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Este fotógrafo hizo más de 400 fotos de una pedida de mano... a la pareja equivocada

Al menos, la historia tiene un final feliz

Imaginemos al fotógrafo Jacob Peters como un fotógrafo de los de antes. Un tipo con actitud aventurera, vestido de color caqui o marrón, cargado con una mochila en la que guarda su cámara con sus múltiples focos y accesorios. Esa mochila pesa, pesa mucho, alrededor de unos 13 kilos, no importa. Él está entusiasmado porque se ha levantado a las 2.30 am para empezar una caminata que le llevará a Whitakers, un punto concreto y muy especial de un bosque de Arkansas (Estados Unidos).

Ese es el punto de encuentro, el lugar establecido, ahí donde el fotógrafo se reunirá con su cliente: ese hombre que le va a pedir matrimonio a su novia y que quiere que quede un bonito recuerdo de eso. El fotógrafo elegido es, claro, nuestro Jacob Peters.

Después de una hora y media de excursión, Jacob llega al lugar del encuentro incluso antes de la hora prevista, esto es, alrededor de las 6 am. ¿Quién pide matrimonio a alguien a las 6 de la mañana? Eso es otro tema.

Sigamos. Porque las cosas se tuercen. Jacob espera, espera un rato, espera otro rato más, sigue esperando. Pero nadie aparece. Todo su dispositivo está listo para tirar las fotos, pero por ahí no hay rastro de ninguna pareja con pintas de casarse. En realidad, no hay ni rastro de nadie.

Después de un rato esperando y de asegurarse de estar en el lugar adecuado, aparece una pareja. Son un hombre y una mujer. "Son las 6:17", debe pensar el intrépido Jacob. " A ver, es un poco tarde, pero igual se han liado", presupone. Tienen que ser ellos, porque no hay nadie más.

La pareja, de repente, empieza a hacer una serie de movimientos que no dejan lugar a dudas: el hombre se agacha, saca un anillo, ella llora y lo abraza. Esto es una pedida de mano en toda regla. Ahí está. "¡Ahí los tienes, Jacob!", resuena una vocecilla en su cabeza. Les saca unas buenas fotos y Jacob confía en que su cliente quedará contensísimo. La verdad es que le han quedado bastante bien: ha capturado la esencia del bosque e incluso, debe ir pensando por el camino, retocará alguna para que les quede un recuerdo en blanco y negro. Siempre es más romántico.

La satisfacción de Jacob por “trabajo bien hecho” se desvanece cuando llega a casa. El cliente le dice que se asegure de haber disparado las fotos correctas, porque no le suena haber visto a nadie merodeando por la zona. Imaginamos que Jacob decide enseñar las fotos al hombre e imaginamos que ahí el hombre entra en un conflicto serio. Ese no soy yo. Esa no es mi prometida. ¿Será así como nos ven desde fuera? Menudo pánico. No, no, nada de eso. No son ellos. Un verdadera lástima para Jacob Peters.

El frustrado fotógrafo decide, entonces, intentar solucionar el pequeño marrón buscando a la pareja que ha fotografiado. Así, al menos, el madrugón, la caminata y las más de 450 fotos que disparado habrán valido la pena. A ver si, con suerte, esas fotos sirven para decorar la casa de algún par de recién casados.

Por supuesto, después de casi 1000 comparticiones en Facebook, los encuentra. Internet es una cosa preciosa. Internet solo sirve para esto. ¡La pareja que nunca pidió unas fotos, por fin, tiene sus fotos!

La otra tendrá que repetir la operación.

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