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“#24H”: sinergias entre la novela contemporánea y las redes sociales

In prog we trust: la columna sobre tecnología de PlayGround

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Internet está en el origen de una nueva forma de escritura que se aparta de los cánones asumidos de la literatura tradicional. Las redes sociales permiten un nuevo lenguaje, que es el que adopta Bernardo Gutiérrez en “#24H”, un ‘novela’ copyleft basada en Twitter, la cultura mashup y el activismo hacker.

bernardo_210512_1337589287_51_.jpg Bernardo Gutiérrez

En 2007, mientras el periodista Bernardo Gutiérrez alucinaba ante su pantalla con las manifestaciones virtuales que ocurrían en Second Life frente a la sede (virtual) de IBM Italia, empezó a esbozar la idea de una novela donde tratar fenómenos como la actividad de grupos en internet, la inteligencia colectiva y la creación de fenómenos virales en la red. Entonces pensó en hacerlo bajo la apariencia de un falso blog, donde recrearía 12 horas en el ciberespacio utilizando para ellos entradas y comentarios escritos desde la ficción. Después llegaron las Primaveras Árabes y el 15M, con todo lo que supusieron estos movimientos en las redes sociales, y dejó parado el proyecto hasta que, finalmente, en julio del año pasado, se encerró un mes en un piso de Río de Janeiro con un móvil con conexión a internet. Mientras con una mano retuiteaba los ecos y las reflexiones surgidas al calor de la #spanishrevolution, con la otra daba forma a “#24H”, una novela donde, además de recrear un el jaleo y el ruido que supone un día cualquiera en la red, ha querido cuestionar algunas cosas. “Hace un siglo, Joyce recreó un día en la vida de una persona en su novela ‘Ulises’, partiendo de una ciudad fija y física y con un monólogo interior como estrategia para explicar el caos desde la subjetividad. Hoy no podemos seguir considerando esto vanguardia”, dice el autor, que ha optado por la narración colectiva y los múltiples escenarios virtuales y simultáneos que ofrece internet para dar su propia respuesta acorde con los tiempos. Con el conflicto entre creación y tecnología de fondo, estos son, al menos, diez cuestiones que asalta en su novela.

1. El 15M como explosión creativa.

“Yo no quería explicar el 15M ni quiero catalogar el libro como un libro del 15M”, advierte Bernardo, pero es cierto que hace un año, antes de las movilizaciones, hablar de cosas como horizontalidad, colectividad, procomún, repensar el espacio público y redes de trabajo hubiera sonado a chino. El 15M y lo que supuso (“un mundo híbrido, formado a la vez por calles y redes, poblado por gente conectada que busca crear cosas juntas”) fue un “paisaje” y “la inspiración perfecta” para que un proyecto como “#24H” terminara de cuajar. También el lector post-15M está más abierto ahora a jugar, a intervenir en una propuesta que podría haber nacido en alguno de los debates en las plazas y que quiere replantear aspectos fundamentales de la creación, con nuevas herramientas y nuevas formas de pensar: “Una novela con copyleft, remezclable por los lectores, cuya vida continúa gracias a la intervención de otros. Un libro que no quiere ser un fin ni un producto cerrado sino la primera línea de una narración mayor; un libro que quiere ser un proceso”.

2. El código como lenguaje narrativo.

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Hablando de palabras y de tecnología, desde su título, “#24H” hace propio el lenguaje que se utiliza en redes sociales y otras herramientas tecnológicas, abreviaturas, hashtags e hipervínculos que llevan al lector a otros lugares y páginas, como si estuviera leyendo un texto en web. “Es algo natural después de trabajar con redes. Y yo me he esforzado en incluir estas referencias. Es más: lo he corregido a la inversa de lo que es habitual en un libro: ensuciando el texto de términos, con referencias y links que incluso te pueden llegar a sacar de la lectura de la propia novela”. Es decir: hay una invitación a perderse en el proceso de pasar páginas, como cuando navegamos en internet sin rumbo. Se trata de un libro que, y de esto hablaremos después, quiere ser como la primera línea de un código de programación: aunque es la obra inicial de una única persona, está abierta y posteriormente puede ser perfeccionada gracias a la aportación de otros programadores, en este caso, de sus lectores, para dar así con algo más pulido, más efectivo, con menos fallos.

3. El blog como forma.

“#24H” es definido por su autor como un blog offline y así es su forma: con entradas y sus sucesivos comentarios, como una suerte de timeline impreso, donde se habla de todo tipo de temas y se reflexiona, donde opinión y erudición se mezclan (¿qué esperaban? Así es internet). Textos, en definitiva, por los que el lector va saltando, la única guía son las fechas de escritura y los nombres de sus autores. ¿Cómo sería algo así trasladado al mundo off, como se leería fuera de internet?, se preguntó su autor. “Hay otra lectura reposada sin la hiperactividad del hipervínculo”, se contesta ahora. Algunos comentarios son de amigos, otros robados y, la mayoría, escritos por él mismo, lo que le permitió desatar al troll que todos llevamos dentro. “Volviendo a James Joyce: hay un momento en que uno de los que comentan espeta a Joyce: ¡Eres un inútil! ¡Tu monologo interior es una mierda! ¡Tu monologo interior es hoy Twitter!”. Bernardo confiesa que hizo el ejercicio: compró el “Ulises” para escribir este libro “y en ese puto piso, intenté leerlo y no pude. Así que al final le fui dando caña”.

4. Autoría colectiva vs la figura del escritor.

Oh, el autor. EL ESCRITOR. Ese personaje de melena, bufanda y abrigo. Reverenciable para su público. Muy serio. “En los últimos años se ha demostrado la existencia de un público creador y que su relación con el artista está totalmente diluida. Cada vez hay más participación, más puentes y flujos en las dos direcciones”. A Bernardo ni siquiera le interesa su propio estatus como autor único. Evidentemente hay un ejercicio de creación individual, pero le interesa el anonimato y la autoría colectiva. “Pienso en colectivos de arquitectos de urbanismo, como Zuloark o Todo por la Praxis, gente que no firma con sus nombres particulares porque trabaja como colectivo. En literatura empieza a ocurrir: ahí están proyectos como 15Mcc o Asalto, de Fundación Robo. Me parece que abre muchas posibilidades. Y no me interesa que se hable tanto de mí como hablar de conceptos como el remix, el copyleft y otras cuestiones”.

5. El fake como manera de describir la realidad.

En “#24H” no se sabe qué es real y qué es ficción, “y no pienso decírtelo”, dice Bernardo. “Hay partes mías, citas atribuidas, pensadores que no existen, links que no funcionan. Es parte del juego”. Lo hemos visto en los falsos documentales en cine, por ejemplo: el fake puede convertirse en un vehículo para explicar algún aspecto concreto de la realidad, sin dejar de cuestionar, además, qué es creación, qué es ficción, qué es realidad. “Esto es ficción, no es un tratado sociológico sobre el 15M, sobre qué fue y cómo surgió. Pero a través de esta ficción mucha gente va a poder entender mejor por qué ha pasado. La ficción puede funcionar como una explicación de la realidad, partiendo de la base de que no se puede explicar la realidad de manera monolítica”.

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