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¿Querrías pasar una noche Tom Hardy o Brad Pitt? Este es tu juego

El juego de citas ofrece un retrato menos sórdido y más real del mundo gay, además de revisar las nuevas masculinidades

Hace años que dejé atrás las videoconsolas y mis tardes acompañado de Warcraft, Crash Bandicoot y los pokémons. Mis días de jugón pertenecen al pasado. Sin embargo, las últimas siete noches las he pasado frente al ordenador sin preocuparme de las horas que marcaba el reloj. El culpable es un juego que no deja de provocar mi imaginación y de saciar mi curiosidad.

Siete hombres de grandes brazos, pelo en pecho, barbas recortadas y tatuajes por todo el cuerpo arden en deseos por conocerme. Dream Daddy, la última apuesta de la plataforma Steam, da lo que promete: cancaneo virtual y líos de faldas. Y, de paso, una revisión de las nuevas masculinidades y un retrato menos sórdido del amor y del sexo en el mundo homosexual.

Dos semanas después de salir a la venta, este simulador de citas en el que tu objetivo es conquistar al papi de tus sueños sigue estando entre los juegos más populares. Algunos dicen que peca de brevedad y otros lo acusan de ser demasiado rosa y pomposo, pero lo cierto es que cuenta con el beneplácito del público.

Aupado quizá por el hecho de que entre la comunidad gay mantener un affair o una relación con un daddy es una fantasía que se cotiza al alza, al día siguiente de anunciar su lanzamiento, la cuenta oficial de Twitter tenía más de veinte mil seguidores.

Para los que no estén al tanto, una obsesión por los daddies se ha apoderado del imaginario colectivo. Esos hombres, generalmente entre los 30 y 45 años y dotados de un cuerpo grande y bien construido, son duros y rudos en apariencia pero sensibles y atentos en el interior. Un daddy es  sexy   de mente y de cuerpo, además de inteligente y divertido.

Para entendernos, si estás pensando en George Clooney como ejemplo de daddy te estás equivocando por completo. Demasiado gentleman. Si te vienen a la cabeza David Beckham o Brad Pitt, tu concepto de daddy es muy pop pero podría colar. Si Hugh Jackman es el primer referente en el que piensas, vas en buen camino. Y, si te pregunto quién es para ti tu papi ideal y tu respuesta es Tom Hardy, entonces vas a disfrutar si le das una oportunidad a Dream Daddy.

'Dream Daddy' le hace un gran favor a la comunidad LGTBI al relegar protagonismo a concepciones ya caducas.

A simple vista, puede parecer que los personajes están cortados a base de clichés. Tú, un papá en tus cuarenta y con una hija, sales a la caza de un barman hipster latino, un profesor esbelto, un rubio guaperas, tu mejor amigo de la universidad, un oso, un malote con chupa de cuero y un gótico melenas.

Más allá de eso, las citas con tus pretendientes te permiten conocer sus miedos, inquietudes y aspiraciones porque ellos también son algo más que un trozo de carne. Así, gracias a un fantástico guion, conoceremos a un apasionado de la poesía, a un enamorado del arte del siglo XX o a un imponente varón que no sabe desenvolverse cuando está rodeado de mucha gente.

Pero, sobre todo, Dream Daddy le hace un gran favor a la comunidad LGTBI al relegar protagonismo a concepciones ya caducas y, a su vez, al romper estigmas y tabús que todavía rondan en la cabeza de muchos.

Desde el principio puedes elegir si tu personaje es gay o bisexual y, además, tras unos encuentros en una tienda de vinilos - too cool for the school-, un lujoso yate o un concierto de rock descubrirás que uno de tus daddies es transexual.

Los creadores del juego, Leighton Craig y Vernon Shaw, afirmaron en una entrevista que su principal intención era evitar ridiculizar el mundo homosexual y caer en el morbo barato. El juego está envuelto por un cortejo homoerótico pero en ningún momento la sexualidad se trata de forma explícita.

Las principales críticas han señalado que, en ese sentido, Dream Daddy se queda a medias tintas. Ciertamente, no explica por qué un ferviente devoto de Dios con cuatro hijos y casado tiene tendencias gais. Y en eso radica su magia. Dream Daddy no juzga a sus personajes, sino que los pone a todos al mismo nivel y normaliza todas sus situaciones.

La idea tóxica de que ser un hombre implica ser bruto se desvanece. Estos 'daddies' hacen gala de una masculinidad moderna.

Este juego queer tampoco escatima a la hora de explorar las cuestiones de género. La idea tóxica de que ser un hombre implica ser bruto, duro como una piedra y traer el dinero a casa se desvanece. Así, salir en búsqueda del papi soñado hará que nos encontremos con unos hombres que hacen gala de una masculinidad moderna.

Los personajes expresan sus sentimientos y preocupaciones: lloran, no reprimen el contacto físico y alagan sus éxitos y atributos, independientemente de que se atraigan o no. Les apasionan los deportes, cuidan su imagen y disfrutan con una cerveza y una tarde de tíos viendo el fútbol, al mismo tiempo que hablan de lo difícil que es educar a los hijos solo, hacer amigos conforme te haces mayor o de lo bien que sienta disfrutar de la soledad.

Este simulador cuenta con algunos guiños a la comunidad LGTBI que harán al colectivo aplaudir internamente de gozo o reírse a carcajadas. Estoy seguro que no soy el único que guarda en su ordenador una carpeta con unas (decenas de) capturas de pantalla de frases impagables.

Si en la vida real tienes descargado Grindr en tu teléfono, la famosa app de ligues gay, en Dream Daddy tu herramienta de cabecera será el DaddyBook, una suerte de Facebook donde puedes cotillear a estos atractivos padres.

Atención, querido daddyboy, porque si eres hábil y manejas con esmero tus armas de seducción, podrás ver cumplido ese bromance soñado con tu amigo hetero que jura y perjura que nunca tendría nada con un hombre. Eso y disfrutar de un guiño a los juegos de Pokémon de la Game Boy que los jugones seguro agradecen.

Quizá Dream Daddy no se convierta en el rey de los juegos, pero al menos le está tendiendo la mano a muchos jugadores LGTBI que no se sienten representados ni en la industria ni el mundo del gaming. Y salir a la caza del papi soñado puede servir para construir puentes.

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