Esto es Mayhem para principiantes.

2.

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Antes de olvidarme del black metal, me gustaría (cómo no) hablar brevemente del black metal. Hace muchos años que digo que el BM me parece la última gran vanguardia musical del siglo XX. Si la comparamos con un movimiento revolucionario previo como el punk, las diferencias saltan a la vista. El punk fue una vanguardia generada en el centro del sistema musical, en la metrópolis, con la maquinaria del marketing en marcha, con la atención de los medios y un fin claramente comercial. El BM nació en la periferia absoluta, en un sótano de Oslo, lo inventaron una docena de adolescentes sin ninguna clase de formación, chavales desafectados fans de Tolkien y el metal como los que hay en todos los extrarradios del mundo. Fue un movimiento genuinamente pagano, en el sentido de bárbaro, foráneo a las fronteras del imperio. Tanto el punk como el BM crearon músicas desconectadas en gran medida de la tradición. La liberación del requisito técnico de la interpretación le confirió al punk su energía dadaísta. El BM siguió un camino parecido: dejando de lado la idea de saber tocar instrumentos, inventó un sonido característico que no tenía nada o casi nada que ver con el metal, sino con el minimalismo, el ruidismo y el drone, al que añadió su célebre voz de ultratumba y un excéntrico espectáculo de maquillaje, casquería y armas medievales.

"Su famosa quema

de iglesias estaba

en realidad sustentada

en el hecho de que

esas mismas iglesias

estaban levantadas

sobre centros sagrados

de la antigua religión"

El punk nació con ideología, una extraña mezcla de anarquismo, rebelión adolescente, rebote anfetamínico y las ideas personales del señor John Lydon. El BM se envolvió a sí mismo ya desde el mismo principio en un aparato ideológico. La forma de rebelión contra el sistema que eligió esa docena de adolescentes que inventaron el género fue la revuelta contra el cristianismo luterano oficial que informa la ética noruega, y lo hicieron esgrimiendo a modo de antídoto la ética vikinga. Al ser una ética tremendamente violenta, se convirtió en vehículo (excesivo, como se vería pronto) del angst de sus creyentes. Su ética neovikinga tenía elementos apasionantes desde un punto de vista cultural. Su puntal moral era la vindicación de la religión autóctona aniquilada entre los siglos XI y XIII por el cristianismo; una de las religiones antiguas europeas más ricas, fabulosas en términos mitológicos y que más perduraron entrada la Edad Media. Su repulsa de la ética cristiana en este sentido, como algo foráneo, extraño y maligno, no era más descabellada que el revisionismo histórico de la academia feminista o postcolonial. Su famosa quema de iglesias estaba en realidad sustentada en el hecho de que esas mismas iglesias estaban levantadas sobre centros sagrados de la antigua religión. Lo más fascinante del asunto, sin embargo, es que el BM llegó a todo esto de forma puramente intuitiva, sin ningún tipo de formación ni de bagaje intelectual. Fueron literalmente un puñado de adolescentes, liderados por Euronymous, quienes llevaron a cabo una maniobra de afirmación religiosa sin igual en la Europa moderna. No una afirmación de paganismo teórico, sino una resurrección temporal (entre 1990 y 1994) del mundo vikingo, incluyendo los famosos incendios de iglesias, suicidios y asesinatos. Un shock al sistema cuyos ecos siguen retumbando hoy en día en Noruega.

Como fenómeno popular, el BM ha conocido una cronología distinta y paradójica. Primero tuvo una etapa de enorme impopularidad, desde que los medios de comunicación se hicieron eco de las primeras acciones violentas hasta el ingreso en prisión de Vikernes; en esta etapa el BM se convirtió en caricatura violenta, satanista y nazi. Al cabo de unos años, y pasado el trauma de la leyenda violenta, llegaría la etapa de popularidad. El BM fue glamourizado por una generación posterior de creadores, empezando por “Gummo” de Harmony Korine y siguiendo con best-sellers y películas como “Lords Of Chaos” y la integración del BM en el mainstream de la cultura popular. El lujoso libro de fotografías de Peter Beste representa para mí la apoteosis de la adopción del género por parte de la cultura de tendencias. En la actualidad, y desde hace ya un lustro, gran parte del rock independiente y experimental se ha dejado permear por el BM y lo ha acogido como influencia creciente.

loccover_250512_1337952570_89_.jpg “Lords Of Chaos”

Se ha hablado mucho de la evolución del BM, pero la verdad es que la idea misma del BM es contraria a la evolución. La invención a posteriori de unos antecedentes musicales del género se llevó a cabo con la intención de dignificar su música otorgándole una tradición, y en especial una tradición de músicos que supieran tocar y que fueran anglosajones. La operación me parece absurda. Los supuestos precedentes eran bandas de metal, de speed o thrash, de aquellos subgéneros de los 80s, mientras que Mayhem, con su primer álbum, ya no es una banda de metal. De la misma manera, el BM como idea no puede evolucionar. Solamente puede evolucionar dejando de ser BM, renunciando a sus planteamientos minimalistas y catatónicos para volver a ser metal, rock gótico, punk, folk o cualquier otro de los destinos que han seguido las bandas de BM que dejaron de serlo. Hablando estrictamente, solamente hubo media docena de bandas verdaderas de BM, las que integraban el Círculo Negro de Euronymus –Mayhem, Burzum, Emperor, Immortal, Darkthrone y Thorns–, y solamente lo fueron durante sus primeros años. Las bandas posteriores, incluso las pioneras como Satyricon, Dimmu Borgir, Gorgoroth, Ulver o Carpathian Forest, del llamado “Black Metal noruego verdadero”, se limitaron a repetir una fórmula, o a popularizarla, o incluso a diluir sus planteamientos (pese a que muchas de ellas son bandas fantásticas). El BM fue algo demasiado intenso y salvaje, un estallido único que dejó una onda expansiva que tardó en olvidarse, pero aun así no duró más que tres o cuatro años. En 1994 el BM ya no existía. Se había asesinado a sí mismo.

¿Qué queda hoy en día, pues, del Black Metal? ¿Qué queda, más allá de esa imagen pop de noruegos altos y espigados con maquillaje de cadáver, de los estereotipos y los chistes en YouTube y las réplicas infinitas de las mismas fórmulas musicales y escénicas? La respuesta es muy simple. Queda una cosa. Mayhem.

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