Games

Los años 90 han tomado como rehén a los videojuegos

Nostalgia cruda para milenials afligidos

Arte PG

Hace unos meses que sufro una especie de déjà vu constante. Cada vez que veo una película o juego a un videojuego, siento que todo lo que me están contando ya lo he visto antes. Pero no porque las fórmulas de los guiones o mecánicas se repitan hasta la saciedad, sino porque aparecen los mismos personajes, ambientes e ideas.

Es evidente que, en los últimos años, el cine y las series han tirado de nostalgia cruda para enamorar a un público que ama volver a su infancia. Stranger Things, la serie más petona del pasado año, triunfó por estar ambientada en los ochenta y utilizar como base a Los Goonies y E.T. Los reboots de Cazafantasmas, RoboCop, Karate Kid o Poltergeist beben de la misma idea, además de no esforzarse ni siquiera en crear un nuevo producto basado en lo que ya existe.

Pero con los videojuegos ocurre algo distinto. Tras el auge del indie, los 8 bits volvieron a ponerse de moda, e ideas tan potentes como las plasmadas en Minecraft o Spelunky consiguieron imponerse.

Sin embargo, no se trataba tanto de un gesto melancólico como de un formato clásico que podía aprovecharse de nuevo. La nostalgia en videojuegos ha llegado más tarde y, aunque ha tenido peso en los títulos y consolas más retro (como ejemplo claro tenemos la NES Mini), donde están encontrando a su gallina de los huevos de oro es en los juegos noventeros.

En junio y julio, el juego más vendido en toda España ha sido Crash Bandicoot N. Sane Trilogy, la colección de videojuegos de Crash Bandicoot, un personaje de 1996 que tuvo gran repercusión a finales de los noventa. La saga no había conseguido tales números desde 2002, con la publicación de La Venganza de Córtex. 15 años después de su lanzamiento, el peramélido vuelve a encabezar la lista de éxitos.

Algo similar ocurre con el lanzamiento de SNES Mini, la nueva versión consola que se lanzó en 1990 y llegó a vender casi 50 millones de unidades. Nada más anunciarse, las reservas de las ventas de la SNES Mini se agotaron. Y, en la actualidad, se ha generado un mercado negro a su alrededor que multiplica enormemente su precio de salida.

Otros ejemplos que remiten a esta vuelta de los noventa son la serie de Castlevania para Netflix y Mega Man Legacy Collection 2. Ambas son sagas reveladas a finales de los 80 pero que se popularizaron una década después, así que remiten al mismo público. Y ya se está especulando sobre una posible readaptación de Spyro, el mayor competidor de Crash antes de los 2000.

Para más inri, uno de los juegos más laureados de esta época, Final Fantasy VII, volverá el año que viene. Su tráiler ha servido para dinamitar el E3. Y, junto a Kingdom Hearts 3, se ha convertido en uno de los títulos que más se hacen de rogar por sus fans.

Giphy

La estrategia que están siguiendo se basa, simplemente, en tocar la patata a los gamers con los momentos más dulces de su infancia. Pero, al contrario de lo que ocurre en el cine, donde se tienen que esperar tres décadas o más para que el producto vuelva a ser válido, en los videojuegos apenas se retraen veinte años (o menos).

El caso más llamativo es el de Shadow of the Colossus, que se estrenó en 2005 para PS2 y ya va por su segundo remake. Hace apenas 12 años que salió al mercado, pero al poco tiempo se lanzó una versión mejorada para PS3, y ahora volverá en PS4.

En cualquier otra industria, esto abocaría al fracaso antes de lanzarse. Pero, en los videojuegos, ha triunfado tanto que se ha convertido en uno de los tráilers más seguidos del E3.

IGN

Este retorno a un pasado muy cercano se debe a varias razones:

En primer lugar, a que es una industria mucho más joven que el cine. Al tener tan pocos años de historia, ha envejecido con mayor rapidez, y los juegos han evolucionado tanto que los clásicos piden a gritos nuevas adaptaciones.

Por otro lado, en los años 90 es cuando los videojuegos superaron su proceso de maduración. La entrada del 3D revolucionó el mercado, y fue entonces cuando entraron en masa los jugadores más fieles. La mayoría de ellos han continuado comprándose consolas, por lo que no se han desconectado del sector en ningún momento.

Además, al utilizar las mismas mecánicas que los juegos actuales, son más fáciles de actualizar. En el caso de los ochenteros, al estar realizados en 2D, son muy difíciles de adaptar a la actualidad. Y, de hacerlo, perderían por completo la sensación de nostalgia.

Por último, el público que más gasta en videojuegos ronda entre los 20 y 30 años, por lo que adaptar la nostalgia a sus edades es una gran idea para seguir facturando.

De cualquier modo, la melancolía tiene una fecha de caducidad muy limitada. Así que, por más que se haya convertido en una moda a seguir por las grandes empresas, puede convertirse en una burbuja que explote llevándose por delante multitud de ideas originales.

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