Futuro

El hombre que se electrocutó para probar una terapia génica antienvejecimiento

A pesar de la falta de interés de los inversores y de apoyo institucional, Brian Hanley confiaba en su idea, así que decidió probar consigo mismo. Los resultados preliminares son prometedores

Imagen de cabecera: Niv Bavarsky.

Brian Hanley me contó un sueño en el que va en autobús donde conoce a un hombre vestido con prendas de cuero oscuro. De repente, está atado a una cama de metal inclinada, mientras le electrocutan.

El sueño sin duda está relacionado con los acontecimientos que se produjeron el pasado mes de junio en la consulta de un cirujano plástico en Davis, California (EEUU). A petición de Hanley, que es doctor en microbiología, un médico le inyectó copias de un gen en los muslos que el propio Hanley había diseñado y encargado a una empresa proveedora de suministros de investigación. Cuando el médico le introdujo dos electrodos puntiagudos en su pierna, le aplicó una fuerte descarga a su cuerpo, lo que abrió sus células musculares para absorber el nuevo ADN.

Este esfuerzo representa el segundo caso de una terapia génica no regulada documentada por MIT Technology Review. Es una decisión arriesgada adoptada por un par de individuos atrevidos que intentan desarrollar tratamientos antienvejecimiento. El gen que Hanley añadió a sus células musculares haría que su cuerpo produjera más cantidad de una potente hormona, que en teoría a umentaría su fuerza, resistencia y esperanza de vida.

Hanley, de 60 años, es el fundador de una empresa de un sólo hombre llamada Butterfly Sciences, también  en Davis. Tras el escaso interés que generó en los inversores sobre sus ideas de administrar inyecciones de ADN para dar más resistencia física a los pacientes de sida, decidió que él mismo debería ser el primero en probarlo. Hanley explica: "Lo quería probar, lo quería hacer yo mismo, y quería lograr progresos".

La mayoría de las terapias génicas incluyen experimentos multimillonarios altamente tecnológicos realizados por grandes equipos en centros médicos líderes, y su objetivo es corregir enfermedades raras como la hemofilia. Pero Hanley demostró que las terapias génicas también se pueden ejecutar a bajo coste en el mismo entorno que las liposucciones y rinoplastias, y algún día podrían ser accesibles a cualquiera.

En un intento de vivir más tiempo, algunos entusiastas de la medicina antienvejecimiento ya se inyectan hormonas del crecimiento, engullen fullerenos o tragan megavitaminas, lo que a veces ignora por completo las creencias médicas convencionales. Ahora las terapias génicas sin regular podrían representar la próxima frontera. El profesor de la Universidad Auburn (EEUU)  Bruce Smith, que desarrolla terapias génicas para perros lo considera "una locura absoluta". "Pero así es la naturaleza humana, y está chocando con la tecnología", añade.

Para realizar su experimento, Hanley empleó sus conocimientos científicos y parte de sus ahorros. Aplicó su experiencia en la materia para adquirir los suministros, solicitar análisis de sangre, ganar la aprobación de un comité local de ética y reclutar a un cirujano plástico que ayudó a administrarle dos tratamientos. Una pequeña dosis en 2015 y después otra mayor el pasado mes de junio.Hanley, que conduce un abollado sedán en el que suena música rave hindú, concuerda con el perfil de un genio infrarreconocido en busca de automejoras. Es un prolífico comentarista en internet y sus opiniones tocan de todo, desde la radiación hasta coches eléctricos y la recogida municipal de las hojas recogidas de los jardines en otoño. Pero su escuela de pensamiento científico parece sólida en general, y dice que el significado de su sueño está claro: se había convertido en el monstruo del doctor Frankenstein. El microbiólogo señala: "Mi subconsciente no es demasiado sutil. Me había convertido en otra cosa distinta, no era del todo yo".

Foto: El microbiólogo Brian Hanley muestra un tatuaje en su muslo que marca el sitio donde se le administró una terapia génica de "hazlo-tu-mismo" que él mismo desarrolló.

La iniciativa de Hanley ha atraído la atención de científicos de gran renombre. Su sangre ahora está siendo estudiada por investigadores de la Universidad de Harvard (EEUU) en el laboratorio de George Church, el prestigioso experto genómico. Church, que presentó MIT Technology Review a Hanley, afirma conocer un puñado de casos más de terapias génicas de hazlo-tú-mismo (DIY, por sus siglas en inglés). "Y probablemente haya muchos más", dice, aunque nadie está seguro puesto que los reguladores no han aprobado los experimentos. "Este es un ejercicio totalmente libre", añade.

En 2015, escribimos sobre el caso de Liz Parrish, una emprendedora sin experiencia en biología que afirmaba haber recibido una dosis de una terapia génica en Latinoamérica. Parrish trabajó brevemente para Hanley, al que conoció en reuniones de antienvejecimiento. Al menos otra persona más que se sometió a una terapia génica autoadministrada es un ejecutivo biotecnológico estadounidense que no quería dar a conocer su experiencia públicamente porque trata con la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) por otros temas.

Hanley explica que tampoco buscó la aprobación de la FDA antes de realizar su experimento. La agencia requiere que las empresas busquen una autorización llamada "aplicación investigacional de fármaco nuevo" (IND, por sus siglas en inglés) antes de administrar cualquier fármaco o terapia génica novedosa a la gente. Hanley recuerda sus conversaciones con los funcionarios de la agencia: " Dijeron: 'Necesitas una IND' y yo dije: 'Qué va'". Defendía que los autoexperimentos deberían estar exentos, en parte porque no generan ninguna amenaza para el público general.

Eso no quiere decir que la terapia génica carezca de riesgos, como reacciones inmunes. El microbiólogo cuenta: "Pasé dos años haciendo poco más que iteraciones del diseño y pensando en todas las cosas que podrían salir mal". Cuando me reuní con él en el campus de la Universidad de Stanford (EEUU) para hablar de su proyecto, Hanley abrió sus pantalones para enseñarme tres puntitos negros tatuados en su muslo izquierdo, que marcaban el lugar donde se le aplicó una de las inyecciones. Afirma que si la terapia hubiera generado complicaciones, su plan de contingencia consistía en extirpar quirúrjicamente el tejido afectado.

Consentimiento informado

Durante el día que pasé con Hanley en Menlo Park (EEUU) parecía rebosante de energías, y chocó varias veces conmigo al intentar pasar los dos por la misma puerta. ¿Eran las consecuencias de la terapia génica, de una personalidad agitada o tan sólo era una fachada? Sobre las terapias génicas afirma: " Creo que será posible lograr transformaciones del estilo de Spiderman en personas".

Este enfoque suele depender de virus que transportan el ADN a las células de una persona. Hanley optó por un método más sencillo llamado eletroporación. Durante este procedimiento, anillos circulares de ADN, llamados plásmidos, son introducidos a las células por medio de una corriente eléctrica. Una vez dentro, no se convierten en una parte permanente de los cromosomas de una persona. En su lugar, flotan dentro del núcleo. Y si un gen está codificado en el plásmido, empezará a producir proteínas. El efecto de los plásmidos es temporal, y dura entre unas semanas y unos meses.

Debido a su relativa sencillez, la misma técnica ahora empieza a considerarse como una novedosa forma de administrar vacunas rápidamente en respuesta a enfermedades emergentes. En agosto, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas) empezaron a administrar dosis de un plásmido que contiene partes del virus de Zika.

Hanley llevó la técnica en otra dirección. Revisó estudios de hace varias décadas de una empresa llamada VGX Animal Health que había intentado administrar plásmidos mediante descargas eléctricas en músculos de vacas, perros que padecían de una enfermedad renal y lechones. La compañía intentó añadir copias extra del gen de la hormona que libera la hormona del crecimiento (GHRH), una molécula que normalmente es producida en el cerebro. Una de sus funciones es desplazarse hasta la glándula pituitaria, donde actúa como regulador de la propia hormona del crecimiento al indicar al cuerpo que debe producir más. También parece tener un abanico de otras funciones, incluida reforzar el sistema inmune.

El veterinario Douglas Kern que trabajó para VGX Animal Health recuerda: "Nunca lo llegamos a probar en humanos, pero por todo lo que he observado en perros, gatos, ganado, cerdos y caballos, parece un paso razonable. Tiene efectos muy profundos y positivos en la mayoría de las especies".

Hanley afirma que ha diseñado un plásmido que contiene el gen GHRH humano en su ordenador, y quiere desarrollarlo como un tratamiento para pacientes de sida. Pero ningún inversor quiso respaldar su plan. Así que decidió que la mejor manera de avanzar sería prestarse de rata de laboratorio. Poco después, localizó a una empresa de suministro para investigaciones que fabricó los anillos de ADN por unos 9.500 euros. Me mostró dos viales de lo que había comprado en un termo, dentro de los cuales había unas gotas de agua que contenían medio miligramo de ADN.

Al planificar su estudio, Hanley se saltó algunos de los pasos que la mayoría de las empresas que desarrollan fármacos considerarían esenciales. Además de proceder sin la aprobación de la FDA, nunca probó su plásmido en animales. Sí obtuvo la aprobación del estudio del Instituto de Medicina Regenerativa y Celular de Santa Mónica (EEUU), una "junta de revisión institucional" (IRB, por sus siglas en inglés) que proporciona supervisión ética para experimentos humanos.

Pero en la solicitud de su empresa de aumentar los niveles de GHRH a "niveles más jóvenes" en un sujeto único, Hanley no indicó él mismo iba a ser el voluntario.  Pero no lo considera un problema porque después de trabajar en la idea durante tanto tiempo conoce muy bien los riesgos. El investigador afirma: "Soy el consentimiento informado personificado. No hay nadie en el mundo más informado que yo". 

Pero expertos en ética ajenos a su estudio alertan de una importante omisión. El profesor de derecho de la Universidad de Stanford Hank Greely afirma:  "Si yo descubriera que su intención era la de autoexperimentar con el protocolo después de haberlo aprobado estaría muy disgustado. Ese es el tipo de cosas que una IRB debería saber". En su opinión, se trata de un problema de objetividad potencialmente impedida, como cuando un médico se propone tratar a un familiar. Aunque el caso es aún peor, ya que Hanley es el diseñador de la terapia además de su receptor, y podría depender económicamente de los resultados.

" Cuando experimentas contigo mismo te enfrentas a un conflicto de intereses muy, muy marcado", señala Greely.

El vídeo

Cuando pedí pruebas a Hanley de que el tratamiento se había administrado, me proporcionó documentación y me enseñó un vídeo del experimento que tenía guardado en su portátil. En él, Hanley está sentado en calzoncillos en la consulta de un médico. La escena, grabada en junio, muestra el cirujano de codos para abajo, vestido con un pantalón corto, zapatillas de correr y unos guantes de látex blancos. Los dos se conocieron en un gimnasio, apunta Hanley. Fuera de pantalla, una amiga de Hanley les da conversación mientras se colocan grandes bolsas de hielo en los muslos de Hanley.

"¿Cómo te encuentras?", le pregunta el médico. "Un poco nervioso", contesta Hanley.

Ese día, el investigador postdoctoral del laboratorio de George Church en la Universidad de Harvard Bobby Dhadwar también estaba viendo el vídeo vía Skype, ya que había estado al tando de los planes de Hanley. Dhadwar recuerda: "Cuando escuché por primera vez que alguien iba a electrocutarse, pensé que tenía que ser una broma. Normalmente es algo que les hacemos a animales".

El procedimiento, que incluye una descarga eléctrica al cuerpo, es doloroso. Hanley lo probó durante el verano de 2015, sin anestesia. En un diario que mantiene para hacer seguimiento de los resultados, comparó la sensación con una tortura. "¡Zas! Para nada es aceptable. Hay que mejorar ese protocolo", apuntó. 

Esta vez, Hanley había optado por tomar seis miligramos del tranquilizante Xanax y un anestésico local a los muslos. Se ve al médico colocando una plantilla de plexiglas construida por Hanley sobre el muslo del biólogo. El médico se inclina con una jeringuilla hipodérmica para inyectar la pegajosa solución de plásmidos de GHRH en el lugar designado. También emplea la plantilla para guiar los dos electrodos, unas rígidas y puntiagudas agujas del tamaño de las horquillas de un tenedor, e introducirlos en la carne de su muslo. Los electrodos, uno positivo y el otro negativo, crean un circuito, algo parecido al arranque de un coche con pinzas.

En el vídeo, el muslo de Hanley se sacude ante la corriente, sus células se abren momentáneamente y los anillos de ADN se cuelan dentro. "Ha ido mejor que la última vez", se le escucha decir.

Los resultados

Tres semanas después de recibir el tratamiento en junio, el diario de Hanley indica que voló hasta Boston (EEUU). La mañana del 28 de junio, había llegado al laboratorio de Church en la Universidad de Harvard, donde pasó dos semanas trabajando en una mesa desocupada. El genetista, que recibe millones de euros en subvenciones de los NIH, tiene un gran programa que prueba 45 intervenciones distintas de terapias génicas en ratones para comprobar cuál alargará más su vida, o incluso revertirá más el envejecimiento.

Church cree que la terapia génica está "infravalorada" como forma de dominar la vejez y confía en un escenario no muy lejano en el que " todos se someterán a terapias génicas", no para curar la hemofilia, la anemia falciforme o alguna otra enfermedad rara, sino para revertir los efectos del envejecimiento.

Eso hace que Hanley sea una persona que al laboratorio le interesa, es una especie de visitante del futuro próximo. Dhadwar afirma: "Creemos que es muy interesante escuchar a la gente que se está automedicando con terapias génicas. Es tan fácil adquirir estos materiales; sólo hay que dar un pasito y decir: 'Voy a empezar a tratarme a mí mismo". 

Dhadwar me contó que el laboratorio había recibido muestras de sangre tanto de Hanley como de Parrish, y estaba analizándolas para determinar si los genes nuevos estaban activos en sus cuerpos. En el caso de Hanley los niveles de GHRH parecían elevados, lo que sugiere que el tratamiento sí había tenido un efecto, aunque advirtió que sus resultados no son definitivos.

Con terapeutas génicas " indie" entrando y saliendo de su laboratorio en Harvard, le pregunté a Church si estaba convirtiéndose en un santuario para gente que ignora las convenciones médicas. El científico contestó: "Desde luego, no animamos a la gente a hacer esto; de hecho, les animamos a que no lo hagan". Pero no ve por qué debería renunciar a la oportunidad de ofrecer conocimientos científicos o ayuda, y asevera: "No lo veo tanto como ofrecer refugio como ofrecer críticas".

Invicto

En muchas conversaciones y correos electrónicos con Hanley, me solía preguntar a mí mismo cuál sería su principal motivación e incluso si él mismo lo sabrá. ¿Consiste en "desarrollar productos que encantarán a la gente", como me dijo, como si fuera el Steve Jobs de los plásmidos?  Cuando describí el experimento a Greely, el experto en ética legal, dijo que le recordaba al empalagoso poema del siglo XIX Invictus de William Ernest Henley. Ese que acaba: "Soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma".

Tal vez aplicarse a sí mismo la terapia génica fuera la forma que Hanley encontró de tomar el control de su negocio, su salud y su identidad. Alterar su propio ADN altera su propia identidad, literalmente. También le permitió jugar en un gran charco científico junto a gente que hace "ciencia de verdad", como los investigadores del laboratorio de Church. Hanley señala: "Para participar en ese juego, necesitas estar enchufado al dinero de los NIH o Google. Pero  alguien como yo... yo busco cosas que están demostradas y de las que estoy convencido, y entonces, ¿cómo lo implemento?".

¿Qué será lo siguiente? La FDA podría involucrarse e intervenir con cartas de advertencia, visitas de campo o una auditoria de su junta de revisión. El cirujano plástico, cuyo nombre Hanley no quiso divulgar, podría enfrentarse a preguntas de la junta médica del estado de California. Las empresas que proporcionan plásmidos podrían empezar a prestar más atención a quién encarga ADN y lo que pretende hacer con él. O tal vez las autoridades simplemente harán oídos sordos porque Hanley experimentó consigo mismo.

Hanley espera atraer la atención de inversores. Tal vez alguien financiará un estudio más grande, o tal vez haya algún rico interesado en pagar por recibir el tratamiento.

Hanley está orgulloso de lo que ha hecho. Ha creado una empresa, creado patentes, hecho contactos nuevos, identificado una terapia génica que tiene beneficios plausibles para la gente, pensado detalladamente en los riesgos y se ha ofrecido como un voluntario pionero. Adminsitrarse una terapia génica a uno mismo, conlcuye Hanley, "centra la mente, de verdad que sí".

Artículo original de:

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