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"Si estás fuerte parece que no has abierto un libro en tu vida"

Uno de los grandes divulgadores del fitness en España revienta mitos para que el gimnasio no te destroce la vida

Víctor Reyes (Barcelona, 31 años) es 'Fitness Real' en Internet, un bloguero revienta-mitos que ganó 36 kilos en 10 años de gimnasio, y que en la actualidad trabaja para que las falsas promesas colgadas bajo la etiqueta #fitness no destrocen la vida de nadie.

Hace unos días explicó en un vídeo titulado "Dosis de realidad" que a menudo recibe correos de gente muy jodida, gente que, siguiendo músculos imposibles, ahora o han perdido la lívido, o han perdido la regla, o han perdido las dos cosas. Personas que no se puede levantar de la cama, con dolores musculares y sin vida social.

Aparecía indignado y comentaba: “En este mundo hay gente con muchas silicona y mucha farmacia encima; es una equivocación llamarles fitness”. Se trataba de una reflexión que invitaba a ir más lejos. Según Víctor Reyes, estos son los claroscuros del mundo fitness: 

– ¿Por qué estás tan enfandado con todo lo que hay bajo el hashtag #fitness?

Me preocupa que bajo la etiqueta fitness casi todo lo que hay es imagen, y en realidad el fitness va mucho más allá. El problema de la estética que vemos en Instagram o Youtube es que casi todas promueven expectativas poco realistas y muy poco saludables, pues tener un porcentaje demasiado bajo de grasa no es bueno para nadie.

– ¿Qué tipo de consejos suelen dar los gurús del fitness en Internet?

Cuando tienes un físico determinado pasas a formar parte del grupo de “los que saben”. Ese físico no es sinónimo de conocimiento, pero la gente acaba creyendo al que está más fuerte o al que está más rajado. Tipos que te dicen cosas demostradamente falsas, como que hay que comer cada dos horas, que si comes hidratos por la noche engordas, que el cuerpo no absorbe más de 20 gramos por sentada, que si no desayunas te mueres, etc.

– Dices que la gente no tiene ni idea de lo que se esconde tras las imágenes etiquetadas con ese hashtag...

Cuando subes una foto no es la primera, antes la has preparado, has hecho 1.200 hasta encontrar la que más te gusta y has puesto unos filtros maravillosos para que se te vea mejor. Eso es lo que ven los demás, una foto en la que sales que te cagas.

Sin embargo, detrás de ese hashtag “estoy súper feliz porque la vida me sonríe” quizás haya un tipo peleado con su pareja, o con trastorno de la alimentación, o que no puede dormir porque le duele el sitio en el que se inyecta esteroides a diario. Enseñan lo que les da la gana y la gente cae en la trampa.

– Pon un ejemplo

Rich Piana, murió en agosto. Todo el mundo le tenía respeto por su condición de youtuber y empresario, pero su vida personal distaba de ser perfecta. Se divorció varias veces, salieron videos suyos haciendo comentarios agresivos y racistas, sufrió graves problemas de salud debido a que quiso ponerse demasiado grande. Ese calvario se diluye frente a una imagen pública muy potente.

– Para estar tan grande, ¿hay que medicarse?

Para llegar a ciertos puntos por supuesto que hay que medicarse. Es un tema extremadamente tabú y la gente lo niega por activa y por pasiva. En general creemos que estos cuerpos se pueden conseguir de forma natural –a mí me pasó cuando entré–, pero después de currártelo durante 8 años, hacerlo todo bien y seguir sin estar ni una décima parte de como está cierta gente, llegas a la conclusión de que a lo mejor hay algo más. Algunos están al cuádruple de su tamaño y dicen que sólo es a base de arroz y pollo.

– ¿Qué sustancias toman?

Básicamente esteroides. Hay algunos que sirven para ganar fuerza, otros para ganar tamaño, otros ayudan a retener agua, otros mejoran la calidad muscular… existe una farmacia entera. Fuera de los esteroides también se usan diuréticos, insulina u hormonas de crecimiento; lo que quieras.

– Cuando te desinflas, ¿cómo expulsas todo eso?

Siempre depende de las dosis, claro, yo no hago apología de los esteroides pero sí que es cierto que desde el desconocimiento se dicen cosas que no son del todo ciertas. Los problemas con los esteroides surgen a consecuencia de dos razones: O han abusado de ellos, o lo han estructurado mal y no han tomado precauciones.

Por ejemplo: con el uso de esteroides la testosterona se convierte en estrógenos, de manera que si tú, como chico, no tomas precauciones suficientes para bloquear la conversión, puedes acabar sufriendo ginecomastia (aumento del tejido mamario). Esto es algo que ocurre comúnmente. La gente se mete de todo sin tener ni idea de lo que está haciendo.

Para llegar a ciertos puntos por supuesto que hay que medicarse y la gente lo niega por activa y por pasiva.

– ¿Cómo acabas metido ahí? Es decir, ¿qué ocurre para que alguien termine pinchándose hormonas?  

Es un proceso gradual, empiezas a entrenar cada día y, de manera progresiva, siempre vas queriendo más. Pasa muy a menudo en el gimnasio, tienes un objetivo que es perfectamente realizable y cuando lo alcanzas tu objetivo se ha movido un poquito más lejos; empiezas a perder un poco la noción de ti mismo, la gente te dice que estás grande pero tú te ves pequeño porque estás rodeado de gente aún más hinchada. Para ti el concepto “grande” es otro nivel.

Cuando eso sucede y empiezas a meterte en esa dinámica siempre hay alguien en tu gimnasio que tiene (esteroides), o un amigo que puede recomendarte a gente para comprar, a veces te viene uno de los grandes del gimnasio que te dice “oye, yo te lo llevo"; incluso hay preparadores de fitness que recomiendan sitios donde comprar.

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(Nota aclaratoria: el narcotráfico orientado al fitness está fuertemente asentado en España; de hecho, el pasado mes de mayo la Guardia Civil desarticuló en Málaga, Alicante, Valencia y Valladolid la mayor organización de tráfico de anabolizantes y esteroides de toda Europa).

– Los esteroides pueden consumirse bajo prescripción médica cuando ayudan a paliar enfermedades como el cáncer, ¿hasta qué punto son nocivos?

Insisto en que no hago apología, pero en el mundo hay millones de muertes anuales relacionadas con el consumo de alcohol y los medios no paran de recomendar la copa de vino y la cerveza como ingrediente de una dieta saludable. Habría que ver las muertes por esteroides, seguramente sean una ínfima parte. Siempre se deben poner en su justo contexto.

– Fuera de los complementos, resulta interesante saber cómo se organiza el ecosistema del gimnasio. ¿Cómo funciona?

Hay cuestión de estatus. La gente quiere posición de poder, y dentro de un contexto de gimnasio el que está más grande es quien tiene más estatus. Sucede también en los ambientes de gente con pasta, que quien tiene más dinero es el más valorado. Cuando uno exhibe mucha masa muscular suele influir más en los demás: parece que tu opinión vale más porque tienes el brazo más grande.

En los ambientes de gente con pasta, quien tiene más dinero es el más valorado. En el gimnasio, el que está más grande es quien tiene más estatus.

– ¿Qué papel juega un tirillas dentro de esa jerarquización?

Hay una serie de personas, los más intolerantes y los que hacen más ruido, que quizás miren por encima del hombro a alguien delgado, pero en general la gente que va al gimnasio suele respetar. Cuando yo veo a una persona que está entrenando, ya sea delgada o con sobrepeso, veo a alguien intentando cambiarse y mejorarse a sí mismo. Solo tengo respeto hacia ellos, porque también estuve ahí: yo empecé con 48 kilos.

– ¿Cuánto pesas ahora?

84 kilos. He ganado 36 kilos en 10 años.

– ¿Y cuánto entrenas?

Tres días sí, otro no; así sucesivamente. De tiempo le echo entre 1 hora y 1:30, y lo hago porque a mí me gusta ir al gimnasio y entrenar, pero se puede conseguir con menos; puedes estar muy en forma con 3 días a la semana y una hora al día.

Puedes estar muy en forma con 3 días a la semana y una hora al día.

– También dentro del gym: ¿por qué gritan los tíos grandes cuando hacen sus repeticiones?

Algo que está pasando mucho en los gimnasios es que parece que cuando entrenas fuerte no puedes dar ningún golpe, ni gritar, ni hacer ruido; al parecer estás molestando a la gente que va a hacer la siesta. En un gimnasio se entrena y eso quiere decir que harás ruido si lo necesitas. Si estás haciendo una serie máxima y se te escapa un grito nadie debería juzgarte, ahora bien, también hay gente con mancuernas de 12 kg y están gritando como si no hubiera un mañana; eso es sinónimo de “mírame por favor, necesito que alguien me preste atención”.

– En ese entorno, ¿son más hombres los que gritan más o mueven más peso?

Desde luego, hay una concepción muy antediluviana de lo que es la masculinidad. El verdadero macho es el que está más fuerte, el más agresivo. Ocurre como con el estándar de belleza femenina basado en la barbie, en el caso de los hombres nos ponen delante a He-Man o Superman.  

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– Puede ser, pero la gente que se mira en ese espejo carga con la losa de otro estereotipo: el gorila mononeuronal. ¿Lo has sufrido?

Es el mismo estereotipo que el de las rubias son tontas. Si estás fuerte parece que no has abierto un libro en la vida. Yo no lo he sufrido personalmente porque no estoy tan grande para entrar dentro del estereotipo de tío gorila de gimnasio, pero llevo 10 años en el gimnasio y he conocido a tíos que sí lo sufren, tíos muuuuy grandes que son cultos, inteligentes y respetuosos.

Claro, también he conocido a gente rollo tronista en ‘Hombres y Mujeres y Viceversa’ que dan mala fama al mundo gimnasio.

Hay gente con mancuernas de 12 kg gritando como si no hubiera un mañana.

– ¿Dirías que existe un punto de odio al musculado?

Con los años, he llegado a la conclusión de que muchas personas que utilizan tu físico para atacarte tienen un trasfondo de envidia. No digo que todo el mundo quiera estar igual de grande, pero hay cierto “mira lo que tiene este tío, yo no lo tengo y no seré capaz conseguirlo”. No hablo de pincharse, sino de tener la constancia y la disciplina para llevar una vida sana y conjugarla con el entrenamiento.

– Ese entrenamiento se te puede ir de las manos, ¿no? ¿Cómo sabes cuándo decir: hasta aquí he llegado?

Es muy complicado, yo en mi caso aspiro a más pero dentro de mis posibilidades, porque ya he pasado por toda esta época obsesiva, esa etapa en la que tu vida social es una mierda, en la que te pones el despertador a media noche para tomarte tu batido de proteínas. Eso ya pasó. Ahora estoy más enfocado en disfrutar el trayecto que en alcanzar un destino; pero me ha costado mucho llegar a eso.

Muchas personas que utilizan tu físico para atacarte tienen un trasfondo de envidia.

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