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Games

Pollas cambiadas por armas: así escapa de la censura el rey del sexo en videojuegos

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El nuevo juego de Robert Yang nos lleva al Ohio de 1962 para representar la persecución al colectivo gay

Juan Carlos Saloz

31 Julio 2017 00:15

En un baño público de los años sesenta, hombres de todas las razas y complexiones se hacen mamadas unos a otros. Los grafitis decoran unas paredes que no parecen haberse limpiado en años. Pero a los visitantes del bar de mala muerte les da igual: nada perturbará su momento de armonía guarra.

Estamos en The Tearoom, el último videojuego del polémico diseñador Robert Yang. En esta ocasión nos situamos en Ohio de 1962, un lugar donde la policía acecha en cada esquina.

Cualquier gemido que se salga de madre o cualquier actitud que llame la atención puede alertar a la ley, así que tu misión como jugador es dar placer sin ser descubierto. Para conseguirlo, es necesario llevar al máximo la calidad de tus mamadas. Mover la lengua de forma correcta y jugar con el ritmo son las claves para generar orgasmos antes de que acabes en el calabozo.

Este nuevo juego de Yang, desarrollador gay y asiático, pone su eje en la represión homosexual de EEUU de los 60. Parece un entorno lejano y subversivo. Sin embargo, es una clara crítica a la coacción que continúa dándose en el colectivo. La misma que dejó a más de 50 muertos en Orlando y que mata a una persona del colectivo LGTBI en Brasil cada 28 horas.

De hecho, para quejarse por la censura que aparecen en plataformas como Twitch, Yang ha tomado una decisión aún más controvertida: sustituir los penes por pistolas. Aunque el sexo se practica de forma habitual, la forma del miembro es la de un arma de carne.


The Tearoom / Robert Yang

Esta decisión tiene dos claros objetivos:

Por un lado, critica que en los videojuegos esté tan bien vista la violencia y los asesinatos, y por el contrario el sexo continúe siendo un tabú mucho mayor que en otras industrias culturales.

Por otro, ejerce un claro juicio contra la visión del sexo que aparece en los juegos. Aunque algunos títulos como Mass Effect o The Witcher han popularizado su aparición, en prácticamente todos los casos aparece como una recompensa al final de una compleja misión. Siempre es la guinda del pastel tras un esfuerzo previo, pero nunca una mecánica protagonista, lo que da una visión distorsionada del sexo que recuerda a la época anterior a los desnudos cinematográficos.

Cobra Club / Robert Yang

The Tearoom no es el único juego de Robert Yang que se salta las reglas no escritas de los videojuegos. La mayoría de títulos del diseñador indie tienen al sexo homosexual como núcleo central, y sus propuestas anteriores han llegado a ser todavía más disruptivas que la actual:

Cobra Club consiste en hacerse fotos del pene para subirlas a una red de contactos gay.

?Hurt Me Plenty? se basa en azotar a un hombre libremente, e incluye códigos para frenar y un final cariñoso postpolvo.

Y Stick Shift propone una extraña filia sexual con el cambio de marchas del coche. Moviendo la palanca, se da a entender que generas placer tanto en ti como en el coche, hasta que al final se puede llegar al orgasmo.


Stick Shift / Robert Yang

“Algunas veces me pregunto: '¿por qué forzamos a los jugadores a recoger 100 objetos o matar 100 cosas? ¿Por qué no ir directamente al momento y al sentimiento? Creo que eso es lo que tienen en común Warhol, Le1f y Cazwell, o Ben y Tale of Tales, que disparan la sensibilidad'”, se plantea Yang en una entrevista para GAYMER.es.

Sin duda, sus videojuegos traspasan la línea del diseño para intentar llegar al arte a través de la provocación. Tanto sus estéticas cuidadas como sus mecánicas inmersivas llegan a un colectivo que se siente poco representado por el sector. Y, además, aporta una versión distinta que escapa de los juegos tradicionales y ofrece a los gamers una nueva forma de ver el mundo.

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