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'Cuphead' y la irrupción del cómic underground en los videojuegos indie

Los juegos independientes se parecen cada vez más a los cómics underground de los 70, y 'Cuphead' es la última prueba de ello

Arte PG

Cuphead está a punto de cargarse el mundo de Mickey Mouse. El videojuego indie que se estrena a final de mes nos transporta a los cortometrajes animados que Disney publicaba en sus orígenes. Pero lo hace desde una perspectiva punk, ofreciéndonos combatir contra los entrañables personajes de ese universo en un shooter caótico y desenfrenado.

Aunque Cuphead es tanto una crítica ligera como un homenaje a los clásicos animados, su voluntad de dar la vuelta a ese mundo que nos ha acompañado a todos de niños recuerda directamente al cómic underground Mickey Rat.

Nacido en los años 70 de la mano de Robert Armstrong, Mickey Rat abrió una nueva línea en los cómics independientes de la época. Además de hablar de política, costumbrismo y todo tipo de temas revulsivos, ahora tenía un nuevo objetivo: la cultura popular.

No es de extrañar que la tomaran con todo lo que triunfaba entre el gran público por aquel entonces. Precisamente, el papel de esta línea de cómics era huir del Comics Code, una ley que había atacado con fuerza a DC Comics y Marvel y que dejaba de lado las historias adultas para centrarse en contenido que pudiera ser consumido por niños.

Nada de violencia. Nada de sexo. Nada de nada.

Ahora, los videojuegos indie también se han decidido a ser una alternativa crítica a la cultura popular. Además de satirizar los mundos de Disney, ofrecen experiencias como Little Nightmares, que se saltan el terror tradicional de los videojuegos. O Tooth and Tails, que desafía al mítico Age of Empires con una clara intención comunista y una estética muy similar a la de Maus.

De la misma forma que los cómics underground nacieron para acabar con la línea editorial única de las historietas de aquella época, con los videojuegos ocurre igual. Después de años aguantando la dominancia de los Triples A, los desarrolladores tuvieron acceso a herramientas con las que poder lanzar títulos propios.

En este caso, la relación entre ambos medios parece evidente. Ante la presión derivada de una oligarquía sin demasiada variedad temática, de las alcantarillas surgieron autores con ideas propias que nada tenían que ver con el mercado actual. Así, 40 años después de que Robert Crumb fundara la revista Zap Comix, surgían los videojuegos como Spelunky o el propio Minecraft.

De nuevo, al lector/jugador habitual le costaba acercarse a estos productos. No ofrecía la comodidad de una buena edición o desarrollo, pero contaban con una estética y una jugabilidad que no habían probado antes. Para conseguir una marca de autor y destacarse en una industria infestada de refritos, habían tenido que ir de por libre.

Pero, aunque el origen de ambos medios es muy similar, los caminos que han tomado poco o nada tienen que ver.

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Como los cómics underground tenían que escapar de la censura, apostaron por la violencia y todo lo que estaba censurado por el Comics Code. Sin embargo, en los videojuegos ocurría al contrario. Los títulos de guerra y tipo GTA han sido siempre los que más han triunfado en el mercado comercial. Lo que faltaba, precisamente, eran juegos que llegaran al alma del gamer y trataran temas más profundos. Y ahí es donde han actuado los desarrolladores indie.

What Remains of Edith Finch?,Life is Strange, Pyre, Last Day of June, Lost Ember o Mind: A Path To Thalamus son claros ejemplos de que los indies se han convertido en el hogar de los jugadores que huyen de los shooters tradicionales para ofrecer una alternativa completamente disruptiva.

Hijos del siglo XXI, los indies mejor valorados de la actualidad no estarían censurados por el Comics Code, pero difícilmente triunfan en el mercado actual. El mercado se ha rendido al público, lo que ha provocado que la misma fórmula se repita una y otra vez. Y, por ello, la necesidad de que estos videojuegos surjan es tan similar y tan diferente de los cómics underground a la misma vez.

De cualquier modo, hoy en día tienen un objetivo similar: retratar los temas que no aparecen en el imaginario habitual.

Además de para retratar sentimientos difícilmente encontrados en Call of Duty, los juegos indie se han convertido en un gran aliado del feminismo, el orgullo LGTB, la sátira política y la resistencia racial.

Desarrolladores como Robert Yang demuestran que, gracias a los indies, todo tipo de temas tienen cabida en los videojuegos. Así que, mientras esperamos que las grandes empresas abarquen también estas temáticas (como ya ocurrió en su día con los cómics), podemos seguir jugando a títulos que desafían a las estanterías de Media Markt.

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