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Orgullosos de no dejar propina

Cuando las propinas pagan el sueldo de los camareros con abuso de poder y acoso, hay que eliminarlas radicalmente

“Siempre dejo una propina del 20% en los restaurantes. Muchos amigos de la universidad servían mesas, no ganaban mucho dinero y no siempre los trataban con respeto. Cuando sabía que no podía permitirme el lujo de pagar un 20% de propina, entonces eso significaba que no podía comer fuera”. Así empieza su columna de opinión Nishant Bhajaria titulada “¿Es hora de poner punto y final a la propina en los restaurantes?”.

Si vives en España o en la mayoría de países latinos (Colombia sería una de las excepciones), este debate te puede sonar un poco marciano, pero en países como en EE.UU. el sueldo del camarero depende exclusivamente de las propinas de los clientes hasta que no se demuestre lo contrario. Y lo contrario ha empezado a suceder.

Danny Meyer, uno de los restauradores con mayor éxito en Nueva York, hizo saltar la liebre cuando decidió prohibir las propinas a cambio de subir el precio de los platos. Era la única manera de cubrir gastos ampliando la cobertura de sus trabajadores. Fue una decisión polémica, pero con el tiempo se ha demostrado que ha funcionado sin bajar el número de comensales en sus locales.

Danny Meyer decidió prohibir las propinas en sus restaurantes a cambio de subir el precio de los platos.

Sin embargo, lo que parecía el inicio de una pequeña revolución para eliminar las propinas ha terminado convirtiéndose en la triste excepción que confirma la regla. Hoy, en EE UU, si no dejas el 20% al pagar la cuenta, el camarero te va a perseguir por la calle hasta que le des una explicación razonable por tu insolencia. Es un debate con aristas y demasiados agentes implicados. En definitiva, hay mucho en juego: salud, trabajo y economía. Todos quieren ganar y nadie quiere perder nada si el gran cambio se materializa.

Afortunadamente, cada vez son más las voces que critican la propina "paga nóminas". Cada cliente deja la propina en función de varios criterios. Por ejemplo, la calidad de los alimentos, la velocidad con la que se cocinan, la presentación, el servicio, pero también varios otros factores sobre los que el camarero no tiene ningún control.

Las camareras con los pechos más grandes, complexión pequeña y el pelo rubio tienden a lograr propinas más altas que otras camareras.

Y es en este último punto donde se crea un evidente desequilibrio de poder. Dado que el consumidor sabe que va a pagar el servicio extra en lugar del servicio en sí, se abre la veda para posibles situaciones incómodas de abuso y acoso. Y hay buenos ejemplos de ello: según el director del Food Labor Research Center de la Universidad de California en Berkeley, el 7% de las mujeres estadounidenses trabajan en restaurantes, pero el 30% de las quejas de acoso sexual de mujeres proceden de la industria de restaurantes. Una cifra sensiblemente mayor que en otras profesiones. Si a esto le sumas que las camareras con los pechos más grandes, complexión pequeña y el pelo rubio tienden a lograr propinas más altas que otras camareras, según el estudio del profesor Michael Lynn, la situación pasa a ser deprimente.

Las cosas son así: pagar la propina implica una situación de superioridad mal entendida por parte de demasiados comensales y hay que acabar definitivamente con esto. Cuando visitamos al médico o al abogado, consumimos sus servicios sin tener una idea clara de su coste real. Entonces, ¿por qué los camareros merecen un trato distinto que los deja en constante inferioridad ante sus clientes? Todos tenemos suficientemente aguantando a un jefe. Imagina un jefe nuevo cada 45 minutos...

Pagar la propina implica una situación de superioridad mal entendida por parte de demasiados comensales.

Las principales críticas para eliminar las propinas de los restaurantes de EE.UU. van dirigidas a tres flancos:

1) implica subir el precio de los platos

2) los camareros perderán dinero

3) el servicio sufrirá más al final de la jornada laboral

Sumando los 3 puntos a los lomos de cada uno de nosotros, ¿ss la única manera para lograr que el oficio de camarero sea igual que cualquier otro? Pues que así sea. "Hagamos el oficio de camarero grande de nuevo" que diría aquel.

Por cierto, si el camarero cobra su sueldo digno del restaurador y aún así estás tan feliz con el servicio que quieres dejar propina, adelante. Es un win win en toda regla.

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