Muchos considerarán en poco tiempo la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres como la mejor de la historia. Y eso será, en parte, gracias a la música: la de The Chemical Brothers, Underworld, Arctic Monkeys y bandas similares. Si no la viste, te relatamos cómo fue el espectáculo.
De las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos nunca se sabe nada de antemano y, como mucho, nos avanzan algunas pistas días antes. De las de Londres 2012 se sabía que estarían dirigidas por Danny Boyle –que haría de la gala una especie de película, fiel a su tradición de cineasta innovador– y que tendría como punto de partida la campiña inglesa. Se había apuntado la colaboración de artistas como The Chemical Brothers, Underworld y Dizzee Rascal, aunque sin precisar cómo en muchos casos: de algunos se intuía que aparecerían, de otros se sabía que contribuirían con música. Finalmente, la espectacular ceremonia londinense –la mejor de todos los tiempos por ritmo, innovación y valores humanos, y lo dice alguien que ha visto unas cuantas, comenzando por Los Ángeles 1984 (que tuvo música de Philip Glass, por cierto); sus grandes rivales, que son las de Barcelona 1992 y la de Pekín 2008, no le aguantan el tipo a ésta– resultó ser la más musical de todas, invadida en todo momento por sonidos, y en buena parte rabiosamente contemporáneos.
El planteamiento de Danny Boyle fue el siguiente: resumir la idiosincrasia británica en hora y media de espectáculo coreográfico al que luego se le sumó, como ya es tradición, el desfile de atletas, los parlamentos, los juramentos y el encendido de la antorcha, traída por David Beckham a lomos de una lancha por el río. Esa idiosincrasia se reveló en ideas como el tránsito del mundo rural al industrial, la entrada en la modernidad y los signos culturales de un país: cine, literatura y música. Música, sobre todo música; música desde el principio hasta el final en las siguientes etapas. Si no viste la ceremonia, corre a verla: fue orgásmica. Si la viste, vamos a recordar cómo fue.
1. Fuck Buttons y el Támesis. Danny Boyle nos acercó al estadio olímpico desde el mismo nacimiento del Támesis, en un travelling vertiginoso al ritmo de “Surf Solar”, el corte que abría el segundo disco de Fuck Buttons, “Tarot Sport” –para más inri, mejor disco de 2010 para PlayGround–. No fue el único momento Fuck Buttons de la ceremonia: hubo una transición con el tema de “Eastenders”, sonó “Sundower”, una pieza orquestal nueva de Blank Mass, y en el desfile de atletas atronó, como no podía ser de otra forma, “Olympians”, que es el mejor tema que existe para correr, y también para correrse.
2. Protagonismo de Underworld. Underworld dieron un salto decisivo a la fama planetaria gracias a Danny Boyle, que utilizó “Born Slippy (Nuxx)” en el corazón de “Trainspotting” y convirtió ese pepino de house progresivo en la canción del verano de 1996. Si Boyle tiene, pues, un artista de confianza, es el dúo formado por Karl Hyde y Rick Smith, que han firmado una ambiciosa pieza, pura épica, que ocupó el momento central de la primera parte del show, “Isle Of Wonder”, en el que la campiña idílica se transforma en un horno industrial con el que el país se enriquece y entra en el siglo XX. Como mucha gente seguramente pensó, e incluso María Escario manifestó en la narración de TVE, necesitamos que esto salga en CD. Urgentemente. Y la ceremonia en Blu-Ray.
3. Playbacks. Los playbacks son un clásico de estos saraos. Al de este año se apuntaron Emeli Sandé, con la tradicional canción lacrimógena –antes, en un homenaje a personas fallecidas este año, sonaron las notas de “An Ending (Ascent)” de Brian Eno–, y también Mike Oldfield, que puso el cazo para “tocar” su archiconocido “Tubular Bells” –con una fase remix que tiraba para lo trance– en el momento dedicado a la literatura infantil inglesa, con citas directas a Peter Pan y Harry Potter (con lectura de un fragmento del texto de J. M. Barrie a cargo de J. K. Rowling, en un armonioso loop conceptual). Aún así, moló, con las campanas tubulares ahí colgando y la típica cara agrias de “querría estar en mi casa, pero tengo que cobrar” del viejo Mike.
4. Carros de fuego. “Carros De Fuego” es la película olímpica por antonomasia, centrada en los Juegos de 1924. Su tema titular –de hecho, su banda sonora entera– simula el paso constante y ágil de una carrera de medio fondo: la firmó Vangelis y ganó un Oscar. En el epicentro de la ceremonia se interpretó el tema titular (también en playback), bajo la dirección de Simon Rattle y con número cómico del tremendo Rowan Atkinson en la piel de su criatura más conocida, Mr. Bean. Y a pesar del humor británico, nada le restó solemnidad al tema del compositor griego.
5. Historia del pop inglés. Tras el homenaje a la literatura y el cine, llegó el tributo a la gran exportación cultural británica: el pop, comenzando con las notas sintéticas de “Enola Gay” (OMD) para urdir un medley de cuatro décadas en el que sonaron temas tan conocidos como “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Stones, “Bohemian Rhapsody” (Queen), “Pretty Vacant” (Sex Pistols… ¡y en presencia de Isabel II!; no hubo huevos, evidentemente, para pinchar “God Save The Queen” en presencia de la Windsor, y menos en año de jubileo), “Blue Monday” (New Order), “Sweet Dreams” (Eurythmics), “Firestarter” (The Prodigy), “Born Slippy” (lógicamente) para culminar en la aparición en persona de Dizzee Rascal para desatar la locura con “Bonkers”. Todo ese tramo fue una obra maestra.
6. Desfile de atletas. Duró algo más de hora y media y comenzó (y acabó) con “Galvanize”, el primer corte de “Push The Button”, uno de los discos más flojos de The Chemical Brothers, pero con ese hit incontestable como tabla de salvación. Durante todo ese tramo hubo un playlist variopinto con momentos evidentes y prescindibles (“Vertigo” y “Where The Streets Have No Name” de U2), algunos lógicos, por la cosa populista (“Rolling In The Deep”, de Adele), y mucho trote house de la escuela Underworld (con “Rez” en una versión extendida), e incluso “West End Girls” de Pet Shop Boys. Cuando apareció el equipo olímpico británico, estaba claro lo que tenía que pasar: sonó “Heroes”, de Bowie.
7. Arctic Monkeys y The Beatles. Tras el desfile, Arctic Monkeys tocaron dos piezas –y esta vez en riguroso directo, sin trampa–: “I Bet You Look Good On The Dancefloor” en plan punk y una versión de “Come Together” de Lennon & McCartney. Sir Paul fue el encargado de clausurar la ceremonia con “Hey Jude”, con problemas de sonido al principio, pero con traca final que puso a la gente en pie.
8. Los grandes olvidados. Al final, nada de Coldplay (se barajó “Viva La Vida” en el primer setlist tentativo), nada de The Smiths, nada de Oasis. Pero, ¿quién les necesitaba? Habrían sido redundancias obvias en una ceremonia que supo equilibrar muy bien la vanguardia pop de los 60 hasta hoy, sin caer en los clichés más manidos, pero sin pasarse de snob acudiendo al underground. Al fin y al cabo, es un espectáculo de televisión que ven millones de personas. Y es para aplaudir: nunca antes una ceremonia olímpica había tenido tanta sensibilidad y respeto por la música. Cómo no, los ingleses tenían que ser.
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