¿No te basta con la ración mensual de maxis que te ofrecemos aquí en la sección de críticas? ¿Todavía quieres más? ¿Hay hambre canina de EPs? Pues aquí tienes una nueva columna periódica e irregular que te irá trayendo, de diez en diez, la buena mierda.
Hola. Esto es una columna nueva en PlayGround que trata sobre maxis, es decir, sobre discos que se editan –generalmente en vinilo, pero también en ficheros de audio, y a veces también en CD, en cassette o en soportes aún más extraordinarios– y que normalmente quedan sepultados entre la ingente avalancha de novedades que, semana tras semana, inunda las cubetas de las tiendas físicas y las portadas de ‘recently arrived’ en los comercios digitales. Hay tanto que hay que escarbar, qué remedio queda. Por supuesto, quien visite asiduamente PlayGround podrá argumentar, con toda la razón del mundo, que no hace falta abundar en el tema, pues aquí ya se publican a diario críticas de EPs en la sección dedicada a tal menester. Voto a bríos que es así. Pero no menos cierto es que, incluso así, muchos títulos se quedan fuera por falta de espacio, y como consideramos que al maxi hay que cuidarlo y quererlo como a una madre, y que más vale que abunde que no que escasee, aquí van diez títulos para llevarse una sobredosis de música electrónica reciente, buena y arriesgada, y cargar estantería o disco duro con criterio, si así es de vuestro gusto.
Además de columna nueva, ésta también es una columna irregular, en el sentido de que no tiene una periodicidad fija: irá saliendo cuando haya material para comentar –que vendría a ser cada dos semanas, día arriba, día abajo, a razón de diez títulos por remesa–, siempre con tal de no perder comba con respecto a los movimientos imperceptibles, minúsculos, pero importantes a medio plazo, que ocurren en lo hondo del underground. Si quieres EPs, por tanto, ahí van a mansalva, y próximamente más.
Jamie Roberts tuvo un 2011 tormentoso, con hasta cinco maxis planchados a su nombre –los que van del electroide “Bohla EP” en R&S al muy tóxico “Getting Me Down”, con el esputo ácido “What You Do With What You Have” entre medias–, y en 2012 ya le empezábamos a echar de menos, si es que se puede echar de menos un picor intenso de codo o el dolor de una caries. Suerte que Hobbs (Mary Ann) le rescató de su silencio y le llevó al Sónar coincidiendo con la publicación de “Long Distance Open Water Worker”, otro asalto techno que te deja aturdido por a) la brutalidad con la que Blawan suelta los bombos y luego se mea con la 303 por encima (“6 To 6 Lick” hasta añade sangre a la orina), razón por la cual puede reclamar el título de legítimo heredero de Dave Clake y por b) el poco esmero que le aplica al sonido, todo sucio, opaco y pensado para nublar tus oídos (“Grafter Gets A Home” es como si te torturaran con electrodos, y “Breathe Them Knees In” como si te introdujeran un objeto duro y recto por el ídem). No le quiero en mi vecindario, pero en el Technics es bienvenido.
Y a Alistair Wells todavía le quiero menos por el barrio: a juzgar por su sonido, debe ser la típica persona que almacena serruchos y bidones de disolvente industrial en el sótano, y una buena reserva de plástico en rollos, por si acaso. Y pensar que hubo una época en la que Perc Trax era un sello orientado hacia el house progresivo de trazo delicado, inspirado en el éxito de Border Community –la segunda referencia fue aquel “Fancy Arse” de Avus con el tremendo remix acid de James Holden–. Todo aquello cambió: ahora Perc Trax es un sello de techno herrumbroso y a cara de perro que se define por dos discos esenciales: el reciente de Forward Strategy Group, “Labour Division”, y el “Wicker & Steel” del propio Perc, del que “A New Brutality” es una especie de epílogo formado por bombos secos y fríos como un Sáhara helado. “A New Brutality” –ya ni se admiten dobles significados con estos títulos– roza el gabber, “Cash 4 Gold” es un contrapunto de bombos de acero y disonancias atonales, y “Boy” una trepanación por la que sentiría envidia Regis, el mismísimo Lord del mal rollo. “Before I Go”, para cerrar, aniquila el beat y se queda sólo con unos acordes tétricos de guitarra procesada por ordenador y ruidos como de pasos por la gravilla: algo muy malo pasa en la cabeza de este hombre.
Salvando algún tema suelto aquí y allá, sobre todo en vinilos compartidos con amigos de la calaña de Los Updates o Jacek Sienkiewicz –y sin contar, por supuesto, el remix ocasional y proyectos de envergadura fuera de la música de baile como la recreación ambiental del catálogo del sello jazz ECM en “Re: ECM”, mano a mano con Max Loderbauer–, resulta que “Any Ideas” es el primer vinilo (de baile) a nombre del chileno desde los lejanos tiempos de “Enfants” (Sei Es Drum, 2008), y además aperitivo –que no adelanto– del nuevo álbum, “Dependent And Happy”, que le tomará el relevo a “Vasco” (Perlon, 2008). Cuatro años no son moco de pavo, y aquí no parece haber cambiado mucho: cortes más largos que la herramienta de John Holmes –13 y 14 minutos duran “Any Ideas” y “Emilio (2nd Minimooonstar)”– que evolucionan con la consabida sensación de mareo de toda producción Villalobos, como una jam flotante de house amortiguada con virutas de sonido al azar arremolinándose en los instantes de silencio: un acople, una nota a la fuga, un sonido de aspiración, una voz de anciana, un fragmento electroacústico. Su fórmula es inimitable y madura, aunque ya no nos pille desprevenidos como en los días de “Alcachofa” o “Achso EP”.
Samplear canto gregoriano en una producción house es tan antiguo como remontarse al primer disco de Enigma, allá por 1990, o a los remixes que se publicaron poco después de la monja benedictina Hildegard Von Bingen, y normalmente ha sido siempre algo cheesy aunque simpático. En el caso de “Assis” la simpatía existe –es un corte de deep house envolvente, casi balearic, aunque la palabra sea fea: pero quizá tenga en mente aquellos tiempos felices del house europeo de principios de los 90s, en la tradición de 808 State–. De lo que no hay rastro, eso sí, es de horterada. El dúo barcelonés busca su propio sonido y está cerca de encontrarlo en su devoción por el equipo analógico –que da calor y naturalidad a la música– y su tributo no dogmático a la música de la edad de oro: techno espacial, filigranas de acid, percusión orgánica, incluso un levísimo rastro de música disco paradisiaca. “Lamento Castellano” contiene todos los ingredientes de su house libérrimo, y “Danza” encuentra ese momento de ligereza despreocupada en el que el techno echa a volar. Aunque la joya del maxi de Aster son los ocho minutos que entrega Ital en forma de remix de “Danza”, con un sonido más relleno, grueso y épico que recuerda a los orígenes de The Black Dog o Stasis. Recordémoslo –o, como se dice ahora, ‘pin it’– para cuando toque hablar del revival 90s, que lo tenemos encimísima.
El título del nuevo EP de Submerse –Robert James Orme, a quien igual conoceréis, o no, por diferentes maxis en Fortified Audio y Project:Mooncircle– suena revelador: “They Always Come Back”. Si se refiere a la década prodigiosa de la música electrónica entonces sí: está de vuelta, poco a poco, y la resurrección del sello Apollo, de la que hablamos aquí a raíz del maxi de Synkro, es un síntoma que no conviene perder de vista. El que fuera el subsello ambient de R&S Records se ha reactivado como si no hubiera pasado nada –ni siquiera como si hubieran pasado 15 años desde su mejor momento–, y cada nuevo título es una razón para desempolvar los viejos vinilos de Sun Electric, David Morley y Biosphere y ponerlos al lado. De los tres últimos, el que corta el bacalao es el de Jack Dixon, una especie de George Fitzerald de tempo más pausado o un Joy O sin tanto derroche de house que consigue irradiar positivismo en sus cuatro piezas de ciberdelia onírica, como si Scuba hubiera grabado algo en el viejo sello Internal. Lo que no significa que haya que despreciar el debut de Gacha Bakradze –los dos cortes de “Remember” son buen downtempo sumergido en líquido amniótico– ni el encuentro imaginario entre EZ Rollers y Hudson Mohawke que delinea Submerse en su sinfonía de breaks.
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