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“Internet no es para las mujeres”: 5 ideas para combatir el machismo en la red

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Para las mujeres, Internet significa amenazas de violación, vigilancia patriarcal y exclusión de sus foros públicos. La pregunta que se lanza desde el feminismo es si el mundo digital también puede ser un enclave privilegiado para combatir el patriarcado

eudald espluga

20 Octubre 2017 12:39

Internet no es para todo el mundo.

Tras su creación, se pensó que el mundo digital era un espacio virgen que podía dar lugar a nuevas formas de relación social, política y económica. Lo que valía para el mundo real podía ser subvertido en este nuevo espacio, especialmente en cuestiones de género: las condiciones de subjetivación que atenzaban las identidades, los cuerpos y las relaciones dejaban de ser operativas. La naturaleza ya no era un horizonte determinante, sino que se podía reprogramar. 

Pero pronto se descubrió que las estructuras patriarcales constreñían también la red: estaba claro que este novedoso espacio público tampoco iba a ser para ellas. Desde la concepción del hardware —pensado principalmente por hombres— hasta la ejecución del software —pensado principalmente por hombres—, el mundo de la tecnología está plagado de sesgos de género, de mecanismos de exclusión y de plataformas que reproducen las mismas formas de desigualdad que encontramos en el mundo real.

Que Internet no es para las mujeres lo deja muy claro Laura Bates, en Sexismo cotidiano:

"Cuando los hombres escriben en Internet, es posible que experimenten hostilidad, oposición y altercados. Es poco probable que experimenten un torrente de amenazas de muerte y violación detallándoles con pelos y señales como deberían ser violados y destripados."

LEER MÁS: Una lectura de 'Sexismo cotidiano', de Laura Bates

Sin embargo, el feminismo no solo no ha renunciado a ganar este espacio público como espacio político, sino que tampoco ha cejado en su empeño por deconstruir el imaginario patriarcal utilizando las herramientas teóricas que ofrece la cibernética.

Os dejamos con seis pensadoras y cinco ideas que ofrecen tanto estrategias queer para abolir el género como mapas para la resistencia a la vigilancia machista en las redes. El objetivo, como pide Remedios Zafra, es conseguir que ese cuarto propio que es Internet pueda ser también un cuarto abierto y común:

(Detalle de portada de 'Sexismo cotidiano', de Laura Bates)


1.

El cyborg contra los dualismos, Donna Haraway

Si hablamos del papel de las mujeres en el mundo digital, es inevitable referirse a Donna Haraway, una de las pioneras en pensar cómo podían usarse las tecnologías para reconfigurar las relaciones de poder que estaban tras nuestras ideas heredadas de "humanidad" y "naturaleza". Su Manifiesto cyborg. El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado, escrito en 1984 es el texto clave para adentrarse en las teorías feministas que aspiran a deconstruir el género y los dualismos tradicionales que han facilitado la sumisión de las mujeres bajo el patriarcado.

"Las páginas que siguen son un esfuerzo blasfematorio destinado a construir un irónico mito político fiel al feminismo, al socialismo y al materialismo. [...] El centro de mi irónica fe, mi blasfemia es la imagen del cyborg."

LEER MÁS: Google quiere inyectar lentes cyborg en tus globos oculares

"[...] Un cyborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción. [...] A finales del siglo XX —nuestra era, un tiempo mítico—, todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en unas palabras, somos cyborgs. Ésta es nuestra ontología, nos otorga nuestra política. Es una imagen condensada de imaginación y realidad material, centros ambos que, unidos, estructuran cualquier posibilidad de transformación histórica. Según las tradiciones de la ciencia y de la política 'occidentales' —tradiciones de un capitalismo racista y dominado por lo masculino, de progreso, de apropiación de la naturaleza como un recurso para las producciones de cultura, de reproducción de uno mismo a partir de las reflexiones del otro—, la relación entre máquina y organismo ha sido de guerra fronteriza. En tal conflicto estaban en litigio los territorios de la producción, de la reproducción y de la imaginación. El presenta trabajo es un canto al placer en la confusión de fronteras y a la responsabilidad en su construcción. Es también un esfuerzo para contribuir a la cultura y a la teoría feminista socialista de una manera postmoderna, no naturalista, y dentro de la tradición utópica de imaginar un mundo sin géneros y, quizás, sin fin."

(Detalle de portada de 'Manifiesto para cyborgs', de Donna Haraway)


2.

Contra la vigilancia patriarcal, Laurie Penny

En Cibersexismo. Sexo, poder y género en internet, la periodista británica Laurie Penny habla de la importancia de entender que la red es también un espacio público y que, como tal, se encuentra sujeto a los mecanismos de vigilancia y dominio patriarcales, que definen qué puede ser visto y qué no, así como reprimen ciertos comportamientos utilizando las mismas lógicas de poder que en el resto de espacios.

"Intentar controlar nuestra imagen online es una batalla tan absurda como la de querer controlar nuestras carnes. Cuerpos y datos se desbordan. Este desastre de realidad que llamamos ser, hecho de sangre, huesos, píxeles, sueños, libros y esperanzas, está siempre en proceso de redefinición. Pero si alguien tiene la foto de otra persona desnuda o con poca ropa, de pronto le otorga un inmenso poder sobre ella."

LEER MÁS: Laurie Penny: "Este es un libro sobre amor y sexo en tiempos de austeridad"

"[...] Los trolls misóginos, los acosadores, los machistas cotidianos en cada alcoba: todos ellos atacan a las mujeres, al menos en parte, por un odio que nace de la presencia de mujeres y chicas en los espacios públicos, ya que el ciberespacio es, al menos por el momento, un espacio público. Pero esos malos tratos y amenazas se vuelven efectivos cuando las fuerzas públicas aconsejan a los padres y madres con niñas pequeñas que mantengan a sus retoños lejos de Internet si no quieren que alguien abuse de ellas, que sean víctimas de pedofília o se supersexualicen, término que define el proceso mágico por el cual chavalas prepúberes ven alguna foto de unas tetas retocadas digitalmente y se sientan instantáneamente convertidas en superzorras del ciberespacio sin sitio en el reino de los cielos. Una se imagina que este mensaje debe de sr prácticamente el mismo que las jóvenes reciben antes de hablar de anticonceptivos, opciones de aborto o relajación de los límites que les impone la religión: "vuestros pecados nunca serán perdonados". Un descuido basta para arruinarte la vida."

(Detalle de portada de Cibersexismo, de Laurie Penny)



3.

Tecnociencia feminista contra la Naturaleza, Laboria Cuboniks

El colectivo Laboria Cuboniks lanzó en junio de 2015 el manifiesto Xenofeminismo: una política por la alienación, en el que se mostraban afines a las ideas del movimiento aceleracionista que contempla que la revolución no se producirá a pesar de la alienación sino precisamente gracias a la alienación. En el terreno feminista, esto se traduce en una visión prometeica y antinaturalista que se distingue por "su voluntad por diseñar y apropiarse de los artefactos tecnológicos para fines políticos de género y para el desmantelamiento de estructuras igualmente naturalizadas e instrumentalizadas para la opresión, como la raza y la clase". Su pensamiento es racionalista y cientificista: aspiran a un dominio técnico del mundo que se despoje de sus ropajes patriarcales.

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"Nuestro destino está ligado a la tecnociencia, en la que nada es tan sagrado que no pueda ser rediseñado y transformado para ampliar nuestra apertura hacia la libertad, extendiéndola al género y a lo humano. Decir que nada es sagrado, que nada es trascendente o inmune a la voluntad de saber, retocar y hackear, es decir que nada es sobrenatural. La "Naturaleza" —entendida aquí como el ámbito ilimitado de la ciencia— es lo único que hay. Y así, al derribar la melancolía y la ilusión, lo que no tiene ambición y lo que no es modulable, el puritanismo libidinizado de algunas culturas en línea, y la Naturaleza como algo dado imposible de rehacer, nos encontramos con que nuestro antinaturalismo normativo nos ha empujado hacia un naturalismo ontológico inquebrantable. Declaramos que no hay nada que no pueda ser estudiado científicamente y manipulado tecnológicamente.

"[...] ¡En nombre del feminismo, la "Naturaleza" dejará de ser un refugio para la injusticia, o el fundamente para cualquier tipo de justificación política! ¡Si la naturaleza es injusta, cambiaremos la naturaleza!"

(Detalle de portada de 'Xenofeminism. A politics for alienation', del colectivo Laboria Cuboniks)


4.

¿Hogares electrónicos?, Ana de Miguel y Montserrat Boix

Tanto Ana de Miguel como Montserrat Boix se han ocupado —conjuntamente y por separado— de pensar la suerte de los feminismos contemporáneos, en especial desde la perspectiva del hacktivismo. En su artículo sobre la representación de los géneros en la red, ofrecen una perspectiva del ciberfeminismo que ataca directamente las formas de sexismo cotidiano que se articulan en torno a las nuevas tecnologías.

"¿Resultará demasiado aguafiestas, poco posmoderno, nada cibernético, preguntarse por quien o quienes van a hacer las cenas e los ocupados miembros de la comunidad virtual? Y quien dice las cenas dice también las comidas y desayunos, platos lavados y recogidos, casa barridas y fregadas. Hace ya más de dos décadas que desde diferentes ámbitos —desde los académicos hasta libros de divulgación y auténticos best-sellers como La tercera ola de Alvin Toffler— se comenzó a presentar el tele-trabajo como la presunta solución al dilema de las mujeres que tenían que elegir entre el trabajo en el mercado asalariado y el cuidado a sus familias. La solución era lo que se denominó el hogar electrónico: las mujeres podían conectarse al mercado del trabajo asalariado desde sus felices hogares, mientras, los bebés, dormían tranquilamente en el cuarto de al lado. El autor de estas idílicas páginas no conoce bien las imperiosas y continuas demandas de atención y cuidado de los niños. Porque esa concepción del tiempo de las mujeres dentro del hogar es falaz, el suyo no es un tiempo libre, es un tiempo de espera, de disponibilidad permanente a los otros. La propuesta de que las mujeres se inserten en el mundo asalariado desde sus hogares electrónicos para así poder seguir atendiendo a sus familias revela la vigencia de la identidad femenina como una identidad al servicio de los otros. Y esta definición coactiva de las identidades tiene mucho que ver con la explotación que supone la imaginería actual en torno a la supermujer y la inevitabilidad de la doble o triple jornada laboral."

"[...] Uno de los problemas diferencias es el uso del tiempo... y tiempo, mucho tiempo es lo que necesita el relacionarse con las nuevas tecnologías. De ahí que las economistas y sociólogas que trabajan desde la perspectiva del género han alertado sobre cómo cualquier reestructuración social que no vaya acompañada de un profundo cambio de valores que lleve a los hombres a asumir su parte en el proceso de reproducción "de puertas adentro" tendrá poca relevancia real para las mujeres".

(Detalle de portada de 'Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección', de Ana de Miguel)


5.

Tener un cuarto propio (conectado) en Internet, Remedios Zafra

La escritora cordobesa Remedios Zafra, que acaba de ganar el Premio Anagrama de Ensayo por El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, se ha ocupado largamente de pensar el papel de las mujeres en el mundo digital. En Un cuarto propio conectado. (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo, aunque no sea abiertamente una propuesta en clave feminista, su apelación a la necesidad de "un cuarto propio" y de la construcción de un "nosotr*s" como proyecto político, debe entenderse como un llamamiento a recuperar no solo el tiempo íntimo —como piden Boix y de Miguel— sino también el espacio. 

LEER MÁS: Guía para amansar un machitroll en internet

"Allí donde el espacio físico concentra y la Red dispersa, opera un juego de potencialidades para el sujeto y para nuestras posibilidades vitales alrededor de la pantalla. Incluso cuando las colectividades parecen más desactivadas políticamente que nunca, cuando lo político ya no está de moda, el cuarto propio nos obliga a una posición política, aquella que nos permita llegar a la autonomía, antes que al "autismo"; al distanciamiento crítico necesario para un yo y un nosotr*s como proyecto, mediante asociaciones -más o menos duraderas- que operen como formas de emancipación, como fructífera contaminación de diferencia, como tal electiva (más que inclusiva). Claro que ese distanciamiento no acontece sin más. Nos exige apropiarnos de nuestro tiempo más allá del espejismo de su plena disposición en el cuarto propio conectado. Esa autogestión del tiempo propio no debe obviar que el tiempo "tiene párpado". Fíjense. Y que incluso es capaz de hacernos mirar para adentro, no sólo para pensar, también para imaginar lo posible, cruzar y destruir puertas y ventanas. La razón de esta posibilidad es muy simple, no se trata solamente de la crítica que podamos hacer a la vida en el cuarto propio conectado, sino de la crítica que la vida en el cuarto propio conectado puede hacer sobre todo lo exterior a ella (susurra una vez: crea tu propio cuarto conectado, allí donde poder imaginar y construir el mundo que quieres".  



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