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El chiste de la adúltera que explica todo lo que entendemos mal de la violencia

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“Un señor vuelve del trabajo antes de lo habitual y encuentra a su mujer con otro en la cama. Entonces ella le dice…”

eudald espluga

29 Noviembre 2017 13:01

"Hay un viejo chiste sobre el marido que vuelve a casa después del trabajo pero algo más pronto de lo habitual y encuentra a su mujer en la cama con otro hombre. La mujer, sorprendida, reclama: '¿por qué vuelves tan pronto?'. Y el marido replica, furioso: '¿qué haces en la cama con otro hombre?'. A lo que la mujer responde: 'yo he preguntado primero, no intentes escabullirte y cambiar de tema'. Del mismo modo, respecto a la violencia la tarea es precisamente cambiar de tema, desplazarnos desde el SOS humanitario desesperada para acabar con la violencia hasta el análisis de otro SOS, el de la compleja interacción entre los tres modos de violencia: subjetiva, objetiva y simbólica."

Explosiones, cadáveres, disturbios masivos. La confrontación directa con el horror sobrecogedor de los actos violentos, así como la empatía que despiertan en nosotros las víctimas, funcionan como un señuelo que nos impide pensar. O por lo menos esto es lo que defiende Slavoj Zizek en Sobre la violencia.

Por ello, quiere explorar la violencia más allá de lo traumático de nuestra experiencia. Especialmente, se fija en cómo la llamada “violencia subjetiva” —directa y evidente, practicada por agentes que podemos identificar (anarquistas, militares, golpistas) y reconocida política e institucionalmente como violencia— termina por invisibilizar otros tipos de violencia: la “violencia simbólica”, encarnada en el lenguaje y sus formas, y la “violencia objetiva o sistémica”, que se deriva del sistema económico y político.

Quemar contenedores de basura es el ejemplo perfecto para entender lo que Zizek insinúa con su chiste. Escandalizarse ante los actos vandálicos de un colectivo oprimido que lucha por transformar el estado de las cosas —mediante un acto nimio, pero tan gráfico, como es quemar un contenedor— es preguntar con firmeza: “¿por qué vuelves tan pronto?”. Es señalar el humo indignado y pedir que, por favor, por favor, no cambiemos de tema.

Pero quien mejor explica esta invisibilización de las estructuras de dominación que no reciben el nombre de violencia es, de nuevo, el mismo Zizek:

“hay una vieja historia acerca de un trabajador sospechoso de robar en el trabajo: cada tarde, cuando abandona la fábrica, los vigilantes inspeccionan cuidadosamente la carretilla que empuja, pero nunca encuentran nada. Finalmente, se descubre el pastel: ¡lo que el trabajador está robando son las carretillas!”

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