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Los orígenes de la espiritualidad “hipster”, entre la herencia y el silencio

Ahora que ya empieza a hablarse de mindfulness, mipsters y cristianos hipsters conviene remontarnos al origen de toda esta inclinación por la espiritualidad: los beatniks

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Los orígenes de la espiritualidad “hipster”, entre la herencia y el silencio | PlayGround | Articulos Musica

De los beats guardamos el recuerdo del desenfreno, la cultura jazz, la poesía underground, el uso de las drogas y el viaje sin descanso. Sin embargo tendemos a olvidarnos de su faceta espiritual, de enorme importancia para entender su obra. Arturo Sánchez repasa aquí los momentos más emblemáticos de aquella generación.

Foto superior: Allen Ginsberg en el mar de Japón (1963) por Kristopher McKay

luciencarr_110214_1392131892_96_.jpg Lucien Carr

Hace unos días se cumplían cien años del nacimiento del polifacético e inclasificable William S. Burroughs, primer escritor de la generación beat del que se celebra un centenario. Coincidencia trágica: en 2014 se cumplen también setenta años del asesinato del profesor David Kammerer por el joven poeta Lucien Carr, suceso que cimentó la amistad entre los miembros del círculo de Carr, compuesto nada menos que por Jack Kerouac, Allen Ginsberg, y el propio Burroughs. Setenta años después, el recuerdo de la generación beat no solo permanece incandescente; de hecho, gana adeptos.

Llama la atención, por ejemplo, la cantidad de películas dedicadas a la generación beat estrenadas en los últimos años. Ahí están Howl (2010), de Rob Epstein y Jeffrey Friedman; On the Road (2012), de Walter Salles, primera adaptación cinematográfica de la novela de Kerouac; Big Sur (2013), de Michael Polish; y Kill your Darlings (2013), de John Krokidas, sobre el caso Carr-Kammerer (las dos últimas todavía no se han estrenado en España). A todo esto le podemos añadir el fenómeno «hipster » que, a fin de cuentas, no deja de ser un término heredado de la generación beat, y definido por primera vez por Norman Mailer en 1957.

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Sin embargo, aunque de la generación beat guardamos la imagen del desenfreno, la cultura jazz, la poesía underground, el uso de las drogas y el viaje sin descanso, llama la atención hasta qué punto olvidamos una dimensión imprescindible: la importancia de la religión y la espiritualidad.

La rebelión de estos jóvenes poetas nace como resultado, por una parte, de la fractura traumática de la segunda guerra mundial, y por otra de su imposibilidad para aceptar los valores imperantes de la sociedad norteamericana de McCarthy y Eisenhower en los años 1950, marcada por el orden moral y policial, el materialismo, el catolicismo conservador, el consumo y el conformismo, reivindicado como trofeo y muralla por una clase media preocupada por conservar su recientemente adquirido bienestar. En ese contexto se comprende la exploración de espiritualidades y religiones distintas llevadas a cabo por los artistas beat. Porque la indignación surge de preguntas como la que la madre de Ray Smith (Jack Kerouac) le hace a su hijo en Los vagabundos del Dharma:

¿Por qué no conformarte con la religión con la que naciste?

Jack, sin rumbo

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Como la mayoría de escritores beat, Jack Kerouac vuelve la mirada hacia el Este en busca de una espiritualidad nueva. Educado en una familia conservadora de católicos franco-canadienses, Kerouac abandona pronto el catolicismo estricto, y mira hacia Asia para satisfacer su deseo espiritual. En 1943 descubre el budismo tibetano y el budismo zen, aunque no empieza a estudiarlos en profundidad hasta 1954, cuando inicia una implicación profunda en el zen japonés. Entonces decide convertirse en un bodhisattva, lee los sutras cada día (en particular el Sutra del Diamante) y practica meditación. En 1955 conoce a Gary Snyder, que se convertirá en su compañero y, en gran parte, su guía en los senderos del budismo. El relato de la convivencia entre Kerouac y Snyder forma el argumento de Los Vagabundos del Dharma: igual que Sal Paradise seguía a Dean Moriarty (Neal Cassady) en En el camino, Ray Smith sigue a Japhy Ryder (Gary Snyder) en el aprendizaje de la vida lejos de la ciudad, en la montaña, aprendiendo a vivir con lo mínimo, a caminar y escalar durante horas, a meditar y a desentrañar la esencia de la verdad de Buda (el Dharma) sentado en la cima de Desolation Peak.

Kerouac siempre consideró las enseñanzas del budismo y del cristianismo como complementarias, si no idénticas: “No hay diferencias entre Buda y Jesús”, dice en una entrevista de 1968.

 

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La exploración del budismo de Kerouac llega a su punto álgido en 1956 con la composición de La Escritura de la Eternidad Dorada, un largo poema filosófico-místico en el que Kerouac propone una especie de texto fundador de su propia espiritualidad. El poema busca ser la expresión de su concepción única de la vida espiritual, e invita al lector a buscar la suya propia sin seguir sus mismos preceptos: “Cuando hayas entendido esta escritura, tírala. Si no logras entender esta escritura, tírala. Insisto en tu libertad”.

Sin embargo, 1956 es también el año de una crisis. Después de sus dos meses de meditación budista en Desolation Peak, Kerouac se encuentra frente a una contradicción fundamental: la imposibilidad de combinar, como hubiera deseado, la práctica de la espontaneidad inspirada de la cultura jazz, el inconformismo, y la rigurosa disciplina, regularidad y obediencia a los maestros características del budismo zen más genuino.

Incapaz de mantener una disciplina de meditación seria, decepcionado por la falta de resultados de su búsqueda, Kerouac concluye que no está hecho para la vida religiosa. Entristecido, abandona su búsqueda de un budismo amplio y sin sectarismos. También considera que el budismo zen se orienta menos a practicar la bondad (la principal búsqueda de Kerouac y de casi todos sus compañeros beat) que a confundir la mente. A partir de 1960, su interés por dicha religión cae drásticamente.

A diferencia de Gary Snyder, Kerouac nunca había trazado una separación clara entre budismo y cristianismo. Incluso en sus años de mayor implicación budista, Kerouac siempre consideró las enseñanzas del budismo y del cristianismo como complementarias, si no idénticas. “No hay diferencias entre Buda y Jesús”, dice en una entrevista de 1968. El alejamiento de Kerouac para con el budismo le lleva primero a un retiro del mundo en el que sucumbe a la depresión y al alcoholismo. En 1962, febril, tiene una visión de la Cruz y decide abrazar el catolicismo heredado de su familia, y con él el conservadurismo político.

Se retira entonces a vivir con su madre, rehúye a sus antiguos compañeros, se da a la bebida, al catolicismo y a las opiniones reaccionarias hasta su temprana muerte en 1969, como consecuencia de su consumo de alcohol desenfrenado.

El puzzle de Ginsberg

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La búsqueda espiritual de Ginsberg comienza una noche de 1948. El joven lee el poema Ah! Sunflower de William Blake, que le provoca un impacto extremo. Ginsberg llega incluso a oír una voz grave, de ultratumba, que se dirige a él, y a la que identifica como la del poeta inglés. A partir de ese momento crucial, toma a Blake como gurú y su búsqueda de la poesía de la visión como objetivo.

Durante sus estudios se interesa por la cultura asiática, en particular por el arte chino, lo que le lleva a descubrir el budismo zen alrededor de 1953. Sin embargo, a diferencia de Kerouac o Snyder, los intereses de Ginsberg son múltiples y eclécticos, y aunque se entusiasma por el budismo zen, también explora otras religiones asiáticas, como el hinduismo. Además empieza a experimentar con drogas (anfetaminas, ayahuasca, LSD) con el fin de alterar sus sentidos y abandonar su envoltorio corporal en busca de nuevas visiones y de estados de conciencia inexplorados que amplíen su entendimiento. Intenta recuperar la sensación de “consciencia cósmica” experimentada durante la lectura de Blake.

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En 1962, Ginsberg y Peter Orlovsky viajan a India para formarse en la tradición hindú y para buscar nuevas drogas expansivas de la conciencia. Sin embargo, también a Ginsberg le resultan difíciles las exigencias religiosas, en particular la meditación: siente una incomodidad con su propio cuerpo que le impide la concentración necesaria. De hecho, su uso de drogas y su búsqueda de visiones tiene como objetivo también hacerle escapar de un cuerpo que aborrece. Frente a semejante tesitura, numerosos gurús hindúes señalan a Ginsberg la necesidad de reconciliarse con su cuerpo físico. La revelación llega para el poeta en 1963, en un trayecto en tren entre Kyoto (donde ha ido a visitar a Snyder) y Tokyo, en el que decide dejar de tratar de abandonar su cuerpo, renuncia a Blake y a la visión, y se orienta hacia una búsqueda de la conciencia y el entendimiento del instante, típica del budismo.

Su consumo de drogas se reduce; su práctica de la meditación se regulariza. Aumenta también su interés por el hinduismo, en particular por el krishnaismo y el canto de mantras, que exporta luego a la poesía oralizada.

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"Ginsberg encarna

como nadie el

eclecticismo y

el sincretismo

reivindicados por

la generación beat"

A diferencia de Kerouac, Ginsberg siempre admitió su necesidad de seguir las indicaciones de maestros espirituales. Encuentra al último en Chogyam Trungpa, en 1971, un maestro Tibetano inusual: libre en sus comidas, fumador, bebedor y poeta, da clases en su Naropa Institue, en Colorado. Precisamente en el Naropa Institue, Allen Ginsberg y Anne Waldman fundan en 1974 la Escuela de Poéticas Incorpóreas Jack Kerouac, en la que Ginsberg da clases de escritura y espiritualidad, puesto que poesía y vida espiritual nunca han sido para él realidades distintas.

Líder de la contracultura de los años sesenta, padre del movimiento hippie y profeta americano, Allen Ginsberg encarna como nadie el eclecticismo y el sincretismo reivindicados por la generación beat. Como lo dice en su poemaKral Majales: “Soy un Judío Budista que venera el sagrado corazón de Jesús el cuerpo azul de Krishna la espalda recta de Ram el abalorio de Chango el Nigeriano mientras canto Shiva Shiva de una manera que me he inventado”. A fin de cuentas, Ginsberg lo absorbe todo, y reconcilia conceptos opuestos como sagrado y profano, cuerpo y espíritu, Nirvana y Samsara. La búsqueda espiritual en nada dista de la búsqueda poética, y Ginsberg las orienta a ambas, como Kerouac, hacia un ideal de bondad y de aprendizaje de la comunidad humana.

Zenmaster Snyder

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De todos los beats, Gary Snyder es sin duda el que ha llevado una vida espiritual más estable y disciplinada. El poeta explicaba en una entrevista que, al haberse educado en la costa Oeste de Estados Unidos, sus influencias naturales fueron de origen asiático, y fueron mucho más importantes que otras posibles influencias europeas. Desde la infancia se interesa por el arte asiático, y se inscribe en la universidad de Berkeley para cursar estudios de chino y japonés. Por aquel entonces se había interesado en las creencias animistas de los indios americanos, y ya conocía los textos clásicos del budismo zen. A diferencia de Ginsberg, Snyder nunca experimentó un instante de revelación mística o una visión trascendental: su búsqueda espiritual fue y sigue siendo la del trabajo disciplinado y continuo.

En 1955 conoce a Jack Kerouac, cuya voluntad de reconciliar budismo y cristianismo le exasperan: Snyder no soporta las ideas de un puritanismo sexual, de un paraíso prometido en la otra vida, de los animales como seres desprovistos de alma y, sobre todo, de la supuesta superioridad del hombre sobre el resto de la naturaleza.

"A su regreso de Japón, la dificultad de Snyder para aceptar las jerarquías institucionales le hace volver a interesarse por el misticismo nativo-americano"

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En 1956, mientras Kerouac medita en Desolation Peak, Snyder se marcha a estudiar el budismo zen japonés en un templo de Kyoto, y no vuelve a instalarse en San Francisco hasta 1965. Durante su estancia en Japón, Snyder se dedica con celo y método al aprendizaje del zen —lo que no le impide, como a los demás beats, ser crítico con las jerarquías y la rigidez de las instituciones religiosas, así como oponerse a cualquier religión organizada.

Snyder concibe la práctica espiritual como un hecho estrictamente individual, que pasa esencialmente por la regularidad de la meditación, hasta el punto de hacer del zazen la esencia pura del budismo. A su regreso de Japón, esta dificultad de Snyder para aceptar las jerarquías institucionales le hace volver a interesarse por el misticismo nativo-americano, en particular por su búsqueda de una existencia armoniosa del hombre con la naturaleza y el respeto del ecosistema. Se dedica entonces a mezclar el budismo con el animismo de los indios, convencido de que el equilibrio ideal se encuentra en la combinación de la profundidad filosófica e íntima de las religiones asiáticas, y el estilo de vida en comunión con la naturaleza de los nativo-americanos. Además, Gary Snyder es hoy un activista por el medio ambiente, dedicado a la protección y preservación de la naturaleza: su búsqueda espiritual, combinada con su ecologismo, le ha llevado también, aunque de forma distinta a Ginsberg, a desempeñar activamente un rol social y político, a pesar del carácter esencialmente apolítico de la generación beat en sus inicios.

“¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!”

neal-cassady_120214_1392196741_2_.jpg Neal Cassady

Elegimos a estos tres poetas porque aparentemente son los que tienen una vida espiritual más rica y compleja. Sin embargo, hay más ejemplos, como el budismo de Philip Whalen, el budismo animista (casi animalista) de Michael McClure, los coqueteos de Neal Cassady con el ocultismo o el interés pasajero de William Burroughs por la cienciología. Lo que hay que entender es que la búsqueda espiritual de los beats se declina en el eclecticismo y la individualidad, sin buscar reunir a todos los miembros del grupo bajo las mismas reglas —esto es, sin imponer a la comunidad unos rasgos identitarios determinados. A fin de cuentas, la exploración religiosa beat se orienta hacia una búsqueda de lo sagrado en la tierra, y la realización de una forma de santidad humana.

Así, la primera figura sagrada de la generación es Neal Cassady, ese “santo bobo” que vive sin descanso, sin pausa, en la agitación y la intensidad siempre. Si bien se desinteresa de cualquier religión, no deja de ser, a su manera, un profeta, un hombre santo del viaje, del jazz, de la inquietud, de la locura. Kerouac comprende la dimensión sagrada de semejante individuo, y por eso le sigue. Y es que “beat” —si Kerouac usa primero el término para referirse a una generación “golpeada”, “apaleada” o “en las últimas”— funciona también como una abreviación de “beatífico”: la generación beatífica, apolítica, individualista, que cree, al menos durante un tiempo, en la búsqueda de la empatía y la bondad (kindness es la palabra clave repetida sin cesar por todos sus miembros), y en la existencia de una comunidad sagrada y terrestre de los seres vivos. A fin de cuentas, toda la exploración beat se encuentra ya concentrada en la última sección de Aullido:

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¡El mundo es santo! ¡El alma es santa! ¡La piel es santa! ¡La nariz es santa! ¡La lengua y la verga y la mano y el agujero del culo son santos! ¡Todo es santo! ¡todos son santos! ¡todos los lugares son santos! ¡todo día está en la eternidad! ¡Todo hombre es un ángel!” Iluminación pre-budista de Ginsberg que resume todo lo que se pueda decir de la búsqueda de estos poetas. Y el poema concluye con este verso magnífico que lo apuesta todo, una vez más, por la bondad, que es una forma de lucidez: “¡Santa la sobrenatural extra brillante inteligente bondad del alma! ”

¿Qué nos ha quedado de esto hoy en día, en esta sociedad nuestra tan a menudo llamada “individualista”? Recientemente hemos visto a los hipsters afiliarse masivamente al budismo, a la práctica del mindfulness, y ahora que el movimiento parece tomar demasiado peso, hasta hay quien se orienta al cristianismo. Parecería que, si bien buscan alejarse de lo mainstream, no dejan de tratar de formar una comunidad: la idea de minoría cobra más importancia que la de individuo. Es esta una posible herencia problemática de la generación beat, puesto que, todo hay que decirlo, no hay verdaderamente una “generación” beat, sino un grupo cuyos miembros comparten la misma voluntad de un movimiento individualizador. Por eso la generación beat es indefinible. Por eso, después de nacer como movimiento alrededor de 1955 y del recital de la Six Gallery, se desintegra ya hacia 1960.

Y sin embargo, la historia y la obra de sus miembros es de una riqueza que puede ser importante revisitar hoy en día, en todos sus aspectos.

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