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Breuckelen: un paseo por el Brooklyn mágico

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Existe un Brooklyn hipster que a Javier Calvo le parece irritante, y también un Brooklyn mágico, localizable en su Templo Masónico reconvertido en sala de conciertos, en Lovecraft, en el Museo Egipcio y en la música de Liturgy. Sobre todo esto trata la quinta entrega de Paganismo Pop.

Todo el mundo que haya seguido aunque sea de lejos la escena pop independiente de la última década conoce la relevancia internacional que ha tenido la ciudad de Brooklyn como foco de manifestaciones musicales. La emergencia allí de un pop experimental y multiforme durante esa década, sin duda interesante, se compagina con ciertos elementos que han hecho de Brooklyn el paraíso de la cultura de tendencias, el centro del hipsterismo internacional y en definitiva un enclave cultural que puede llegar a ser tan odioso como atractivo. Salvando las distancias obvias, Brooklyn ha pasado a ser un nuevo Hollywood de la música. Un lugar al que emigran los aspirantes a músicos de todo el país en busca de su oportunidad para alcanzar la fama. Si en Hollywood cada camarero o camarera esconde a un actor o actriz en ciernes, da la impresión de que en los millones de bares de Williamsburg no hay nadie trabajando que no aspire a ser músico o cineasta. Con un epicentro original en Williamsburg, que se ha ido expandiendo hasta engullir Greenpoint por el norte y alcanzar Long Island City al este y Reed Hook al oeste, el Brooklyn hipster es un enorme reino indie tan idiosincrásico como caricaturizable (y ya caricaturizado por series de televisión como “Two Broke Girls”).

"Brooklyn ha pasado a ser

un nuevo Hollywood de la

música. Un lugar al que

emigran los aspirantes a

músicos de todo el país en

busca de su oportunidad

para alcanzar la fama."

Confieso que la mitología del Brooklyn hipster me irrita, en parte por ser un enamorado de la ciudad (mi ciudad adoptiva, durante años), pero principalmente porque ha eclipsado a ojos de muchos la fabulosa mitología e identidad propias de Brooklyn. Ciudad portuaria, compleja y polifónica, construida a base de oleadas de inmigrantes holandeses, ingleses, italianos, polacos, judíos e hispanos, obrera, ruda y rabiosamente orgullosa, gigantesca, densamente poblada y dividida en una ochentena de barrios históricos, muchos de los cuales conservan su condición de enclaves étnicos. El gemelo oscuro de Nueva York, igual que South London es el gemelo oscuro de Londres. Una auténtica Babel, casi un microcosmo alquímico del mundo. El acervo de mitos de Brooklyn es simplemente interminable, pero en este artículo quiero presentar tres a modo de antídotos o fármacos contra la nueva mitología hipster: el Templo Masónico de Fort Greene, la colección de artefactos egipcios del Brooklyn Museum y El horror de Red Hook de Lovecraft.

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Sobradamente conocido hoy en día como sala de conciertos, el Templo Masónico de Brooklyn en Fort Greene, en la esquina de las avenidas Clermont y Lafayette, fue construido entre 1907 y 1909 como centro de reunión de todas las logias de Brooklyn. Cuando lo ves por primera vez, el edificio te deja sin aire. Se trata de un cubo casi perfecto de mármol, ladrillo y terracota, de treinta metros de lado, a la vez colosal y delicado. En su interior lleno de escalinatas de mármol y murales masónicos se encuentran dos salas de logias mayores, una sala de logia menor, una sala de banquetes y su espectacular auditorio de cuatro pisos de altura, que es donde hoy se celebran los conciertos. En los últimos años, desde que se popularizó, allí han tocado bandas como Swans, Neurosis, Throbbing Gristle, Sunn O))) o Godspeed You! Black Emperor (además de otras muchas bastante menos ilustres).

No hace falta decir que si la banda sabe aprovechar el escenario, y a veces también si no, el auditorio del Templo Masónico puede transformar la experiencia de la música en directo en una ceremonia absolutamente mágica. La leyenda local dice que son los masones quienes alquilan el auditorio para celebrar los conciertos, pero esto no es estrictamente cierto. El Templo Masónico de Fort Greene fue durante décadas el centro espiritual de las logias de Brooklyn, llegando a albergar a una cuarentena de ellas, pero en 1977 las logias perdieron el edificio, que fue adquirido por una organización llamada The Empire State Grand Council, Ancient & Accepted Scottish Rite Masons Inc. La organización en cuestión es una logia masónica irregular, integrada por afro-americanos y no reconocida por prácticamente ninguna organización masónica legítima. Fue este Empire State Grand Council quien empezó a partir de 1977 a alquilar sus distintas salas de reuniones a distintos grupos, a fin de pagar los elevados costes de mantenimiento del edificio. Hoy en día, allí se celebran toda clase de actos públicos, bodas, bautizos y conciertos de rock, generando cierto debate acerca de cómo todo esto está afectando al interior del maravilloso edificio.

melvin_030512_1336027803_91_.jpg Melvin

Situado en la esquina nordeste de Prospect Park, el Brooklyn Museum alberga una de las mayores colecciones de arte egipcio antiguo de toda América. El museo lleva más de un siglo comprando objetos del antiguo Egipto y patrocinando sus propias excavaciones en Nubia y Egipto. El mayor proyecto arqueológico actual del museo es, de hecho, la excavación del Templo de la Diosa Mut en Karnak, que se inició ya por los años 70s. El gran tesoro de la sección egipcia del museo es sin duda la colección privada que el museo les compró a los herederos del eminente egiptólogo americano Charles Edwin Wilbour, que conforma una parte sustancial de la colección. Además de su colección de objetos, los herederos de Wilbour también donaron al museo su biblioteca profesional y crearon un fondo para la investigación que ha asegurado que el museo pueda seguir adquiriendo. De esa manera se ha establecido la Wilbour Library, una de las principales bibliotecas egiptológicas del mundo. Hoy en día solamente la parte que está en exposición ya merece una visita al museo, con miles de objetos y sus flamantes nueve momias, de las cuales casi siempre hay cuatro o cinco en exposición permanente. La más popular de ellas, recientemente restaurada, responde al parecer al nombre de Melvin.

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